08.- Huida, rescate de Piccolomon y reencuentro

Y así, gracias a la ineptitud de Onagimon, pudimos salir de nuestra celda compartida. Algunos de nuestros soldados Bakemon, intentaban hacer vallas para evitar que siguiéramos adelante. Pero la agilidad de Gargadomon, muy a pesar de su enorme corpulencia, y su destreza con las armas, nos permitían deshacernos de esas “sábanas flotantes”.

No fue nada difícil llegar a la zona este de los calabozos. Con mi astucia y la destreza de Gargadomon, pudimos llegar con rapidez a la celda donde estaba nuestro amigo Piccolomon.

——————————————————————————

-Debes dormir, Gotsumon. -le aconsejaba Patamon algo preocupado. -No es bueno que te quedes despierto toda la noche.
-Pero no puedo… -le contestó mi amigo de roca preocupado. -No puedo cerrar los ojos sin dejar de pensar en Daisuke, en cómo lo deben de estar tratando… El sólo pensar en Daisuke y en Torkaimon se me ponen las rocas de punta, Patamon.
-¿No te molesta si te acompaño un poco? -le preguntó Patamon.
-Para nada, quizás me hará mejor…

Entre plática y plática, se hizo de mañana. Los primeros rayos del sol brotaban desde el horizonte dando un hermoso paisaje digno de un cuadro de algún pintor famoso. Así, poco a poco fueron despertando el resto de mis amigos, uniéndose poco a poco al dolor de Gotsumon. Una lavada de cara en el río, un desayuno abundante y a caminar dijeron todos.

En un sendero, como todos igual de extraño, entre aparatos electrónicos, Akio hizo una pequeña broma de que si estarían caminando en un basurero, y Rina, milagrosamente, cada día se quejaba menos.

-¡Amigos *pi*! -gritó una voz a lo lejos.

Gotsumon volteó a todos lados hasta reconocer un televisor.
-¡Es Piccolomon-sama! -gritó.
-¿Piccolomon-sama? -preguntó Piyomon.
-¡Vamos a ver! -dijo Hiroshi.

Hiroshi lideró a todos para dirigirse hacia el televisor que mostraba una imagen borrosa de aquel Digimon en forma de globo rosado.

-¡Espero que se estén dirigiendo ahora mismo al castillo de Torkaimon *pi*! -les gritó el hada rosada.
-¿Qué es lo que sucede, Piccolomon-sama? -preguntó Gotsumon haciéndole reverencias.
-No puedo hablar por mucho tiempo *pi*. -contestó Piccolomon. -Hay muchos guardias de Torkaimon por aquí *pi*. ¿Ya están de camino al castillo de…?

Piccolomon hizo una pequeña pausa al ver que al equipo humano y Digimon le faltaba un integrante.

-¿Dónde está el otro humano *pi*? -preguntó.
-De… decidió irse… -dijo Gotsumon bastante triste.
-¿¡Pero cómo *pi*!? -gritó Piccolomon asombrado. -¿Por qué lo hizo *pi*?
-Bueno… verá… -intentaba excusar Gotsumon a su camarada. -Daisuke era… Daisuke era… era el traidor.

Los demás Digimon se asombraron al escuchar tal palabra de la boca de Gotsumon. Probablemente ya había entendido que, por más que intentara excusarme, y por más que él intentara comprender mi situación, ante los ojos más fríos seguía siendo un maldito oportunista, que se habría aprovechado de la situación para dar un golpe por la espalda.

