The Digital World Chronicles – Capítulo 30: Daisuke destapa sus intenciones
may 2Este es el primero de tres capítulos que había prometido para el primer aniversario, sólo que no los colgué por aquí xDDDD.
Un día como hoy, pero del 2009, inicié este proyecto. La verdad, a pesar de que siempre he mencionado que este fanfic comenzó como un “remake” de otro que tenía en mente hace seis años, debo mencionar que en parte es cierto y en parte no. Hacía un año que tuve una enorme decepción con personas a las cuales les di mi entera confianza, pagándome de la peor forma posible, tratándome como si basura fuera…
A veces duele tener esa clase de gente a tu lado, pero es mejor darse cuenta que seguir creyendo idealizadas a unas personas. Desde entonces me dije a mí mismo que iba a empezar un proyecto en solitario, en el cual nadie más que yo fuera a participar, en donde nadie me pidiera de su ayuda y donde a quien le importara lo leyera y a quien no, que se fuera. El primer texto antes del título del capítulo 7 iba dedicado a ellos, a aquellos que creen que por tener a alguien influyente a su lado se sienten los dioses del mundo y que pueden pisotear a quien sea.
Este fanfic también ha tenido sus momentos amargos por parte del autor, pero que a la vez me dan más ideas para poder escribir, plasmar mis experiencias en texto y casi disfrazarlas de la realidad. Podría decir que escribir me ayuda a decir todo lo que no le puedo decir a alguien, ya sea por temor, por coraje o por respeto, y sobre todo porque sé que esas personas de las que hablo jamás leerían algo con esta temática.
Hace unos meses ambas personas nos dijimos lo que pensábamos de lo que pasaba, y le hice notar que yo no era el único que estaba equivocado. Sin embargo, he comenzado este fanfic, y mientras no logré terminarlo, esas heridas no sanarán jamás, así que seguiré escribiendo este fanfic de Digimon hasta finalizarlo. Tal vez en ese instante logre perdonar a esas personas por completo…
A finales de noviembre pasado, un grupo de personas intentó ensuciar mi fanfic colocando imágenes xenofóbicas y yaoi de Digimon en uno de tantos foros donde lo publicaba. No era tanto el contenido de las imágenes en sí, más bien era la intención de sus mensajes la que me llevó a reportarlos a todos. Apenas faltaban dos semanas para mi cumpleaños, y en esa clase de foros, creen que la temática de mi escrito es demasiado infantil (cómo se nota que no lo han leído).
Cuando uno se esmera haciendo algo que le gusta, lo menos que puedes hacer es ir y arruinarlo por completo. Cómo se nota que esa clase de personas nunca ha hecho algo que les haya costado esfuerzo mantener y sacar adelante, que no respetan los trabajos de los demás y que creen que con una simple excusa de que todo era parte de una broma se solucionaría todo.
No sé si decir “afortunadamente” o “desafortunadamente”, pero el caso es que esas personas fueron expulsadas de dicho foro, a pesar de que algunas se reintegraron una semana después. Ellos todavía siguen guardándome rencor, pero lo único que puedo decir es que yo no fui el responsable de dichas expulsiones, sino que ellos mismos se la ganaron. Todavía recuerdo cuando les pedí que dejaran las cosas en paz y se pasaron mis palabras por lo más oscuro de su cuerpo. Y como dicen en mi país, “sobre aviso no hay engaño”, les avisé que dejaran su chistecito, pero no quisieron y obtuvieron su merecido.
A ellos también les puedo decir que seguiré escribiendo, que esas intenciones de sabotear mi tema sólo me dan más ganas de sacar adelante mi relato. Bien dicen que si tienes éxito, siempre habrá alguien que intentará sabotearte, y eso creo que es lo que está pasando. Me da igual si recibo críticas o no, pero dejen mi relato en paz, que tienen mejores lugares donde hacerse pendejos.
