27. No perdamos tiempo: Rumbo a Light City

“¿Qué pasó?”, pensé. Lo único que recordaba fue que el bote que habíamos construido para intentar cruzar el mar se había destruido por completo… ¿Podría ser que estuviéramos muertos…?

Desperté y comencé a expulsar la mayor parte del agua de mar que pudiera haberme tragado. Desperté, noté que había amanecido.
-¿Dónde estamos? -pregunté.

Pasaron unos segundos para recordar que todos habíamos caído al mar. Al voltear a mi alrededor, noté que habíamos llegado a tierra firme, pero no había nadie cerca de mí.
-¡Ayano-chan! -grité asustado. -¿¡Estás bien!?
-¿Qué pasa, Daisuke? -dijo Gotsumon desde el Digivice. Al parecer se había quedado dormido en ese aparato.
-Sal… -dije tomando mi Digivice. -No encuentro a mi hermana, Gotsumon…
-¡Ya sé! -contestó mi amigo de roca como si se hubiera acordado de algo. -Puedes usar tu Digivice para buscar a los demás.
-¡Tienes razón! -dije, olvidándome de algo tan primordial…

Tomé mi Digivice, pero al parecer o se había descompuesto o había pasado algo extraño, pues a pesar de marcar el mapa de la zona, no marcaba la ubicación del resto de mis amigos.
-Esto está raro, Gotsumon. -comenté. -¿A dónde se habrán metido los demás?

Al alejar el mapa del Digivice, noté que había una enorme distancia a escala entre un punto y otro.
-¿Quién será ese punto? -pregunté al notar un punto flotando cerca del mar a 500 metros de nosotros.
-Vayamos a ver. -aconsejó Gotsumon.

Al llegar a donde se encontraba aquel punto, pudimos notar la figura muy peculiar del Digimon de mi padre, enterrado de cabeza en la arena.
-¡Gargadomon! -grité corriendo para auxiliarlo.

Gotsumon y yo tiramos con fuerza de él, hasta que finalmente pudimos desenterrarlo.
-¡Ah! -gritó el Vigilante. -¡Gracias por desenterrarme! ¡Por un instante pensé que me habían dado sepultura sin estar muerto! ¿Qué pasó, Daisuke, Gotsumon?
-El bote que construimos fue destrozado por las olas. -contestó Gotsumon.
-Y de pronto despertamos en estas tierras. -le dije.
-¿Y los demás?
-Aún los estamos buscando. -dije. -El Digivice es muy útil en estos casos.
-Gracias a él comencé a sospechar de que tú eras uno de los malos. -dijo Gotsumon.
-¿¡Cómo!? -pregunté asombrado.
-Cuando estuvimos en el Valle del Hielo, y tú desapareciste en la nieve, -comenzó a relatar Gotsumon. -fui a pedir ayuda a los demás chicos dejando a Mizuki y a Akio solos. Gracias al Digivice de Hiroshi pudimos localizarlos a los dos, pero… la señal de tu Digivice aparecía muy cerca de la de ellos. Comencé a sospechar cuando noté que a pesar de que tu Digivice seguía emitiendo esa señal, tú no estabas en donde se supone que deberías estar, sino que en su lugar estaba…
-Ragkuamon… -dije en voz baja interrumpiendo a mi amigo de roca.
-Gotsumon es un Digimon muy perspicaz. -contestó el Vigilante.
-Daisuke también lo es. -me defendió Gotsumon. -Venció a Onagimon con un plan que él mismo sacó de la manga.
-¡No me halagues frente a Gargadomon! -dije avergonzado rascándome la cabeza. –Además tampoco fue planeado…
-Interesante. Eso suena como las hazañas de Kaito. Pero no debemos perder tiempo. -me aconsejó el Digimon de mi padre. -Hay que buscar a los demás.
-¡Tienes razón! -dije regresando a la situación actual.

Al caminar durante quince minutos más, pudimos ver a un grupo que llegaba frente a nosotros.
-¡Hiroshi! ¡Rina! ¡Akio! -grité al reconocer a los presentes.
-¡Daisuke! -gritó Rina. -¿Estás bien?
-¡Creíamos que estábamos solos! -dijo Akio aliviado de ver que seguíamos “completos”.
-¿Y los demás? -preguntó Gotsumon.
-¡Por aquí! -gritó Mizuki quien venía con el chico nuevo en otra dirección.
-Debí haber ido con mis amigos surfistas cuando me dijeron. -dijo Fanbeemon acompañando al grupo. -Eso dice mi amigo.
-¡Creo que ya estamos todos! -gritó Hiroshi bien cómodo.
-¡Espera! -dije al ver que faltaba alguien. -¡Ayano-chan! ¡No está por aquí!

