09.- El verdadero Rakugamon

-¿Dónde estoy…? -pregunté aturdido mientras me levantaba del suelo.

Miré a mi alrededor y lo único que vi fue puro blanco. Intenté levantarme y caminar, pero un grillete estaba atado a uno de mis tobillos y a una estaca fuertemente clavada en el piso.
-Ya despertaste, niño. -me dijo un ser que se encontraba frente a mí de espaldas.
-¿Quién eres tú? -pregunté.
-¿No me reconoces? -me dijo. -No puedo creer que lleves utilizándome más de seis meses y no me reconozcas. Durante mucho tiempo serví a Torkaimon-sama, me confinaron a esa prisión y me enviaron a formar parte de tu cuerpo…
-¿Eres… eres Rakugamon? -pregunté. -¿El verdadero Rakugamon?
-Así es, niñito. -me contestó mientras se daba la espalda. -¡Y gracias a Torkaimon-sama pude recuperar mi voluntad! ¡Torkaimon-sama será de nuevo el rey del Digital World y nadie podrá detenerlo!
-¿De qué estás hablando Rakugamon? -grité.
-¿Sentimientos? En este mundo los sentimientos no valen para nada. Si no has logrado salir adelante es porque los sentimientos te arrastran.

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-¿Cómo te sientes, Rakugamon? -preguntó Torkaimon.
-Muchas gracias, Torkaimon-sama. -dijo Rakugamon inclinándose ante él. -Gracias por devolverme mi cuerpo. Ese niño ha estado dando mucha lata.
-Era de esperarse, es el hijo de Kaito. -le contestó su jefe.
-Así que Kaito sigue dando problemas a pesar de tantos años. -contestó el demonio. -Se nota que este niño es su hijo, pensé que podría encerrarlo para siempre en esa prisión donde estuve, pero todavía sigue molestando.
-Pues trata de controlarlo, porque hay que seguir adelante con nuestro retorno.
-¡Eso me gusta, jefe! -gritó mientras estampaba un puño cerrado sobre su otra mano.

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Aquel lugar era una especie de planicie llana y vacía, sin vegetación ni mucho menos Digimon. Había amanecido, pero la zona aún seguía oscura. Ni las tres lunas de la noche en el Digital World alumbraban allí. Y esa era mi casa durante algún tiempo, lo único que conocía del Digital World muy a pesar de los esfuerzos de Torkaimon de enseñarme todo acerca de su mundo.

-Espero que no le haya pasado nada a Rakugamon. -seguía maldiciendo Gargadomon.
-¿De qué habla, señor Digimon? -preguntó Piyomon.
-Rakugamon está peleando contra Torkaimon *pi*. -contestó Piccolomon.
-¿¡Qué!? -gritaron todos.
-Pero… pero Rakugamon no puede contra ese ser… -decía Gotsumon. -Mierda, llegamos tarde.
-Espero que no le pase nada a Daisuke… -murmuraba Rina. -¿Y quién es ella?
-Ella es la madre de Daisuke. Me pidió que la rescatáramos. -contestó el Vigilante.
-Entonces lo de Daisuke era cierto… -dijo Hiroshi todavía desconfiado.
-¡Gargadomon! -gritó alguien desde el castillo de los demonios. -¡Tú y yo tenemos una pelea pendiente!
-¡Esa voz es de…! -gritó Gargadomon, quien al voltearse vio a un viejo enemigo. -¡Rakugamon!

Rakugamon llegó hacia el grupo de niños y Digimon, volando de volada, tratando de retar al que suponía era un viejo enemigo.
-¿Daisuke? -preguntaron todos al ver al demonio.
-No… -dijo Gotsumon. -Ese no es Daisuke.
-¿Pero qué dices Gotsumon? -preguntó Kamemon.
-Que ese demonio no es Daisuke… lo presiento… -dijo Gotsumon rotundamente.
-Así es, niño Digimon. -dijo alguien más.
-Torkaimon… -contestaron los Digimon.
-Aquel que tienen frente a ustedes, -dijo haciendo aparición. -es el verdadero Rakugamon, mi fiel aliado, el que asoló enormes tierras con su sola presencia… un verdadero demonio. Ese niño Yanami debe estar encerrado para siempre en la misma prisión donde estuvo Rakugamon.
-¡Aún no olvido lo que me hiciste, maldito vigilante! -gritó aquel demonio. -¡Tú me encerraste en esa incómoda prisión! ¡No sabes cuánto he esperado a que me liberaran para cobrar venganza!

