The Digital World Chronicles – Capítulo 24: Hemos llegado… a una isla desierta
dic 6Nombre: Ayano Yanami
Edad: 7 años
Fecha de nacimiento: 27 de octubre
Digimon camarada: V-mon
Color del Digivice: Blanco
Ayano Yanami es ahora la más pequeña del grupo. Es la hermana menor de Daisuke y la adoración de toda la familia Yanami. Le gusta vestir de vestidos llamativos y muy coloridos, además en sus ratos libres toma clases de canto. Es un poco consentida pero a la vez es muy cariñosa. Estudia en la misma primaria que el resto del grupo. ¿Pero cuál es la razón por la que ninguno de los demás supiera de la existencia de esta niña? La respuesta estaba en Daisuke y su resistencia a hablar con los demás.
Desde un principio, estaba destinada a ser una de los elegidos, pero por circunstancias de la vida no viaja con el grupo al mismo tiempo, sino que se integra después, cuando su padre encuentra a un extraño Digimon herido en la calle y lo lleva a su casa para cuidarlo. Es allí, donde Ayano conoce a V-mon, un Digimon muy juguetón, pero a la vez demasiado servicial, a tal grado de ser casi como el sirviente de Ayano, y prometiendo protegerla en cualquier circunstancia.
———————————————————————–
24.- Hemos llegado… a una isla desierta
Así, esa luz nos absorbió, y en cuestión de segundos, nos dimos cuenta de que ya no estábamos en nuestro mundo.
-¿Qué… qué pasó? -pregunté algo confundido al levantarme del suelo.
-¡Ya llegamos, Daisuke! -gritaba emocionado Gotsumon.
-¿Eh? ¿¡De verdad!? -grité emocionado.
Me levanté, y levanté al resto de mis amigos para que se enteraran de lo ocurrido, pero al levantarme, noté algo que me dejó muy sorprendido: estábamos en la cima de una enorme montaña, y al observar a lo lejos, no se notaba más que agua.
-No… no puede ser… -dije asustado al ver lo que pasaba.
-¿Qué tienes, onii-chan? -preguntó Ayano.
-Esto… es… ¡una isla! -grité asustado.
-¡Eco, eco, eco, eco…! -gritó Akio al notar el efecto de eco de mi voz.
-¿Puedes callarte Akio? -dijo Rina dándole una reprimenda.
-Perdón… -contestó el muchacho algo molesto.
-¿Y cuál es el problema, Daisuke? -preguntó Mizuki.
-Quizás no se han dado cuenta… pero donde caímos por primera vez no era una isla sino un continente entero.
Hiroshi, como siempre, tomó su Digivice para poder revisar el mapa de esa zona, y notó que efectivamente estábamos en una isla. Y para llegar al continente más cercano, deberíamos cruzar alrededor de 70 kilómetros de puro mar.
-Mar… -dijo Hiroshi al ver su mapa. -Estamos en una isla…
-¿Cuál es el problema, onii-chan? -preguntó Ayano angustiada.
Tomé un poco de aire y dije:
-Estábamos tan preocupados por regresar al Digital World, que no caímos en la cuenta de que ese Digital Gate nos enviaría a cualquier parte de este mundo.
-¿Eso quiere decir…? -preguntó Mizuki.
-Que estamos muy lejos de la zona de influencia de Torkaimon. -dije.
-¿Cómo te comunicabas con ese Digimon cuando eras su sirviente? -preguntó Akio tan fresco y sin discreción.
-¡Akio-san! -le reprendió Gaomon por su indiscreción.
-Déjalo, Gaomon. -dije para que vieran que el indagar en mi pasado no era algo que me molestara. -Torkaimon instaló en mi celular una aplicación para poder trasladarme a su morada cuando quisiera, siempre y cuando me encontrara dentro del Digital World.
-¿Y si vamos con eso?
-¿¡Estás loco!? -grité. -¡Claro que no! ¡Sería casi como ir a una muerte segura!
