The Digital World Chronicles – Capítulo 5: Rakugamon y Onagimon contra el ataque tándem de Akio y Mi
oct 1
-¿Cuándo llegaremos? -preguntó Rina. Y así, nos dispusimos a sentarnos en un rincón del pasadizo. Hiroshi, como buen chico, revisaba el mapa para ver hacia dónde debíamos dirigirnos si queríamos llegar al Digital Border y dirigirnos a casa. Me levanté del suelo e inventé una excusa algo vergonzosa para alejarme del grupo. Al momento de decir eso, todos comenzaron a reírse. Y me alejé del grupo. Miraba a cada rato hacia atrás para ver hasta cuándo el débil brillo de las antorchas en las paredes impidieran ver al resto del grupo y, por ende, que ellos no pudieran verme. “Maldición”, me dije, “no hay puertas en este lugar”. Intentaba buscar un lugar en el que no pudieran verme, por si Gotsumon o alguno de los otros intentaba buscarme. Y lo encontré, no era un camino que me permitiera alejarme de los demás. De hecho sólo era una depresión en la pared lo suficientemente amplia para esconderme si me apretujaba. Tomé mi Digivice, e hice lo que debía hacer… -Al fin has llegado, Rakugamon. -me dijo Torkaimon en el instante en que me vi frente a él. Al escuchar las palabras de Onagimon, Torkaimon comenzó a carcajearse. Onagimon gruñó mostrando su desconfianza. Y me retiré del castillo, regresando al pasadizo donde estaban los demás. Aquél pasadizo volvía a ser lúgubre como lo era en un principio. Regresé a donde estaban mis amigos, pero pareciera que me estaban esperando. Al avanzar un poco más, nos dimos cuenta que la temperatura descendía conforme avanzábamos. Y al final, después de un largo caminar, llegamos al final del túnel. Una escalera que llevaba hacia arriba y una escotilla que abrimos. Y vimos el paisaje más blanco y tupido de todos, el ruido del viento y su heladez nos hizo desistir de seguir. Como si mis gritos hubiesen sido escuchados por la naturaleza digital, la tempestad se detuvo de pronto, dejándonos ver los más bellos árboles de pino cubiertos de nieve. Por fortuna encontramos una cueva en las cercanías. Era amplia y al revisarla, nos dimos cuenta que nadie la habitaba. Mejor para nosotros, estábamos cansados y lo que menos queríamos era pelear contra otra bestia. Sacamos las pocas provisiones que quedaban, dejando que los más hambrientos comieran primero. Lamentablemente no era mucho lo que teníamos, así que, como excusa, me tomé la libertad de ir a buscar a solas las provisiones. De un momento a otro, esa pequeña discusión se tornó en un enorme pleito, en el cual Mizuki tuvo que irrumpir para no llegar a mayores. Y allí fuimos Akio, Mizuki y yo como escuadrón de búsqueda de alimentos. Las predicciones de Akio sobre el refresco frío se cumplieron. Al escuchar eso, sentí un nudo en la garganta, al ver pasar por mi mente las revueltas y los cadáveres de mis adversarios. Una escena altamente repugnante, lo sé, pero mientras más pronto pudiera obtener mi recompensa, no importaba nada de eso. Mizuki había recolectado más frutas que nadie. Con ayuda de Patamon, pudieron recoger los frutos de las copas de los árboles. Habíamos llenado nuestras mochilas con los alimentos y las bebidas, y nos dispusimos a caminar, cuando crucé por una zona de nieve blanda, ésta se hundió, y yo con ella. Comencé a forcejear para que la nieve no me absorbiera, pero mis intentos eran inútiles y terminé cediendo ante la nieve movediza. Gotsumon se dio cuenta de lo ocurrido, e inmediatamente me tomó de la mano. Akio y Mizuki se unieron a Gotsumon para sacarme de aquella trampa. Después de tanto esfuerzo, pude salir de la trampa, aunque con un frío que de un momento a otro podría pillar un resfriado. Así que con Gotsumon tomé el camino de regreso hacia nuestro refugio. Tenía mucho tiempo de no haber escuchado