Y bien, partiendo de ese punto, dejaré a continuación una especie de “¿Y si?”. En realidad se trata de un relato alterno a la historia que he publicado hace tiempo. Este capítulo, es más recomendable que lo lean después de haber terminado el capítulo 23, pues contiene algunos elementos que para los que todavía van atrasados podría revelarles ciertos aspectos que podrían terminar decepcionados. Este capítulo es una variación del capítulo 6, con un Daisuke un poco más frío, seguro de lo que hace y sin titubear, provocando resultados más desastrosos de los que había planteado en el relato original. Espero lo disfruten.
30. Universo Alterno – Daisuke destapa sus intenciones
-¿A dónde vas, Gotsumon? –preguntó Piyomon.
-Quédense donde están. –dijo Gotsumon sin voltear hacia Piyomon. –En un instante regreso.
Había caminado algunos 200 metros desde donde estaban los demás, cuando vio a alguien reposando malherido sobre una roca. Vio que era yo el que estaba ahí tendido.
-¡Daisuke! –gritó al verme. -¿Eres tú?
-¡Aléjate, Gotsumon! –grité apretando los dientes entre mis sollozos de arrepentimiento y dolor y me agarraba el brazo herido con fuerza.
-Pero… Daisuke… -dijo Gotsumon.
-¡Vete de aquí! –grité de nuevo para que no me viera herido.
Gotsumon no hizo caso a mis gritos, y se acercó hacia mí. Me miró y se alarmó al verme malherido.
-¡Daisuke! –gritó Gotsumon. -¿Quién te hizo…?
De un instante a otro, se quedó sorprendido a tal grado que no pudo ni terminar su frase. Quizás porque notó que me encontraba malherido en la misma zona del cuerpo en donde Rakugamon había sido atacado hacía unos minutos… Gotsumon intentó reparar en ese detalle más adelante, antes tomó unas hierbas de la zona y varias hojas y con ellas envolvió mi herida.
-¿Por qué lo haces, Gotsumon? –pregunté todavía llorando.
-Porque eres mi amigo, ¿o no? –dijo Gotsumon sin haber entendido lo que intentaba decirle.
Al escuchar eso, no pude contenerme y le di un fuerte puñetazo en la cara. Seguramente me dolió más a mí que a él por ser de roca.
-No lo entiendes, ¿verdad? –le dije entre lágrimas. -¿Aún no lo captas?
-Estaba siguiendo a Rakugamon y… -Gotsumon dejó de hablar al por fin haber captado lo que le quería decir entre líneas. –Un momento… tú… no puede ser… tú… Rakugamon…
-Así es Gotsumon, así es… -grité llorando y dándome la vuelta para no ver la reacción de Gotsumon. –Yo… ¡Yo soy Rakugamon!
-¿Por qué? ¿Por qué lo haces? –preguntó Gotsumon cuestionando lo que había escuchado.
-Mi madre… Torkaimon la tiene secuestrada… -dije a cada instante.
-¿Desde cuándo…? –siguió preguntando Gotsumon.
-Hace seis meses… -le dije… -Debo obedecer sus órdenes, o si no… o si no…
Me aparté como pude del lugar, intenté huir y alejarme de Gotsumon, pero éste me tomó de las ropas y no dejó que me fuera.
-¡Déjame en paz! –le grité. -¡Ya descubriste quién es el traidor! ¡Vamos! ¿No dijiste que te encargarías de mí?
-No lo haré. –dijo Gotsumon. –Tú eres mi amigo y no…
-¿Puedes dejar de decir estupideces de “amistad” y esas cosas? –grité. -¡Está claro que esas babosadas no existen en este mundo! ¡El mundo está lleno de fuertes y débiles! ¡Torkaimon es fuerte y yo soy débil…!
No pude terminar de hablar, un fuerte golpe de roca de parte de Gotsumon me interrumpió.