Al revisar todos nuestros Digivices, notamos que el punto blanco que indicaba la ubicación del Digivice de Ayano se encontraba lejos de nosotros. Exactamente, a 700 metros de nosotros. Tratamos de caminar con toda rapidez, pero la arena no nos permitía desplazarnos a nuestro antojo.
-¡Ojou-san! -logramos escuchar una voz que venía de detrás de un árbol.
-¡Es V-mon! -dijo Hiroshi.
-¡Ojou-san! -dijo de nuevo la voz del Digimon azul. -¡Resista por favor, ojou-san!

Corrimos a toda velocidad hasta donde se encontraba V-mon, pero lo que vi no podía describirlo. El Digimon de Ayano-chan había dispuesto una camilla improvisada con hojas, Ayano tendida sobre ésta, y V-mon cambiándole paños de agua fría.
-¡Ayano-chan! -grité asustado al ver la condición de salud de mi hermana. -¿¡Qué tienes!? ¿¡Estás bien!?
-Onii… chan… -dijo Ayano muy debilitada. -Perdona… perdona por arruinar el viaje…
-¡Nada de eso! -dije. -¡Te llevaremos con un médico! ¡Pronto estarás bien! ¿Qué pasó, V-mon?
-Después de naufragar… -contestó el Digimon azul muy asustado. -Desperté, traté de animar a ojou-san, pero no reaccionaba… salí del Digivice y comencé a revisarla… tiene fiebre… así que traté de bajarle la fiebre como pude…
-Se ve muy mal. -dijo Gargadomon. -Hay que ir cuanto antes a un hospital, o mínimo con un médico. Seguramente el agua fría de la tormenta le hizo daño.

“Maldita sea…”, pensé. Sabía perfectamente que mi madre siempre le calentaba el agua, incluso en verano, para prevenirle cualquier infección respiratoria. “Todo era mi culpa”, pensé nuevamente.
-Pero… -dijo Rina. -Según el Digivice, la ciudad más cercana de la zona es una que se llama Light City, y está a 180 kilómetros de aquí.
-No… -dije desanimado al escuchar tal declaración.
-¡Espera! -dijo Mizuki. -¡Justo al norte, cerca de aquí, hay una estación de trenes!
-¿Estación de trenes? -preguntó Akio.
-Seguramente debe haber un médico allí. -contesté.
-Vamos. -dijo Gotsumon.

Gargadomon se ofreció a llevar a Ayano a sus espaldas, ahorrándonos la fatiga a todos nosotros.
-Onii… chan… -dijo Ayano con dificultad. -Tengo sed… Quiero agua…

De mi Digivice saqué una botella con agua.
-¿Puedes beberla sin ayuda? -pregunté.
-Sí… -me contestó.

Al salir de la espesa selva, pudimos llegar a un valle sin vegetación. Frente a nosotros se encontraba la dichosa estación de trenes, pero… lamentablemente parecía estar abandonada.
-No hay nadie aquí… -dijo Rina.
-No creo que la hayan abandonado tan pronto. -dijo Gargadomon.
-Entremos para ver si encontramos un médico. -dijo Fanbeemon. -Es lo que mi amigo dice.

Hicimos caso a la recomendación de Steve, pero lo que habíamos visto desde el exterior se reflejaba en el interior. No había nadie… exceptuando a un Digimon con vestimenta de brujo, incluyendo su peculiar sombrero puntiagudo con un cráneo al frente, y una capa muy desgastada, durmiendo en uno de los asientos. Un Wizarmon.
-¡Oye! ¡Digimon! -gritó Akio. -¿Puedes decirme dónde podemos encontrar a un médico?
-En este sitio casi desierto, no encontrarán a nadie. -dijo Wizarmon sin moverse de su asiento siquiera para observarnos.
-¡Maldición! -grité molesto. -¿¡Ahora qué vamos a hacer!?
-Sólo nos queda llegar a Light City. -dijo Gotsumon.
-¿¡Pero cómo!? -le pregunté. -¡Esta estación de trenes se ve muy abandonada! ¡Seguramente hace tiempo que los Trailmon no pasan por aquí!
-En eso estás equivocado, humano. -dijo el mago. -En cinco minutos debería venir uno. Pero deben estar atentos y salir para esperarlo. Si no ve a nadie esperándolo, no se detendrá.
-Ojou-san, resista. -decía V-mon cada vez más y más afligido.
-Tranquilo, V-mon. –dije tratando de animarlo, pero en mi interior me sentía igual o más preocupado que él. –Pronto llegaremos. Los Trailmon son muy puntuales.