esa palabra. “Amigo”, sonaba tan hueca cuando la pronunciaba. Quizás porque no me tomaba en serio eso de la amistad. En ocasiones me preguntaba si eso existía… Con los únicos Digimon con los que había tenido un fuerte compañerismo habían sido con Torkaimon y Onagimon, pero estaba más que claro que sólo me utilizaban como esclavo y yo obedecía todas sus órdenes. Esa pregunta, lo reconozco, fue bastante estúpida, pero desde que he tenido uso de razón, nunca he sido alguien que sea de socializar. Quizás el hecho de estar con Gotsumon y los demás a la fuerza, había logrado que abriéramos unos fuertes lazos que permitieran hacernos salir adelante. Caminamos un poco más y el frío comenzaba a sentirse con más intensidad. Gotsumon se acercó un poco más a mí para no sentir tanto frío. Seguíamos caminando y ya a punto de llegar a la cueva, sentí que algo me tomó de una pierna y jalaba hacia abajo, cosa que me asustó bastante, por eso… La tomé, pero su pequeño cuerpo rocoso no fue suficiente, y terminé vencido por la fuerza de abajo. Caí, y sólo lancé un pequeño grito cuando caí sentado en el suelo subterráneo. ———————————————————– -¿Cree que esté bien que Daisuke y Gotsumon vayan solos, Akio-san? -preguntó Gaomon. La plática de mis “amigos” fue interrumpida por Gotsumon, quien asustado y temeroso buscaba ayuda para rescatar a Daisuke. Aquella sentencia los alarmó y corrieron hacia el lugar donde había desaparecido. Pero al llegar a una especie de puente de nieve, justo cuando Akio y Mizuki cruzaron ese tramo, la nieve se deshizo provocando una ligera avalancha que los arrastró a los dos a lo más bajo de una depresión. Gotsumon, lamentando lo ocurrido, corrió hacia la cueva rápidamente. Tres de nosotros nos “encontrábamos” en problemas. -¿Te encuentras bien, Akio? -preguntó Mizuki al no ver a Akio por los alrededores. Akio sacó su cabeza haciendo notar que estaba sepultado en un montículo de nieve. Caminaron un tramo más, pero el frío comenzaba a sentirse, y se notaba que pronto empezaría una fuerte tormenta. Akio tomó un poco de aire, y casi quebrantándose su voz, dijo: Un fuerte estruendo, como sólo Onagimon lo podía hacer, los sacó a Akio y a Mizuki de sus cavilaciones. Al vernos, los cuatro corrieron hacia la salida del valle. Al salir, se encontraron con una enorme planicie, en la que se encontraban unos pocos árboles en los cuales refugiarse. Los Digimon nos atacaron: Gaomon repartiendo golpes a diestra y siniestra, y Patamon lanzando su Air Shot, pero nada de eso nos hacía siquiera un rasguño. Onagimon parecía disfrutar del evento, puesto que en su rostro se dibujó una enorme sonrisa, y ondeaba su martillo sin cesar. Yo, en cambio, me quedé volando mientras entrecruzaba mis brazos disfrutando del momento y me carcajeaba. Podía ser lento con mis movimientos, pero también podía ser ágil, y a cada golpe de puño que Gaomon lanzaba, podía detenerlo con la misma rapidez que mi oponente. Y en ese instante le lancé un fuerte puñetazo que lo mandó a volar varios metros hacia atrás, al tiempo que Onagimon se encargaba de Patamon. Los Digimon, algo débiles, se levantaron aún adoloridos de los golpes recibidos. Los dos niños estaban acorralados y asustados, sus compañeros gritando y lamentándose de lo sucedido. Nada podía salvarlos, ¿o sí? Como si se tratara de un milagro, los Digivices de ambos niños brillaron con fuerza. Yo, al ser el que los custodiaba, recibí el impacto de esa fuerte luz, dejándome ciego por unos instantes. Éste último asintió con la cabeza, llegando a entender lo que iban a hacer. Ambos fueron envueltos en la luz que emanaba de los Digivices de sus respectivos compañeros, y en unos instantes, ambos fueron transformados a través de la evolución a su forma adulta. Gaomon en una especie