-¿Y no por eso estamos aquí? -gritó Akio. -¡Tú querías vencerlo! ¿Estamos en el Digital World, o no? Podemos ir con él y vencerlo otra vez.
Y así, él y yo comenzamos en una discusión sin sentido. Ayano y Rina intentaron detenernos, pero a cada segundo que defendíamos nuestra posición, él queriendo terminar de pronto la pelea, y yo intentando pensar con prudencia, pues sabía a la perfección sobre el poder de ese sujeto, llegamos de pronto a los insultos y a las faltas:
-¡Estoy harto de tu imprudencia, Akio! -grité furioso intentando terminar la discusión. -Ese Digimon es muy fuerte, nosotros a nuestro nivel no podríamos contra él.
-¡Y yo estoy harto de que vengas como el sabelotodo de este mundo! -gritó. -¿O es que ya olvidaste gracias a quién sabes mucho sobre el Digital World?
-¿Qué estás insinuando? -pregunté entendiendo a lo que quería llegar.
-¡Que tú siempre vas a ser para mí como el sujeto que se infiltró con nosotros y trató de entregarnos ante su amo!
-¡Akio! -gritó Rina regañándolo.
-¡Akio-san! -intentó calmarlo Gaomon. -No debe decir esas cosas.
-Así que eso soy para ti. -dije furioso. -Tú tampoco eres el santo del grupo. ¿O ya olvidaste que tú eras el bravucón del grupo y que te ibas de pinta con tus “amigos”?
-Daisuke… -contestó preocupado Gotsumon.
-¡Pero yo nunca fui un doble cara con nadie! -gritó él. -¡Nunca fui el más amable con ustedes y a la vez buscaba la forma de eliminarlos! ¡Ese mismo Digimon nos dijo que cuando Piccolomon-sama nos avisó de tu traición, fuiste corriendo hacia tu jefe para que te pudiera defender!
Al escuchar esas palabras tan hirientes, no pude contenerme y le di un puñetazo en la cara a Akio, lanzándolo al suelo, provocando la sorpresa del resto del grupo. Éste hizo lo mismo, y sus golpes igual fueron bastante dolorosos.
-Basta… -dijo Ayano a punto de llorar… -Akio… onii-chan… por favor… no peleen…
-¡V-mon Punch! -gritó su Digimon golpeándonos a los dos y haciendo que perdiéramos la concentración por algún tiempo.
-¿Qué te pasa, maldito Digimon azul? -grité furioso, cuando volteé hacia mi hermana, y recordé la promesa que había hecho V-mon con Ayano.
-Hicieron llorar a ojou-san. -contestó el Digimon muy serio.
-Lo siento… -dije muy avergonzado por lo que había pasado.
-También deberías disculparte por haberte aliado con aquel Digimon… -contestó Akio aún resentido, levantándose del suelo y limpiándose la tierra de la cara.
-¡Akio! -gritaron todos los demás.
-Akio-san… -dijo Gaomon avergonzado por la reacción de su amigo.
-Akio… ¿Así te llamas, no? -contestó el Digimon de Ayano. -Sé bien que lo que Daisuke hizo no es de aplaudirse, pero nadie está aquí para poner el dedo en la herida. Creo que si todos estamos aquí es por el mismo objetivo: vencer a ese Digimon que nos dejó incomunicados y que nos ha perseguido hasta el cansancio.
-De acuerdo… -dijo el joven muy molesto pero a la vez tratando de contener su rabia.
-Akio… -dije intentando convencerlo. -No quiero que vuelva a pasar lo de hace una semana, donde no sabíamos qué hacer para pelear y demás. Sé bien que ese sujeto es muy fuerte, y si las tropas que envió al mundo real son tan fuertes que algunos de nuestros compañeros tuvieron que evolucionar a un nivel más alto que la etapa adulta, no quisiera imaginarme sobre su verdadero poder.
-¿Y qué podemos hacer? -preguntó Hiroshi. -No sabemos dónde estamos, y seguramente estemos solos en esta isla.
-¿Eh? -gritó Rina.