Rakugamon desenvainó su espada y se enfrascó en sus deseos de venganza contra Gargadomon.
-¡Ustedes detengan a Torkaimon! -gritó Gargadomon a los demás mientras bloqueaba los ataques de su oponente. -¡De éste me encargo yo! ¡Piccolomon-sama!
-Dígame Gargadomon *pi* -contestó éste.
-¡Por favor cuide de la madre de Daisuke! ¡No deje que le hagan daño!

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-¿Pero de qué hablas? -gritaba mientras forcejeaba para escapar de esos grilletes.
-Torkaimon-sama me hizo lo que soy. -me contestó como si no me escuchara. -Y a ti también te hizo lo que eres. Eres una leyenda, gracias a mí te mantuviste como un rey en las zonas por donde pasabas.
-Eso es algo de lo que no quiero acordarme. -le contesté reciamente y sin ganas de discutir.
-¿Qué? -gritó Rakugamon. -¿No te gustó por un instante ser el rey del continente Folder? ¿No te gustó ver las caras de los Digimon cuando nos tenían miedo?

Al escuchar eso último, recordé las palabras que me dirigió Gotsumon la primera vez que nos vimos…
Sí, ese es el más peligroso de todos. El sólo escuchar su resoplido me da mucho miedo.

-No… -dije. -No me gusta ver sufrir a la gente.
-¿Eh? ¿Y así te haces denominar hijo de Kaito Yanami? -me reprendió. -Torkaimon-sama ha perdido la cordura…
-¿De qué estás hablando? -grité nuevamente.
-“¿De qué estás hablando?” “¿De qué estás hablando?” ¡Maldita sea, pareces un archivo corrupto! -me gritó Rakugamon de nuevo. -A tu padre le gustaba la sangre, las matanzas, era como si eso lo llevara en la sangre. Pero claro, se le ocurrió irse al bando del “bien” y logró lo que quería…

Esas palabras me hicieron enojar, estaba claro que muy a pesar de la indiferencia que mi padre había tenido conmigo durante mi corta vida, no iba a permitir que alguien dijera esas cosas sobre él.
-¡No vuelvas a mencionar eso de mi padre!
-¡El único ciego es el que no quiere ver! -gritó Rakugamon. -¡Está claro que a ti también te gusta ser un demonio como yo!
-¡Basta Rakugamon! ¡Yo no te acepté con gusto! -grité. -¡Maldigo a Torkaimon y quisiera matarlo yo mismo!
-¡Eres un…! -gritó Rakugamon, y como si con su propia voluntad pudiese controlar todo, un par de cadenas más me rodearon y me redujeron al suelo.
-¡A… ayúdame Gotsumon! -fue lo único que pude gritar antes de caer al suelo.

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“¡A… ayúdame Gotsumon!”…
-¿Daisuke? -preguntó Gotsumon distrayéndose del combate.
-Trata de no distraerte, Gotsumon. -le aconsejó Birdramon.

Una enorme ola de gritos, bolas de fuego, proyectiles y golpes se suscitaba contra Torkaimon. De todos ellos, quizás el más golpeado había sido Gotsumon. Era de entenderse, un Digimon en etapa de niñez peleando contra un adulto llegando a perfecto, no tenía muchas oportunidades de seguir.

Pero a Gargadomon, siendo aún un nivel adulto, no le iba tan bien como uno esperaba. Rakugamon le había resultado un hueso duro de roer y un dolor de cabeza incluso para un Vigilante.
-¿Qué te pasa Gargadomon? -le gritaba Rakugamon a modo de burla. -¿Se te ha olvidado cómo pelear?
-No tanto como a ti, Rakugamon. -le contestó burlonamente. -¡Te mueves peor que una niñita!

-¿Qué vamos a hacer? -preguntaba Rina a cada instante.
-Tenemos que seguir adelante… -decía Mizuki.
-Pero… pero… los Digimon no han podido vencer a Torkaimon. -decía Hiroshi preocupado.

Y Hiroshi no estaba equivocado. Por más que sus Digimon seguían peleando, sólo habían logrado provocarle pequeños rasguños a su oponente, pero ya estaban cansados, cosa que Torkaimon aprovechó para lanzarlos a todos de un golpe.
-Heh… malditos niños Elegidos… -decía Torkaimon. -Pero ya les dije que mientras están incompletos, nunca podrán vencerme… ¿O no se han dado cuenta que Gotsumon no ha podido evolucionar?

El silencio perduró dentro del grupo de los niños. Precisamente, Daisuke, quien faltaba, era el compañero de Gotsumon. Pero Gotsumon todavía no había evolucionado, y eso hacía heridas en su cuerpo y en su alma. Era como si precisamente fuese un indicador de que mientras Daisuke no pudiera volver al bando al que perteneciera, no podrían vencer a Torkaimon aún si un Vigilante les ayudaba.