-Tú no eres débil. –me dijo Gotsumon. –Eres fuerte, quisiste salvarnos a todos, te has plantado de cara a Onagimon…
-¡Sólo fingía para no levantar sospechas! –le dije para intentar hacerme el duro, pero no pude contener mi rabia. – Yo… yo… ¡odio a Torkaimon!
-¿Y por qué no lo vences? –preguntó de nuevo Gotsumon intentando acercarse a mí.
-¿Qué crees que es lo que quiero? –le dije. -¿Por qué crees que quiero que vayamos a ese castillo? Si pudiera hacerlo por mi propia cuenta, ya lo habría hecho… Gotsumon… ya no quiero ser esclavo de Torkaimon… dime qué puedo hacer… Quiero salvar a mi madre… pero no quiero seguir siendo el malo…
Gotsumon me abrazó con delicadeza debido a las heridas que tenía, y me dijo:
-No te preocupes, sé que no eres malo después de todo. Vayamos a vencer a Torkaimon.
-Pero… ¿y mi mamá? –pregunté. -¿Y los otros niños? No puedo decirles que soy el enemigo en persona…
-No le pasará nada, te lo prometo. –me dijo. –Y de lo demás, tampoco pienses en ello. No le diré a nadie de tu otra identidad.
No pude contener las lágrimas, y a punto de desmoronarme, le dije:
-Gracias, Gotsumon… Yo… nunca había tenido a alguien que se preocupara por mí… Ta lo agradezco, Si… quiero decir, Gotsumon…
Quise abrazar a Gotsumon, pero los gritos del resto de mis acompañantes nos alarmaron a ambos. Corrí todo lo que pude para llegar hacia el lugar, pero estaba algo cansado como para correr con todas mis fuerzas, así que nos tardamos bastante en llegar hacia ellos. Lo que vi me dejó boquiabierto. Los niños y los Digimon en una enorme celda de fuego, y allí, frente a ellos…
-¡To…Torkaimon! –dije al verlo allí.
No pude prestar atención a los gritos de “Huye Daisuke” o “Ve a buscar ayuda”, mis piernas no se movían. Quizás porque después de la confesión que le hice a Gotsumon, tenía más miedo que antes.
-Qué bueno que te veo. –me dijo mi “jefe”. –Es hora de llevar a estos niños a mi castillo.
-Por supuesto, Torkaimon-sama. -dije tratando de mantenerme frío ante los demás. -En esa prisión está mi parte del trato.
-¿Tra… trato? -gritó Rina sorprendida.
-¿Qué clase de trato, Daisuke? -preguntó Hiroshi.
-Tengo mis propios intereses. –contesté sin sentir remordimiento. –Sólo sirvo a Torkaimon-sama, y su plan de devolverle su reino del Digital World.
-¿Qué estás haciendo, Daisuke? –preguntó Gotsumon muy aterrado.
-¿Creías que iba a hacer todo un teatro de mi vida? –le pregunté. –Por supuesto que no, veo que los Niños Elegidos no son tan fuertes como lo indicaban las profecías.
-¡Esto no fue lo que me dijiste, Daisuke! –gritó Gotsumon muy molesto.
-No soy tan ingenuo como todos ustedes. –comenté saboreando la victoria de mi jefe. –Veo que por ese motivo pude hacerles creer que estaba de su lado.
-¡No voy a soportar esto! –gritó Gotsumon, a punto de atacarme.
-¿Qué vas a hacer? –pregunté desafiándole. -¿Vas a atacarme? ¿Se te olvidó que eras mi amigo?
-¡No puedo ser amigo de un ser tan despreciable como tú! –gritó Gotsumon conteniendo su rabia. -¡Angry…!
Pero mi jefe fue más ágil que Gotsumon, y lo lanzó de un golpe muy cerca de la prisión que contenía al resto de los niños.
-Muchas gracias, Torkaimon-sama. -dije al ver su gran fuerza en acción. –Ese montón de rocas lo único que hacía era interferir en mis planes.