-¿Una… isla desierta? -preguntó Ayano.
-Calma, calma. -dijo Mizuki. -Antes de desesperarnos, deberíamos ir a caminar a ver si encontramos rastros de vida.
-¿Será buena idea que vayamos todos? -preguntó Hiroshi. -¿Y si nos perdemos?
-Entonces será mejor que un grupo se quede aquí, y los demás vayamos a investigar. -contesté.
-¿Vayamos? -preguntó Akio. -¿Tú y quiénes más?
-Yo iré con él. -dijo Gotsumon golpeándose el pecho en señal de orgullo. -El gran Gotsumon-sama está aquí como supporter de Daisuke, ¿verdad?
-¿Desde cuándo eres mi supporter? -pregunté extrañado de la actitud de Gotsumon.
-Desde la primera vez que nos conocimos. -dijo Gotsumon sin vacilar.
-Aún así, no me siento muy seguro de… -intentó recriminar nuestro otro amigo vacilador y a la vez peleonero.
-Entonces yo iré, Akio. -contestó Hiroshi interrumpiendo. -A lo mejor así te sientes más seguro.
-De acuerdo… -dijo Akio todavía molesto.
-Entonces, Hiroshi y yo iremos a ver qué más podemos encontrar por ahí. -dije. -Esperemos encontrar un poblado donde podamos pasar la noche. ¿Nos vamos?
-Es hora, no podemos quedarnos, el sol ya se está ocultando. -me contestó Hiroshi.
Así, después de los buenos deseos de los demás, Hiroshi y yo, acompañados de nuestros Digimon, bajamos la montaña con mucha dificultad.
-Eh… dijo Hiroshi algo asustado. -¿Cómo es que puedes caminar por el sendero como si nada?
-He estado en peores lugares. -dije.
-¿¡Cómo puedes contestar así tan tranquilo!? -gritó entonces. -Eso es a lo que se refiere Akio, pareces casi un sabelotodo de este mundo. Yo no podría caminar así como si nada…
-Ya te lo dije, Hiroshi. -volví a mencionar sin mirarlo. -He estado en peores lugares, estoy acostumbrado… podría decirse… que la oscuridad es prácticamente parte de mí.
-Daisuke… -contestó Gotsumon. -No deberías mencionar eso.
-Por más que quieras decir que ya no eres aliado de Torkaimon, -dijo Hiroshi. -pareciera que aún lo sigues siendo.
-Hiroshi… -tomé un poco de aire para hablar. -Conozco muchos de sus movimientos, pero es algo flojo, nos esperará en su morada.
Después de esperar unos minutos en la caminata, dije:
-Lamento la pelea con Akio.
-Akio es muy imprudente. -dijo Hiroshi.
-¿Cómo puedes hablar así de él si son tan amigos? -pregunté.
-Lo somos. -dijo Hiroshi. -Pero no puedo negar que es muy rencoroso, y que también es imprudente al hacer las cosas.
-Sólo busco lo mejor para el grupo. -dije arrepentido. -Sé que no puedo remediar el daño que hice de un día para otro, pero estoy dispuesto a tomar todas las consecuencias de vencer al que fue mi jefe por mucho tiempo.
-¿Por qué nos llamaste “metiches”? -preguntó mi amigo.
-Sólo quería que se fueran de aquí. -contesté bajando la mirada. -Los planes de salvar a mi madre se iban a ir a la basura si intentaban meterse en los asuntos del Digital World. Por eso… cundo Piccolomon-sama habló con nosotros comunicándonos sobre la existencia de un traidor entre nosotros, inmediatamente fui a la guarida de Torkaimon para que… lo dejara incomunicado. Es increíble pensar que Piccolomon-sama me rescató del castillo a pesar de lo que he hecho…
-Piccolomon-sama no es tan malo como tú crees, Daisuke. -me dijo Gotsumon.
-¿Y sabes dónde vive? -preguntó Hiroshi.
-Ahora que Leomon destruyó su castillo, no lo sé. -contesté.