-Maldita sea… -gritaba Gotsumon en el suelo cansado. -Si tan sólo pudiera evolucionar…

Torkaimon se dirigió hacia Gotsumon, lo acorraló y lo detuvo para inmovilizarlo…
-A… auxilio… Daisuke… -gritaba Gotsumon.
-Grita todo lo que quieras, a este paso, ese niño Yanami debe estar encerrado para siempre en la prisión capsular de Rakugamon.

Los Digimon de los niños intentaron seguir en su lucha, pero su cansancio les obligó a volver a su etapa de niñez. Una enorme desventaja para todos, pues a Gargadomon tampoco le estaba yendo tan bien en su pelea. Un Rakugamon furioso, sediento de sangre y como si disfrutara su pelea, contrastaba con el Gargadomon herido, cansado y agotado…

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“A… auxilio… Daisuke…”…
-¿Go… Gotsumon? -pregunté.
-¿Eh? -preguntó Rakugamon.
-Gotsumon… está en problemas… -refunfuñé.
-No puede ser… -murmuró Rakugamon. -¡Deberías estar inmóvil en estos instantes!

Como si se tratara de magia, las cadenas que sujetaban mis manos al suelo se esfumaron, dejando que me levantara sin problemas.
-¡Gotsumon está en problemas! ¡No pienso dejarlo a un lado!
-¿Y no te gustaría volverte a sentir el rey del Digital World? Deja atrás a Gotsumon, y vuelve con Torkaimon-sama.
-Si eso implica abandonar a mis amigos y hacerle daño a inocentes, ¡olvídalo! -grité.

En ese momento mis bolsillo izquierdo se iluminó. “El Digivice”, pensé. Tomé el dispositivo, y la luz que iluminaba mi bolsillo se potenció iluminando más el lugar. Rakugamon no pudo soportar la luz, incluso tomó su espada y la empuñó para bloquear el “ataque”, pero nada parecía haberle funcionado.
-¡To… Torkaimon-samaaaa…! -gritó Rakugamon.
-¡Está funcionando! -dije emocionado.

La luz del Digivice tomó la Devil Sword de Rakugamon haciéndola levitar y llevándola hacia mis manos.
-¡Maldito Yanami! -gritó Rakugamon nuevamente quedando indefenso.

Tomé la empuñadura de la espada con mis dos manos, y haciendo unos surcos en el aire, pareciera que esos movimientos causaron grave daño a Rakugamon, haciéndolo desparecer… Al desaparecer éste, sus restos de datos fueron absorbidos por la espada, haciendo un trozo de hilo atado a la empuñadura, y colgando de ésta, una nota. La cual tomé y comencé a leer en voz alta.

“La oscuridad no puede existir sin la luz, puesto que ambas se complementan y dan origen al mundo, tanto al Digital World como al Universo en sí. Pero incluso la oscuridad puede ser aliada de la luz… Niño Yanami, por circunstancias de Torkaimon, has sido elegido para portar la oscuridad de Rakugamon, pero del mismo modo, para colaborar con los seres de luz, como una prueba más de que la oscuridad puede vencer a la misma oscuridad y convivir en paz con la luz.”

No entendía nada de lo que aquella nota quería decir, pero sus palabras me dejaron sorprendido, a tal grado que no pude moverme de mi posición con la punta de la espada apuntando hacia adelante. De pronto, pude escuchar las carcajadas de mi antiguo jefe, llevándome al susto en un instante.

-¡Sabía que serías mi aliado, niño Yanami! -gritó Torkaimon emocionado, o al menos así lo dejaba saber su tono de voz. -¡Sí que eres inteligente!

No capté nada de lo que me estaba diciendo en ese instante, pero pronto lo comprendería. El blanco que me rodeaba desapareció, haciéndome voltear a mi alrededor, viendo la cara de satisfacción de Torkaimon fuera de su castillo, y los niños y sus Digimon, con Gotsumon incluido, boquiabiertos y sin aliento.

Al intentar soltar la Devil Sword, volteé hacia ella y… no pude creer lo que había visto…
-Daisuke… ¿por qué…? -me decía Gargadomon con sus pocas fuerzas, estampado contra una roca y mirándome fijamente, -¿por qué lo hiciste…?

No podía creer lo que estaba viendo… la Devil Sword hundida en el abdomen del Vigilante, y mis manos sosteniendo la empuñadura de ésta.

-No… ¡no…! ¡Esto no puede estar pasando! -grité desesperado. -¡Gargadomon, estás equivocado! ¡Yo no…!
-¡Eres… eres un…! -trataba de decir el Vigilante, pero apenas y podía abrir la boca.
-¡Perdóname, Gargadomon! -grité asustado y llorando. -¡No quise hacer esto! ¡Tienes qué creerme!

Continuará…