-¡Gotsumon-san! –gritó Gaomon.
-¡Eres un maldito! –gritó Akio. -¿Cómo puedes hacernos esto?
-¡Daisuke! –gritó Hiroshi. -¿¡De verdad puedes ser tan frío como para entregarnos a tu jefe!?
-¡Es hora de irnos, Rakugamon! –gritó mi jefe.
-¿Dónde está Rakugamon? –preguntó Rina.
-¿Quieren saber dónde está Rakugamon? é. -¿Acaso no se han dado cuenta cómo es que Rakugamon y Onagimon han seguido sus pasos hasta ahora? ¡Así es! ¡Yo soy Rakugamon!
Los niños y sus Digimon pusieron un gesto de total asombro y preocupación al escuchar mis palabras.
-Eres un… -dijo Gotsumon confundido del golpe recibido.
-¿Me retas, Gotsumon? –pregunté.
Tomé mi Digivice, y así, me convertí en el ser del que tanto hablaban. En ese sujeto Digimon que los estaba siguiendo desde un principio.
-Vamos a ver si me retas de esta manera, costal de rocas. –dije burlándome de la situación de nuestras presas.
-¡Angry Rock! –volvió a atacar Gotsumon con las pocas fuerzas que le quedaban, sin embargo, para mi enorme espada, no fue nada difícil apartar sus rocas de mi camino.
-Te dije que no podrías… -hablé de nuevo entrecruzando mis brazos.
-Daisuke… -dijo Gotsumon a punto de desfallecer. –No dejes… que te manipulen… Debe haber alguna manera… de cumplir lo que deseas… y no así… Reacciona… Daisuke…
Gotsumon desfalleció, cayendo inconsciente al suelo. Me dejaba intrigado la manera en que habló antes de desmayarse. ¿Podía ser… que a pesar de lo mal que me portaba con los Niños, pensara en que podría ayudarme? Era imposible… Si todos esos niños habían sido vencidos por mi jefe tan pronto, entonces eso significaba que por más “niños elegidos” que fueran, no podrían restablecer la paz y restaurar el equilibrio natural entre el mundo real y el Digital World.
-Es hora de irnos, Torkaimon-sama. –contesté como punto final, recogiendo a los niños aun encerrados en su prisión, a Gotsumon, y transportándonos inmediatamente a la morada de mi jefe.
Ese lugar era de lo más aterrador. En ese lugar, a pesar de estar cerca de una zona con vegetación, parecía que a los pocos kilómetros antes de llegar, todo estuviera despoblado. Es decir, no había ni vegetación ni presencia de Digimon en la zona, como si solamente la mención del gran morador de la zona infundiera temor a todo el lugar.
Regresé a mi forma humana, y mirando a mis alrededores, dije:
-Torkaimon-sama. Déjeme ir a los calabozos de la zona sur. Debo ir a visitar a alguien.
-Está bien. –dijo mi jefe. –Onagimon se encargará de llevar a estos bribones a las mazmorras.
-Vaya, vaya. –dijo Onagimon llegando de repente. –Veo que el humano conocido como Rakugamon ha cumplido su palabra a final de cuentas.
-No sé a qué humanos habrás conocido. –dije. –Pero al menos de mi parte estarás seguro que cumplo mi parte del trato.
-¡Ven aquí, maldito desgraciado! –gritó Hiroshi. -¿Nos encierras y ahora pretendes huir? ¿Pero qué es esto?
-Esto… -dije volteando hacia Hiroshi. –Esto es la prueba de que esos “niños elegidos” de los que tanto hablaba la estúpida bola rosada de Piccolomon son sólo más que inventos y cuentos.
Me retiré dándoles la espalda, tanto corporalmente como simbólicamente a los que supuestamente eran mis amigos. Sin embargo, me detuve frente a Gotsumon, quien, aún dormido, se encontraba frente a mí.