Corrimos rápidamente a la salida justo donde pasaban los trenes, para poder esperar a nuestro medio de transporte. Sin embargo, unas palabras del Wizarmon me hicieron pensar que esto sería una trampa.
-Así que Rakugamon va a Light City. Seguramente irá a apoyar a las tropas armadas de Torkaimon.
-¿Dijo algo, Wizarmon-san? –pregunté al creer que estaba escuchando algo.
-Que tengan cuidado en Light City. Al parecer han utilizado esa gran ciudad como punto de reunión de esas sucias tropas armadas.
-¿To… Torkaimon? –gritó Rina.
-Así es. –contestó nuevamente el mago. –Predigo con toda certeza que mucha data se dispersará en esa ciudad.
-Gracias por el aviso, Wizarmon-san. –dijo el Digimon de mi padre.
-De nada, señor. –contestó el mago. –Espero que tengan un buen viaje. Si quieren puedo acompañarlos en su viaje. Yo también debo ir a Light City.
-De acuerdo. –dijo Hiroshi.

Yo, en cambio, presenté un gesto de desagrado.
-¿Qué pasa, Daisuke? –preguntó Gotsumon al ver mi rostro un tanto incómodo.
-No, nada. –dije volteando hacia otro lado.
-Entonces andando. –contestó Wizarmon con el tono de voz de siempre, un poco silencioso y breve. –El Trailmon ya debe estar cerca de aquí.

Las predicciones de Wizarmon se hicieron realidad, pues al salir de la terminal, empezaron a dibujarse las líneas de los rieles, las piezas de metal que los conformaban comenzaron a salir del suelo y a empalmarse unas con otras. Y en menos de un minuto, un modesto Trailmon de color verde se puso en frente de nosotros. No era espacioso, así que esperábamos que no estuviese ocupado. Al subir a él, una voz masculina que salía de los altavoces, nos dijo:
-”Bienvenidos al tren de pasajeros de Digital Express. Tengo dos vagones disponibles completamente vacíos. ¿En qué clase desean viajar?”
-En la económica. –dijo Hiroshi. –Eso es lo de menos.
-Ayano-chan… -dije al ver a mi hermana cada vez más y más débil.
-”Perfecto.” –dijo el altavoz. –”Serán 30,000 bits por todos los pasajeros”.
-¿Bits? –preguntó Rina. -¿Y cuánto es eso en yenes?
-”El dinero humano no sirve en este tren.” –contestó el altavoz.
-¿Y cómo se consigue esa moneda? –preguntó Akio.
-Ese dinero se gana en batallas. –dijo el Digimon de mi padre. –Seguramente tendrán algo ahorrado en sus Digivices.
-A ver… -dijo Rina. –Sólo tengo 4,500 bits según mi Digivice.
-Yo solo 2,500. –dijo Mizuki.
-5,000. –dijo Hiroshi.
-¿Por qué solo 3,500? –preguntó Akio.
-Tengo 7,000 –dijo la abeja Digimon. –Es lo que dice mi amigo, pero estoy seguro que tiene más.
-Creo que bastará para un vagón económico. –dije antes de ver lo que tenía ahorrado.
-¿Y tú cuánto tienes, Daisuke? –preguntó Hiroshi intrigado.
-Déjame ver… -dije.

Pero al llegar al saldo ahorrado, me quedé helado al ver tan enorme cantidad.
-¡Esto no puede ser! –grité espantado al ver tantas cifras en mi Digivice. -¿¡Tengo 377,452,987 bits!?
-¿¡377 millones!? –gritó V-mon. -¡Eso ni un magnate lo ganaría tan pronto!
-¿Puede darnos el vagón de primera clase? –pregunté un poco avergonzado.
-Yo iré en el económico. –dijo Wizarmon.
-¿No piensa venir con nosotros, Wizarmon-san? –preguntó Piyomon.
-Les seré una molestia si viajo en su mismo vagón. –contestó el Digimon mago.