-Torkaimon ha logrado su cometido… por ahora *pi*. -contestó Piccolomon.
-¿A qué se refiere, Piccolomon-sama? -preguntó Rina.
-La unión hace la fuerza *pi*. -contestó el hada rosa. -No se puede vencer al maligno si los cinco niños no están juntos. Torkaimon sabe eso a la perfección, y seguramente buscó la forma de separarlos *pi*.
-¿Y qué podemos hacer? -interrogó Hiroshi.
-Lo único que pueden hacer *pi*, es venir cuanto antes al castillo de…
-Piccolomon-sama… -gritó una voz al fondo del televisor.
-Hemos venido por usted. -se escuchó la voz mía también desde el fondo del televisor.
-¿¡Daisuke!? -gritaron todos mis compañeros al verme junto a otro Digimon…

——————————————————–

Antes de dirigirnos a la celda de Piccolomon, le pedí a Gargadomon una petición un tanto fuera de contexto y la cual jamás pensé que se me pasaría por la cabeza.
-¿Qué hacen los Vigilantes de la Frontera?
-¿Qué hacemos nosotros? -preguntó Gargadomon. -Somos como la policía del Digital World, una de tantas unidades… vigilamos que ningún Digimon pueda viajar al mundo humano, y del mismo modo que ningún humano entre al Digital World.
-Yo… quisiera… -tartamudeé antes de dar el paso definitivo. -Quisiera detener a Torkaimon… y a cualquier Digimon que haga lo mismo que me hizo a mí… ¡No quiero ser el paria del Digital World! ¡Quiero que esos malditos paguen por sus crímenes!
-Tienes el mismo espíritu y determinación de tu padre. -me contestó Gargadomon. -Si lográramos borrar de tu pasado tu complicidad con Torkaimon, serías excelente para nuestra patrulla.

Al escuchar esas palabras, no pude evitar esbozar un rostro de felicidad. Quizás porque él era de los pocos que pensaba que debajo de mi apariencia como ex-comandante de las tropas armadas de Torkaimon, se encontraba de verdad la leyenda de los Niños Elegidos. Pero a la vez me molestó mucho la comparación con mi padre, quizás la figura con la que tenía menos afecto de toda mi familia…

-¡Rápido Daisuke! -gritó Gargadomon sacándome de mis pensamientos.
-No me gusta mucho que me comparen con mi padre. -dije un poco molesto pensando bien lo que me había dicho.
-¿Y eso, Daisuke? Kaito Yanami fue un gran héroe para el Digital World…
-Héroe o no… nunca lo he visto como un padre para mí. -contesté rotundamente.
-¿Pero cuál es el problema con tu padre, Daisuke? -insistió Gargadomon cuestionando mi tibieza con el asunto de mi familia.
-Tal vez ha sido como un dios para ustedes, pero para mí… para mí es como si sólo lo conociera cuando se enoja… Nunca le he escuchado decir un “hola” para mí… Seguramente ni estará preocupado ahora que sepa que no he regresado a casa en días…
-Los padres siempre demostrarán su cariño de muchas formas, seguramente Kaito no sepa cómo expresarse. Él siempre ha sido muy reservado… -me contestó mi acompañante. -Pero en el fondo se preocupa por las personas que quiere y ama. Eso te lo puedo asegurar, Daisuke.
-Si dijiste que no lo conociste, ¿cómo puedes decir tantas cosas buenas sobre él? -pregunté al escuchar tantas palabras bellas sobre mi padre.
-Bueno… yo… -comenzó a titubear Gargadomon, como si hubiese dado en el clavo. -sólo me pongo en los pies de tu padre y trataría de pensar como él.

Por fin habíamos llegado a la celda de Piccolomon. Era fácil de descubrir, atado de pies a unas cadenas, y sosteniendo un enorme báculo, de espaldas a nosotros.
-Piccolomon-sama… gritó mi acompañante.
-Hemos venido por usted. -dije.
-¿¡Daisuke!? -gritaron el resto de mis compañeros que nos veían a través del televisor.
-Ho… hola… -dije un poco nervioso. Pero al ver a Gotsumon allí, no pude contener la alegría. -¡Gotsumon!
-¡Daisuke! -preguntó asustado Gotsumon. -¿Qué estás haciendo allí?
-¡Vamos a rescatar a mi madre y a Piccolomon! -contesté alegremente.