-¿Y cómo quieres que vayamos con Torkaimon si ni tú sabes dónde está? -preguntó Hiroshi. -Seguramente está en esta isla… esperándonos para capturarnos.
-No menciones eso, Hiroshi. -contestó Kamemon. -No estamos solos esta vez.
-Eso espero, Kamemon. -dijo Hiroshi algo asustado.
-No te preocupes, Hiroshi. -contesté para tratar de animarlo. -Aquí tenemos tres Digimon que nos pueden ayudar si estamos en problemas.
-¿Tres? Pero si solo veo a Kamemon y a Gotsumon…
-¿Ya se te olvidó que yo también puedo cambiar a una forma como la de ellos? -pregunté.
-Pero… por favor no lo hagas. -dijo Hiroshi asustado. -Rakugamon me da mucho miedo.
-Lo utilizaré sólo cuando sea necesario. -dije.
Habíamos caminado alrededor de una hora, incluso entonces habíamos llegado a la orilla de la playa, pero no encontramos ni un Digimon a la vista, pero sí algunas frutas para poder cenar, así que decidimos regresar para dar la mala noticia.
-Bueno, al menos ya encontramos un uso útil para Rakugamon. -contestó Hiroshi algo contento.
-¡Pero no como burro de carga Hiroshi! -dije molesto mientras cargaba más de tres kilogramos de fruta fresca y varios fajos de leña, gracias a la fuerza de mi forma Digimon.
-Lo malo es que no hay manera de salir de aquí. -dijo Kamemon.
-Hay qué comunicar la noticia a los demás. -contesté. -No hay poblados cercanos…
-Seguramente hayan del otro lado. -contestó Gotsumon.
-Seguramente, pero es tarde. -dije. -No podemos revisar toda la isla en una hora.
Escuchamos una especie de ruido muy cercano a nosotros. Instintivamente volteé hacia donde percibí el ruido de la hierba y algunas hojas secas moviéndose, llamando la atención de Hiroshi y del resto de los Digimon.
-¿Pasa algo, Rakugamon? -preguntó Gotsumon.
-Nada, Gotsumon. -dije para no alertarlo. -No pasa nada.
“¿Habría alguien más aparte de nosotros?”, me pregunté. ¿Y si era alguien de las tropas armadas vigilándonos de cerca? Imposible… Se suponía que era una isla desierta, habíamos caminado una hora completa sin encontrar algún poblado cercano en nuestro rumbo… Debía estar soñando, así que mejor seguí el paso para llevar la leña y las frutas a nuestro “punto de reunión”.
-Es extraño pensar… -dije para cortar el hielo. -que nuestros padres estuvieron aquí hace mucho tiempo.
-¿Qué quieres decir? -preguntó Hiroshi.
-Que esa era la razón por la que mi antiguo jefe me trataba como una basura de la peor calaña. -dije recordando aquel trago amargo. -Seguramente al verme, recordaba a mi padre y eso lo hacía enfurecer.
-Entonces… -intentó no continuar Hiroshi con tan desagradable conversación.
-Que él sabía que Ayano-chan era uno de los nuestros… -dije. -Del mismo modo que sabía que yo lo era…
-No deberíamos hablar de eso, Rakugamon. -contestó Hiroshi. -Deberíamos pensar en cómo regresar a continente firme.
-Eso es cierto… -dije. -Debemos hablar con Yggdrasil…
-¿Yggdrasil? -preguntó Kamemon. -¿El dios del Digital World? ¿Cómo iremos con él? Nadie sabe dónde vive…
-Si algo dijo Piccolomon-sama, es que las cosas suceden porque tienen qué suceder. -dije rotundamente confiado. -Estoy seguro de que habrá alguien que sabe dónde encontrarlo. Si él mismo me mencionó que debemos ir con él, es porque quiere que vayamos a buscarlo.
-Me pregunto… -dijo Hiroshi bajando la mirada. -Me pregunto qué harán nuestros padres en el mundo real…
Al seguir caminando, y yo volando, escuchamos de pronto una especie de zumbido, como si se tratara de una abeja, o más bien por lo fuerte de éste, de un grupo de abejas cuidando su colmena. Nuevamente volteé hacia donde provenía ese sonido.