Al ingresar a nuestro vagón, pudimos ver que Trailmon la había amueblado a lo que habíamos pagado por él.
-”Se me olvidó preguntarles.” –dijo desde el altavoz. –”¿Cuál es su destino?”
-Light City, por favor. –dije amablemente.
-”A sus órdenes.”. –dijo. –”En unos minutos se les servirá el almuerzo en el comedor que está en su vagón. Corto transmisión.”
-377 millones… -dije lanzándome contra el sofá -Si esto fuera el anime de piratas que tanto ve Akio, seguramente ese sería mi precio…

Gargadomon dejó a Ayano sobre otro sofá, y V-mon, amablemente, comenzó a traer paños con agua para intentar bajarle la fiebre. Gotsumon se acercó a mí tras escuchar lo que había dicho.

-¿A qué te refieres? –preguntó Gotsumon.
-A que esto es dinero sucio. –dije. –Todos estos bits son en realidad el producto de tantos meses de servir a ese maldito Digimon. Es como si me convirtiera en un verdadero asesino a sueldo.

Al mencionar esas palabras, podía sentir en mi interior una especie de escalofrío. Quería olvidar todo ese pasado, pero sabía que con cada actividad mía relacionada con los Digimon volvía a hacer surgir esa espina clavada. La única manera de devolver la paz en el mundo real, en el Digital World, limpiar el buen nombre de mi padre y mi reputación… todo… una única manera, era venciendo al que durante todo ese tiempo fue mi “gran jefe”.
-Ojou-san… -dijo V-mon. –Por favor, tome un poco de agua.
-V-mon. –dije. -¿Puedes cuidar de mi hermana? Tengo que salir del vagón.

Tomé a Gotsumon de la mano y salimos juntos del vagón. Ahí, sentado también, estaba el Digimon de mi padre.
-¿Qué miras? –pregunté.
-Estaba… -dijo lanzando un suspiro y mirando hacia el cielo. –estaba pensando… todo lo que ha cambiado el Digital World desde que un Yanami vino a salvarnos.
-Hablas como si tú no hubieras hecho nada.
-Aunque yo fui el de los poderes, de no haber sido por Kaito nunca habríamos logrado la paz temporal en el mundo.
-Cuando todos los Digimon hablaban sobre mi padre, me era imposible reconocerlo… -dije. –Es decir, nada de lo que decían de él se parecía al que yo conocía…
-Creció, y no le culpo. En ese entonces no nos importaban las consecuencias…
-Sin embargo ahora está enojado… -dije. –Vio a nuestro antiguo jefe en televisión y no pudo contener su ira.
-Seguramente cree que lo que te pasó es por su culpa… -contestó el Digimon. –Pero también debe entender que esto sucedería tarde o temprano, que nuestros actos harían eco en todo el mundo.
-¿Por qué nos acompañas? –preguntó Gotsumon.
-En primera porque es un poco raro hablar con los hijos de mi amigo. –me dijo. –En segundo lugar, tengo que hablar con Piccolomon-sama quien vive en las afueras de Light City. Él es el único que puede restituir mi puesto como policía. En la organización, nadie sabe que estoy vivo.
-Creí que Piccolomon-sama era de Folder. –dije.
-Es de Folder. –contestó. –Pero le gusta WWW. Tanto que decidió hacer un hogar por esta zona.
-Piccolomon-sama es un ser extraño. –dije un poco inquieto.
-Pero es un gran sujeto. Lo único que me inquieta es ese Digimon azul amigo de tu hermana. –siguió hablando el Vigilante.
-¿V-mon? –pregunté. –Sé que es un poco raro, no se despega de mi hermana por nada, prácticamente desde que lo conocí…
-No es tanto por eso. –me dijo. –Es que… siento que he peleado contra él antes…
-¿Contra él? –pregunté confundido. -¿Pero… cómo? ¿Cuándo?
-No lo sé… -me dijo. –Sólo sé que esa sensación viene de tiempo atrás… Quizás desde el tiempo en que Kaito vino a este mundo. Lo único que sé es… que sí ocurrió, pero no sé ni dónde ni cómo ni por qué…

Las palabras del Digimon de mi padre me dejaban más intrigado. No entendía ese afán de V-mon de cuidar a mi hermana a toda costa. Ni mis padres se preocupaban tanto de ella como lo hacía él, y eso que era la menor y por ende la más consentida de la casa. Si de por sí los Digimon eran un poco difíciles de comprender para mi edad, mucho menos podía entenderlo específicamente a él.