La transmisión de televisión se interrumpió bruscamente.
-¡Rápido *pi*! -gritaba Piccolomon al tiempo que abríamos el candado de sus cadenas y su celda. -¡Hay que salir de aquí *pi*!
-¡Pero primero! -grité. -¡Por favor, Piccolomon-sama! ¡Libéreme de estas esposas!
-¡No sucederá nada si te libero *pi*! ¡Hay que huir de aquí *pi*!
-¡Sé de lo que le hablo, Piccolomon-sama! -grité enojado.

Piccolomon, algo molesto pero con un poco de cuidado, con su báculo rompió milagrosamente las esposas que cargaba en mis muñecas.
-Debió haber hecho eso antes, Piccolomon-sama. -bromeé.
-Si lo hubiera podido hacer, lo habría hecho antes *pi*. -gritó enojado.
-Bueno, bueno. -había llegado Gargadomon a parar la discusión y seguir con los planes. -Mejor dejemos de discutir y sigamos. ¿Dónde dijiste que estaba tu madre, Daisuke?
-En la zona sur… -dije con premura.
-Bien, entonces vayamos hacia allá… -dijo mi amigo antes de ser interrumpido por Onagimon.
-¿A dónde creen que van? -gritó Onagimon. -Rakugamon, todavía hay tiempo de que vuelvas con Torkaimon-sama y sus planes de dominar el Digital World, antes de que te mate en serio.
-Pues dile a Torkaimon que prefiero traicionarlo y ser su enemigo que seguir viviendo humillándome frente a él. -le contesté furioso.
-Bien dicho, Daisuke. -me animaba Gargadomon.
-Maldito… ¡te las verás conmigo! -gritó Onagimon ondeando su enorme martillo.
-¡Eso nunca! -gritó Gargadomon al detener el potente martillo de nuestro oponente. -¡Daisuke! ¡Ve a rescatar a tu madre! ¡Yo me encargaré de este sujeto!
-S… sí… -le contesté, llevando de la mano a Piccolomon corriendo hacia la zona sur de los calabozos.

Corrimos hacia la zona sur de la prisión. Por fortuna no encontramos a ningún carcelero cerca de nosotros. Y ahí estaba mi madre, inmóvil como los últimos seis meses, pero a la vez seguía con el mismo rostro de siempre, se veía tan bella cuando duerme (aunque para qué negarlo, nuestras madres son hermosas para cada uno), pero ese líquido en el que estaba suspendida no le hacía mucha justicia.

Me acerqué rápidamente a su “prisión”, y no pude retener en mi interior toda clase de sentimientos encontrados, entre ellos tristeza al ver a mi familia casi desintegrada con la desaparición de mi madre, miedo al ver la cara de muchos Digimon siendo sometidos bajo el mando de Torkaimon, y rabia al recordar todo lo que había hecho para que al menos ese malnacido pudiera cumplir su “promesa”.

-¿Ella es tu madre *pi*? -preguntó Piccolomon.
-Sí… ella es… -contesté con la cabeza baja.
-¡Hay qué sacarla cuanto antes *pi*! -dijo Piccolomon.
-¡Altoo ahií, comandanteee! -gritó un Bakemon dando la señal de alerta al resto de sus camaradas.
-Maldición… los Bakemon… -refunfuñé.
-¡Agárrate de mí *pi*! -gritó Piccolomon.
-¿Qué va a hacer, Piccolomon-sama? -pregunté asustado.
-Ya lo verás *pi*. -me dijo tranquilamente.

Una luz destellante me cegó, y de igual forma a los Bakemon que intentaban rodearnos. De un momento a otro me vi junto con Piccolomon y el tubo donde estaba encerrada mi madre, y frente a nosotros la estructura del castillo de Torkaimon.
-Pero… ¿qué pasó? -pregunté pidiendo una explicación.