-¿Pero qué pasa? -preguntó Hiroshi.
-Parece ser que no estamos solos. -contesté aliviado pero consternado a la vez.
-¿Es un Digimon? ¿O un humano? -preguntó de nuevo mi amigo.
-Seguramente ha de ser… -contesté soltando el fajo de leña y dejando caer suavemente las frutas para que no se rompieran en el suelo.
¡Un Digimon!
Aparté las ramas de los árboles y logré visualizar a un Digimon abeja, parecía estar todavía en su etapa de niñez, un FanBeemon por si no me equivocaba en ese entonces.
-¡Tú! -grité algo emocionado, sin darme cuenta de que estaba en mi apariencia Digimon. -¡Así que tú nos estabas siguiendo!
-¡Mierda! -contestó el Digimon con un acento que pareciera no ser igual al que nosotros como grupo hablábamos.
FanBeemon, seguramente asustado, salió volando a toda velocidad.
-¡Espera! -grité volando para perseguirlo. -¡Gotsumon, acompáñame!
-¡OK! -dijo Gotsumon corriendo detrás de mí.
-¿Y qué hago yo? -preguntó Hiroshi.
-¡Espera mis instrucciones! -grité sin prestarle atención.
Y así nos fuimos siguiendo a aquel FanBeemon. Pero a medida que avanzábamos, FanBeemon se colaba entre las ramas de los árboles. Algo complicado o incluso imposible para mí debido a mi tamaño.
-Deja tu apariencia de Rakugamon. -me aconsejó mi amigo de roca.
-Cierto… -mencioné en voz baja recordando que por ese motivo podía volar, y seguramente (o no tan seguramente, tenía toda certeza) FanBeemon tenía temor de mi aspecto.
Así que dejé mi apariencia de comandante de alguna tropa armada y volví a ser el mismo de antes, comencé a correr a toda velocidad tras ese Digimon, pero FanBeemon no parecía detenerse.
-¡Espera, FanBeemon! -grité. -¡No queremos hacerte daño! ¡Sólo queremos hacerte unas preguntas!
-¡Ni hablar! -gritó el Digimon abeja con un acento que parecía ser de un extranjero hablando nuestro idioma.
El esfuerzo de correr tanto hizo que mis fuerzas fueran disminuyendo poco a poco. Pero FanBeemon se detuvo de pronto, y bajando a un barranco, se puso enfrente de una roca, como si intentara desafiarnos.
-¡Espera FanBeemon! -dije. -Yo… ¿eh?
De pronto miré hacia detrás de donde se encontraba FanBeemon, y pude ver que alguien estaba atrapado en una enorme roca. Se trataba de un joven que vestía de manera muy diferente a la nuestra, además de que era mucho mayor que todos los demás. No parecía estar en buenas condiciones, era como si tuviera casi un día entero en esa situación, con una pierna atorada.
-¿Estás bien? ¿No estás herido? -pregunté tratando de auxiliarlo tratando de correr hacia él.
-¡Deja a Steve en paz! ¡No dejaré que intentes hacerle daño! -gritó FanBeemon y poniéndose en posición de ataque y mostrando un aguijón, dijo. -¡Gear Sting!
——————————————————-
Mientras tanto, en el mundo real, o al menos así me comentaron mis padres, las cosas iban de mal en peor. Ellos habían decidido quedarse en la capital hasta que pudiéramos regresar. Ese viernes, las bolsas de valores de todo Japón se desplomaron por completo. Muchas personas decidieron irse en barcos a otros países más cercanos, como Corea del Norte, China, o inclusive Rusia, para no tener que vivir en el “apagón” tecnológico. Las ciudades se veían muy vacías, los negocios, oficinas y empresas estaban cerrando pues no existía movimiento alguno. Si esto seguía así, todo el país se iría a la basura en un abrir y cerrar de ojos.
Continuará…
Commentarios