“No dejes… que te manipulen…”
No entendía esas palabras. ¿Qué más podría pasar? Es decir, había cumplido mi parte del trato, había capturado a los Niños Elegidos… Todo debería ir bien… O al menos eso creí por mucho tiempo. Me dirigí a la zona de los calabozos. La zona sur sólo estaba llena de los niños que Torkaimon-sama elegía para llevar a cabo sus planes, pero encontrándome a mí, los liberó a todos. La única persona que habitaba esa zona, a pesar de estar inconsciente todo el tiempo, era…
-Mamá… -dije al entrar a su celda y verla allí, inmóvil.
Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, escurriéndose hasta caer en el suelo.
-¡No importa lo que he hecho! –grité. -¡Sé que lo que hice estuvo mal…! ¡Pero… pero…! ¡Papá! ¡Ayano-chan! ¡Todos esperamos verte de vuelta en casa! ¿¡Acaso está mal defender a las personas a las que quiero!?
No recibí contestación, no esperaba tenerla. Me sentía solo en ese mundo, tratando de juntarme con la peor calaña de la zona, tan sólo para evitar un desastre mayor. Y mi madre, en esa prisión parecía un ser inanimado. Pude recordar lo que le decía a Ayano-chan cada vez que la veía llorar…
-¿Por qué lloras, Ayano-chan? -pregunté al verla llorar en su habitación, acostada en la cama.
-¿Cuándo…? -gritaba mi hermana con la cara mojada de lágrimas. -¿Cuándo volverá mamá…? Papá dice que pronto… ¡pero aún no llega…!
Me senté en su cama, y tomándola de la mano, le dije:
-Estoy seguro que pronto vendrá.
-Lo mismo dice papá… -dijo tratando de serenarse.
-Eso lo sé. -contesté. -Pero… sé que alguien está tratando de buscarla, de dejarla libre de donde la tengan, y de que pueda volver a casa sana y salva.
-¿Cómo lo sabes? -preguntó.
-Sólo es un presentimiento. -dije mirando hacia el techo. -Pero te aseguro, que más pronto de lo que te imaginas, mamá volverá con nosotros.
Quería decirle a mi hermana: “Yo estoy haciendo todo lo posible para salvarla”. “Sé dónde está, en cualquier instante me la entregarán y podremos ser felices”. Cuántas ganas tenía de gritar y confesarle quién era en realidad… Pero sabía que nadie iba a creerme… Mi jefe sabía bien que nadie me creería que mamá estaba en un mundo creado por las redes de computadoras… nadie… Sí, estaba solo… Y los llamados “niños elegidos”… siendo vencidos tan fácilmente… Sabía que eso solo eran leyendas que no tenían nada de verdad… Pero solo los ingenuos creen en esas mentiras.
Me sequé las lágrimas y salí de la habitación, para intentar dialogar con mis subordinados. Al fin y al cabo, era comandante.
-¿Cómo ha estado la prisionera, Bakemon?
-Bieeen… -dijo el Bakemon arrastrando su voz, a la vez que flotando frente a mí.
-Espero que sea así. –contesté. –Ella es la única prisionera a la que se le pueden dar todos los privilegios.
Así, salí de los calabozos, y me dirigí a la zona norte. Quizás allí estarían “no-esperándome” mis viejos “amigos”. Y al entrar, pudieron notar que era yo. Los niños y sus Digimon, todos esposados para evitar que escaparan.
-¿Cuándo nos traerán comida? –preguntó Akio.
-En cualquier instante un Bakemon los alimentará. –dije. –Pero si yo fuera ustedes, no me preocuparía por comer a estas alturas del juego.
-¿No piensas liberarnos? –preguntó Rina.
-¡Claro que no! –dije. -¡Me ha costado mucho trabajo tratar de debilitarlos! ¿¡Y creen que voy a dejar libres a mis enemigos!? ¡Claro que no!