Piccolomon sólo sonrió sin mediar explicación alguna.
-¿Y Gargadomon? -pregunté preocupado.
-¡Aquí estoy Daisuke! -gritaba Gargadomon corriendo desde lo lejos hacia nosotros.
-¿Qué pasó con Onagimon *pi*? -preguntó Piccolomon.
-Pues verá… -explicó Gargadomon. -Estábamos enfrascados en una pelea, cuando de pronto Onagimon recibió un llamado de Torkaimon para que abandonara la pelea.
-Eso suena raro. -pensé. -Pero es mejor para nosotros. Ahora a reunirnos con los demás.
-No si yo lo puedo impedir. -escuché decir a lo lejos, logré reconocer su voz, Torkaimon nos había seguido.
-¡Esto no puede ser! -grité asustado.
-Rakugamon… -me contestó. -Has llegado muy lejos, te has burlado de mi como nunca antes lo ha hecho alguien. Pero hasta aquí se acabaron tus fechorías.
-Vámonos de aquí, Daisuke… -me aconsejó Gargadomon.
-No. -le contesté. -Tú vete con Piccolomon-sama y con mi madre y busquen a los niños elegidos.
-¿Pero qué vas a hacer, Daisuke? -me preguntaron mis acompañantes.
-Detener a Torkaimon. -le dije. -Es lo que debí hacer desde hace mucho.

Gargadomon y Piccolomon hicieron caso de mis recomendaciones. Y yo hice lo mío, convertirme en aquel Digimon al que se refería Torkaimon para empezar una lucha de igual a igual, o eso creía. La verdad se determinó en el campo de batalla.

-Te has metido con mi familia, con mis amigos, con todo lo que quería… -le contesté furioso mientras desenfundaba mi espada. -No permitiré que causes daño a los demás ni que te aproveches de nadie más.
-¿De verdad crees que podrás detenerme con tu pequeña espadita? -me contestó Torkaimon con un ataque que nunca había visto durante el tiempo en que lo conocí. Lo único que alcancé a ver fue su mano cruzando mi pecho y atravesando mi espalda… -Rakugamon, es hora de que despiertes…

—————————————————————–

“Ve al mundo humano, Onagimon”… Onagimon seguía recordando la orden que su jefe le dio. Y ahí se plantó, frente a una central de los Vigilantes, sin tener miedo. Confiaba en su fuerza bruta…

—————————————————————–

-¿Ese fue el grito de Rakugamon? -preguntó sorprendido Gargadomon sin dejar de correr.
-Espero que no le hayan hecho nada a Daisuke *pi*. -decía preocupado Piccolomon. -Si uno de los Niños elegidos llega a ser eliminado *pi*… no sé lo que pasará *pi*…
-Confío en que Daisuke sobrevivirá… no por nada es el hijo de Kaito… -contestó el Vigilante.
-Piccolomon-sama… -gritó Gotsumon a lo lejos al ver al grupo de Digimon huyendo de la zona de batalla.
-¡Gotsumon *pi*! ¡Niños *pi*!
-¿Y Daisuke? -preguntó Rina preocupada.
-Está peleando contra Torkaimon… -contestó Gargadomon.

Los niños se asombraron al escuchar esa respuesta. La batalla había comenzado y no existía marcha atrás… Al parecer habían llegado un poco tarde…

————————————————————–

-¿Dónde estoy…? -pregunté aturdido mientras me levantaba del suelo.

Miré a mi alrededor y lo único que vi fue puro blanco. Intenté levantarme y caminar, pero un grillete estaba atado a uno de mis tobillos y a una estaca fuertemente clavada en el piso.
-Ya despertaste, niño. -me dijo un ser que se encontraba frente a mí de espaldas.
-¿Quién eres tú? -pregunté.
-¿No me reconoces? -me dijo. -No puedo creer que lleves utilizándome más de seis meses y no me reconozcas. Durante mucho tiempo serví a Torkaimon-sama, me confinaron a esa prisión y me enviaron a formar parte de tu cuerpo…
-¿Eres… eres Rakugamon? -pregunté. -¿El verdadero Rakugamon?
-Así es, niñito. -me contestó mientras se daba la espalda. -¡Y gracias a Torkaimon-sama pude recuperar mi voluntad! ¡Torkaimon-sama será de nuevo el rey del DigitalWorld y nadie podrá detenerlo!

Continuará…