
Salvando el mundo
Para quien no estuvo enterado, el miércoles pasado se transmitió por el canal 2 de México un capítulo de esa hermosa serie para intelectuales de izquierda llamada “La Rosa de Guadalupe”, donde trataban el asunto del colectivo otaku de una forma un tanto rara.
Sinceramente, desde el lunes había visto (en Internet) los avances de lo que iba a ser ese capítulo. En ese momento la rabia en las redes sociales como Facebook o Twitter se desató. Igualmente por solidaridad no iba a ver el programa, pero el morbo me ganó más, y debo decir que tomé la decisión acertada.
Felicidades a Televisa, y no es broma. Personalmente me esperaba que en “La Rosa de Guadalupe” se satanizara al anime/manga como en décadas pasadas. ¿O nadie recuerda cuando decían que Pokemon era producto del diablo y que los curas católicos incitaban a los padres de familia a que sus hijos no vieran esos productos de Satanás? Y es que era de esperarse, la mayor parte de los anunciantes de Televisa forman parte de A favor de lo mejor A. C., donde pueden soportar escenas de sexo con sábanas en television nacional, pero se persignan al ver anime en canales de pago como Unicable a las 4 AM.
Yo personalmente me esperaba que la Virgen de Guadalupe se le apareciera a Namiko-Moon (no recuerdo el nombre “real” del personaje) y en vez de ser una otaku, terminara siendo una reguetonera, una “timbirruca” (como su mamá), o una Belieber, como las masas de mamás quisieran que sus hijas fueran.
Al contrario, vi una joven frágil que se refugiaba en el cosplay y en la fantasía para afrontar el abandono de su padre, y una madre que en un principio no comprendía la actitud de su hija, y que por insistencia de la abuela recuerda que ella también fue una otaku, donde al final las dos comparten su afición. Y no solo eso, sino el rechazo que sufre el colectivo otaku por no ser un Belieber, un Little Monster (fan de Lady Gaga) o un descerebrado por ser fan de Ninel Conde, Paulina Rubio o Lucero.
Sinceramente me quedo con la enseñanza que dejaron al final del capítulo, fue un mensaje de aceptación y de tolerancia. Pero a la vez fue un mensaje de no refugiarse por siempre en la fantasía. Sí, se vale soñar, pero no se puede dar el lujo de trasladar ese mundo de fantasía a la realidad todo el tiempo, porque se pierde la esencia de la persona y termina haciéndose una caricatura de ella misma.
Vale, que los escritores no son lo que un documental de la BBC esperaría (las poses y rituales de Namiko Moon eran exageradísimas), y que el programa no tenía datos verdaderamente correctos (como tratar al anime y al manga como diferentes “tribus urbanas”). Pero al final la enseñanza del capítulo fue buena. El fin era que los padres de familia se acerquen a sus hijos para dialogar sobre sus gustos, y que no sean vistos como satánicos como en años pasados se hacía solo por no seguir a la banda de pop de moda.
Y como dije antes, felicidades Televisa, y no es broma. Quisiera que esto fuera un parteaguas del asunto y Televisa comenzara a reflexionar sobre el público que han perdido poniendo su barra de anime en horarios que ni un vampiro vería la televisión.