-No debí insistir que Ayano-chan viniera a este mundo. –dije bajando la mirada. -¡No debí decirle todo lo que hice para salvar a mamá! ¡Ella no quería venir, pero le insistí inconscientemente para que viniera! ¡Yo la presioné!
-Yggdrasil solo llama a quienes tienen el valor de enfrentar un reto como éste. –dijo el Digimon de mi padre. –Seguramente él la necesita.
-¿La… necesita? –pregunté.

Logré recordar mi última visión de Yggdrasil, en el instante en que pensé sería vencido por Onagimon. Yggdrasil hacía hincapié en que la llevara con él.

-¿Pero para qué la necesitaría? –pregunté nuevamente.
-Es lo mismo que dijiste cuando nos conocimos en los calabozos, ¿recuerdas? –dijo el Vigilante. –Tú mismo decías que no eras uno de los Niños Elegidos, que eras el malo y que no eras digno de pisar el Digital World después de lo que habías hecho.
-Pero… pero… -dije titubeando.
-Todos tienen una razón para estar aquí, sea buena o mala. –dijo. –Ahora mismo tu deber es repetir la hazaña de Kaito, vencer a ese Digimon y restaurar la paz al Digital World, pero no estás solo, tu hermana y el resto de tus amigos están aquí para apoyarte.
-La hazaña de Kaito… -dije en voz baja.

Era como si mi padre fuera un héroe del Digital World…. Bueno, en realidad lo fue, pero me sentía presionado por llegar a ser aunque sea una parte de lo grande que fue. ¿Podría lograrlo? ¿Quizás así borrarían de mi pasado todos los malos actos que alguna vez realicé?

-El almuerzo ya está listo. –dijo V-mon saliendo del vagón.
-¿Cómo está Ayano? –pregunté.
-Ojou-san está bien. –contestó. –Ya despertó, pero no tiene fuerzas para caminar.
-Iré a verla. –dije. –Gotsumon, puedes adelantarte al comedor.

Corrí hacia el sofá donde estaba acostada Ayano-chan, y la saludé.
-¿Cómo te sientes? –le dije dulcemente.
-¿Ya llegamos al médico? –preguntó.
-Todavía no. –dije. –Pero resiste, pronto iremos para allá.
-¡Daisuke! –gritó Gotsumon. -¡Esta comida es tan deliciosa que si no te apuras, me comeré tu ración!
-¿¡No te han dicho que eres un glotón!? –pregunté al escuchar la típica reacción de mi amigo de roca frente a la comida.
-¿Quiere un poco de sopa, ojou-san? –dijo V-mon llevándole un poco de sopa a Ayano. –Debe comer algo.
-A mí dame un poco de esa pierna que se ve tan bien. –dije.
-Pollo frito. –dijo el Vigilante. –A Kaito y a mí nos gustaba esa comida.
-”El paquete de primera clase ya incluye toda la comida que quieran.” –dijo Trailmon desde el altavoz. –”Tan sólo pídanla y se les servirá.”
-Me pregunto cómo es que la comida humana es conocida en el Digital World. –dije al ver tantos platillos muy conocidos para mí.
-Sólo somos el reflejo de lo que ustedes son. –dijo Fnabeemon.
-Aprovechen porque nadie sabe cuándo podremos comer de esta manera. –dijo Akio.
-Tienes razón. –dijo Mizuki. –Espero que hayan duchas. Llevamos dos días sin ropa limpia.
-Es primera clase. –dijo Rina. –Seguramente tiene todo eso y más.
-Desde que mi padre se volvió gerente de una agencia de autos en Japón, siempre comemos modestamente. –dije.
-Le va muy bien a Kaito, ¿cierto?
-Mucho. –le contesté.
-Pero no gana 377 millones de bits, ¿o sí? –dijo Fanbeemon. –Es lo que dice mi amigo.

Esbocé un gesto de desagrado al escuchar eso. Pero me limité únicamente a servirme un pedazo de pierna envinada y un tazón de arroz.
-¿Y si invitamos a Wizarmon-san? –preguntó Akio.
-¿Quién va a invitarlo? –pregunté Mizuki.

Todos, a excepción de Ayano y yo, nos desligamos de la responsabilidad a tiempo.
-¡Está decidido! –dijo Rina. -¡Daisuke irá con Wizarmon!
¿Eh? –grité. -¿¡Y por qué yo!?
-¡Ve, Daisuke! –gritó Gotsumon dándome palmadas en la espalda. -¡Y así me dejas tu ración!
-¡De eso nada! –grité tomándolo del brazo. -¡Tú vienes conmigo!