-No puedo creer que todavía hables así, Daisuke. –dijo Hiroshi a punto de llorar. -¿No piensas en tu familia? ¿Qué pensarían ellos de ti?
Miré fijamente a Hiroshi después de esa excusa, e inmediatamente le di la espalda.
-Lo estoy haciendo por ellos… -murmuré saliendo de los calabozos.
-¿Qué dijiste? –preguntó Mizuki.
-Que un Bakemon vendrá a traerles comida. –contesté creyendo que no habían escuchado lo que dije. –No intenten escapar o podría irles peor.
-¿Y qué cosa peor podría pasar? –preguntó Piyomon.
-No saben lo poderoso que puede ser mi jefe. –contesté sin mirarles.
Al salir de los calabozos para ir a la morada de mi jefe, la duda comenzó a carcomer mis sentimientos. Me estaba portando tan indiferente con aquellos que depositaron su confianza en mí. Pero… Gotsumon estaba con ellos, había escuchado mi confesión, él era el único que me comprendía, a pesar de las circunstancias. ¿Podría darle la espalda después de que intentó darme la mano? Sin embargo, ya le había dado la espalda. Me había burlado de él, de su situación, de haber perdido una batalla contra mi jefe… Seguramente jamás me perdonaría por mis actos… ¿Pero qué podía hacer…? La vida de mi familia dependía de mi “eterna lealtad” a cierto Digimon.
-¿Podría liberarlos? –me dije a mí mismo.
¿Pero qué rayos estaba diciendo? ¿Cómo que “los liberaría”? Se supone que era el botín que debía entregarle a Torkaimon-sama, no podía sacarlos como si nada… La vida de mi madre estaba en juego, y lo que menos debía hacer era hacer enojar a tan semejante Digimon.
-Podría liberarlos después de que mi madre regrese al mundo real…
Sí, eso iba a hacer… Aunque tuviera que enfrentar la última de las consecuencias… Debía ser rápido y actuar inmediatamente, en cuanto mi jefe liberara a mi madre… Ya era hora de que lo hiciera, había luchado hasta el cansancio para que este momento llegara, y ya era hora de que cumpliera con su parte del trato, pero… antes de cruzar la puerta que daba a su recinto, no pude creer lo que comencé a escuchar. Torkaimon y mi subordinado Onagimon, hablando en esa habitación, de algo que me dejó desconcertado.
-Esto me está preocupando, Torkaimon-sama. –escuché hablar así a Onagimon. –Le está dando a ese niño humano muchas facilidades… Se saldrá de control si no mantiene a raya a ese niño…
-¿De qué hablas, Onagimon? –preguntó mi jefe.
-¡Hablo del trato que hizo con ese niño Yanami! –contestó el Digimon del martillo. -¿Piensa cumplir con su promesa de liberar a la prisionera?
-¿Hablas de Misuzu? –preguntó mi jefe. -¡Por supuesto que no! ¡Ese niño será muy hijo de Kaito, pero de inteligencia no tiene absolutamente nada! ¡Es más, en cuanto llegue, deberías ir a encerrarlo con los demás niños elegidos! ¡Ese niño es un elegido al igual que los demás! ¡Tan sólo debes aparentar que es tu jefe! ¡En cuanto lo tengas frente, tan sólo hazle ver que su lugar en este castillo no es más que una simple basura!
Quedé helado al escuchar esas palabras… Era imposible… ¿tan sólo era una trampa? ¿Yo? ¿Un niño elegido? ¿Cómo era posible? Hablaba con el nombre de mis padres como si los conociera de hace mucho… Esto no estaba pintando para nada bien.
Salí corriendo hacia los calabozos, justo en la zona donde estaban el resto de los niños. Desesperadamente tomé las llaves y, probando una por una, traté de abrir la celda que los mantenía presos.
-¡Rápido! –grité asustado. -¡Pónganse de pie!
-¿¡Qué es lo que quieres hacer, Daisuke!? –gritó furiosa Rina.