Así, Gotsumon y yo salimos del vagón de primera clase. Pero lo que encontramos en la salida fue un pasillo desordenado, lleno de máquinas y cables.
-Eh… ¿a dónde nos hemos metido? –pregunté.
-”Están en mi pasillo de cableado y electricidad.” –dijo Trailmon.
-Eh… lo siento… -dije avergonzado llevando a Gotsumon al otro pasillo.
-¿Qué es “electricidad”? –preguntó Gotsumon.
-Eh… yo… no tengo idea. –dije con mi poca comprensión de ese tema.
-”Por favor, tomen el otro pasillo.” –dijo Trailmon aconsejándonos.
-Sí, claro. –dije.

Mi amigo de roca y yo salimos del pasillo de cableados y nos dirigimos al verdadero, donde habíamos subido.
-¿Crees que Wizarmon esté cerca? –pregunté. –No ha hecho tanto ruido como nosotros.
-Este Trailmon es muy pequeño. –contestó Gotsumon. –Estoy seguro que sólo tendrá tres vagones.
-¡Mira! –dije encontrando el nuevo vagón. -¡Seguramente aquí está!

Estuve a punto de llamar a la puerta, esperando que Wizarmon-san estuviera allí, pero otra voz nos detuvo de hacerlo.
-Aquí el comandante Wizarmon reportándose señor. –dijo Wizarmon.
-¿Comandante? –pregunté en voz baja.
-¿Qué estás pensando? –preguntó Gotsumon.
-Espero que no sea… -dije, pero alguien detrás de esa puerta me interrumpió.
-¿Alguna novedad, Wizarmon? –preguntó una voz muy familiar para mí.
-No puede ser… -dije tapándome la boca. Conocía a la perfección esa voz, ¿podía ser que…?
-Estoy a punto de rodear a los Niños Elegidos, Torkaimon-sama. –logré escuchar esas palabras de parte del Digimon mago.
-Increíble… -dijo Gotsumon murmurando.
-Lo sospeché… -dije creyendo tener la razón todavía, apretando los puños.
-Seguramente está Rakugamon con los demás, ¿cierto? –dijo una de las voces de mi antiguo jefe.
-Sí. –logramos escuchar la voz de Wizarmon. –Y también está viajando con ellos el Vigilante que logró manipular. Pero no se preocupe, estamos viajando en un Trailmon rumbo a Light City, no dejaré que esos niños lleguen a esa ciudad.

Gotsumon y yo corrimos sigilosamente hacia nuestro vagón, tratando de evitar cualquier clase de sonido que alertara el enemigo.
-¡Rápido! –grité asustado. -¡Guarden todas sus cosas!
-¿Qué pasa, Daisuke? –preguntó Gaomon.
-¿Una dama no puede darse un baño con calma? –preguntó Mizuki desde las duchas.
-Wi… Wi… -dije un tanto aterrado.
-¡Cálmate, Daisuke! –gritó Akio.
-¡Wizarmon es aliado de Torkaimon! –grité por fin. -¡Ha estado vigilando nuestros pasos y no dejará que lleguemos tan fácil a Light City!
-¿¡Qué!? –gritaron todos.
-”A Torkaimon-sama nunca le han gustado los metiches que se interponen entre él y su plan de crear un nuevo Digital World, ex-comandante Rakugamon.” –dijo una voz diferente a la de Trailmon desde el altavoz.
-¡Es Wizarmon! –gritó V-mon.
-”Así es.”- contestó esa voz. –”En estos instantes, Trailmon no es consciente de sus actos, pues lo estoy manipulando para que no puedan llegar a Light City.”

Entonces, el movimiento de Trailmon se detuvo bruscamente, haciendo que Mizuki saliera de las duchas, tratara de cubrirse rápidamente con una toalla y ponerse de pie. Ayano-chan cayó del sofá, pero un ágil V-mon logró evitar que cayera al suelo, y los platillos del comedor se desparramaran en el piso. Acto seguido, sentimos cómo Trailmon volvía a moverse, pero esta vez su movimiento era un poco extraño, lo cual pudimos confirmar cuando salimos del vagón mirando hacia el exterior y vimos cómo Trailmon avanzaba en reversa.

Continuará…