-¡Sacarlos de aquí! –dije. -¡Este lugar es peligroso!
-¿Y crees que vamos a caer en tus palabras? –preguntó Hiroshi.
-¡No pienso discutir nada ahora mismo! –grité. -¡Sólo sé que debo sacarlos de aquí ahora! ¡Torkaimon no puede seguir así!
-¿Cómo que “así”? -preguntó Akio.
-¡Ese maldito me engañó! -grité desesperado tratando de buscar la llave que abría la celda.
-¿Qué estás haciendo, niño Yanami? –logré escuchar una voz.
-Pienso sacar a los niños elegidos de esta prisión, maldito Onagimon. –grité.
-¿Piensas desobedecer a Torkaimon-sama? –preguntó con una total inocencia fingida. –Recuerda que él va a liberar a esa persona tan importante para ti en cualquier instante.
-¡Deja de fingir, maldito Onagimon! –volteé y comencé a gritar. -¡Los acabo de escuchar! ¡Él no piensa cumplir su promesa! ¡Dime la verdad! ¿Conoces a mis padres? ¿Qué te han hecho?
-Ser los más grandes mentirosos de todo el Digital World… -contestó Onagimon. –Tu padre encerró a Rakugamon en esa prisión, y venció a nuestro jefe. No podemos dejar que el hijo de Kaito sea quien vuelva a vencernos.
Inmediatamente, éste me tomó del cuello y me pegó contra la pared.
-Y ya que descubriste la verdad… -siguió diciendo. -supongo que ahora mismo te quito el cargo como comandante de las tropas armadas.
-¡No pienso volver a ser comandante! –grité tratando de forcejear. -¡Yo sólo cumplía un trato! ¡Cumplí mi parte! ¡Es hora que Torkaimon cumpla la suya! ¿¡Cómo voy… a permitir que ese maldito no cumpla su promesa de liberar a mi madre!?
-Porque nosotros somos malos… -contestó Onagimon. –No somos como ustedes los humanos, que pueden ser engañados tan fácilmente…
Onagimon abrió la celda donde estaban los demás, me lanzó con tal fuerza que dejé caer las llaves a las afueras de la celda, y cerrando la puerta, dijo:
-Por cierto, olvídate de que Torkaimon-sama cumpla el trato.
-¡Sácame de aquí, Onagimon! –grité una y otra vez.
Sin embargo, mis gritos no sirvieron de nada. Estaba encerrado en una de tantas prisiones que con solo tocar las rejas, uno se debilitaba. Mis gritos de rabia e ira, de pronto fueron turnándose a gritos de tristeza y desesperación.
-¡No le hagan daño! –grité suplicando. -¡Por favor!
Pero Onagimon no hizo caso. Bueno… sí lo hizo, sólo para decir:
-¡Cállate, sucio niño elegido!
Y así, con esa frase en mi mente, se fue de los calabozos. Al voltear a mi alrededor, tan sólo pude notar la atónita mirada de mis compañeros de celda y sus respectivos Digimon. Gotsumon era el único que se encontraba todavía inconsciente.
-Daisuke… -dijo Rina.
-¿Qué quieres? -grité.
-¡No tienes por qué gritarle así a Rina! -contestó Piyomon.
-¿Y qué más pueden decir ahora? -contesté desafiante- ¿¡Que me lo merecía!? ¿Que qué bueno que estoy encerrado como todos los demás? ¡Vamos! ¡Búrlense de mí! ¡Búrlense del gran idiota… Daisuke Yanami…!
Pero ya no pude hablar más, pues era cuestión de minutos en que intentaran hacerle daño a mi madre. El sólo pensar en esa posibilidad… no pude más, rompí en llanto… No pude pensar en ese instante, ni siquiera me di cuenta en el instante en que Gotsumon despertó de su desmayo, y al mirarme, lo único que hizo fue levantarse del suelo, y sentarse junto a mí…
Continuará…
Commentarios