de lobo enorme de color azul llamado Gaogamon, y Patamon, en un bello unicornio, el justiciero alado, como le decían muchos, Unimon. Ambos Digimon, aprovechándose de que estaba indefenso, planearon un ataque sin igual: Unimon lanzaba un ataque llamado Holy Shot a Gaogamon, el cual consistía en lanzar bolas de energía a su enemigo, mientras que Gaogamon potenciaba el ataque de su compañero con un Spiral Blow, un tornado que salía de su boca. Aquel ataque fuemuy poderoso, impactándome de lleno y haciéndome perder una considerable cantidad de sangre por un brazo. Onagimon intentó ayudarme, pero unos certeros meteoros de fuego y unos discos giratorios le impidieron hacer eso. Al parecer los cuatro Digimon habían podido llegar a su forma adulta, cuatro contra dos ya era una completa desventaja. Gotsumon se llenó de ira, pero no podía hacer nada. Mientras me recuperaba, observé a Gotsumon y su cara de preocupación y rabia. No sabía que en realidad con quien estaba peleando era contra mí. Recordé sus palabras en el desierto… ——————————————————————— -Bueno… -Gotsumon comenzó a divagar. –Si viera a ese traidor frente a mí, no me contendría y le atacaría con todas mis fuerzas. Por haber ayudado al enemigo y traicionando nuestra confianza. ————————————————————————– Yo sabía que Gotsumon no se merecía tener como amigo a alguien como yo… ¿De verdad se estaba preocupando por mí? ¿Por mí, cuándo no tenía ni idea de mi segunda identidad? -Onagimon… es hora de retirarnos… -le dije algo débil y agarrando mi brazo adolorido. Ambos desaparecimos de la nada como sabíamos hacerlo. Onagimon se dirigió al castillo de Torkaimon. Yo, sin pensarlo, aparecí unos metros más lejos de donde estaban los demás, un grave error… Dejando atrás mi disfraz de Digimon malo, me tomé el brazo herido. Era más doloroso cuando no estaba en esa forma demoníaca. Era insoportable, el simple roce del viento me hacía gritar… -¿Cómo nos encontraron? –preguntó Akio. Hiroshi se sorprendió alver que en el Digivice sólo se mostraba la ubicación de los cuatro presentes, pero ninguna señal de Daisuke. Gotsumon miró a su alrededor. ¿En dónde diablos pudo haberse metido Daisuke? ¿De verdad seguiría enterrado en la nieve? No podía ser… Seguramente ya estaría… Pero una mancha de sangre le hizo cambiar sus pensamientos. “Esa sangre debe ser de Rakugamon”, pensó, recordando qué tan malherido quedó ese Digimon. Notó que la sangre formaba una especie de rastro hacia Rakugamon. No lo pensó dos veces y, a pesar de que sabía que Rakugamon no era alguien con quien se pudiera dialogar (era el enemigo), se armó de valor y siguió el rastro. Ni las palabras de los demás le hacían desistir. Había caminado algunos 200 metros desde donde estaban los demás, cuando vio a alguien reposando malherido sobre una roca. Vio que era yo el que estaba ahí tendido. Gotsumon no hizo caso a mis gritos, y se acercó hacia mí. Me miró y se alarmó al verme malherido. De un instante a otro, se quedó sorprendido a tal grado que no pudo ni terminar su frase. Quizás porque notó que me encontraba malherido en la misma zona del cuerpo en donde Rakugamon había sido atacado hacía unos minutos… Continuará…
-Según el mapa, -contesté. -sólo faltan unos 10 kilómetros.
-¿Tanto? -protestó de nuevo. -¡Ya me duelen mis pies!
-¡A mí también! -dijo Mizuki.
-Creo que si las mujeres están cansadas, podemos darnos un descanso. -dijo Hiroshi. -Además, yo también estoy cansado, y Kamemon también.
-De acuerdo. -dije. -El Valle del Hielo no se irá de su lugar.
-A ver… -dijo Hiroshi mientras con su dedo señalaba los puntos en el mapa. -En unos instantes ya deberíamos estar debajo del Valle del Hielo. Pero la salida está más adelante. Después de eso, deberemos caminar un poco más y llegaremos a una planicie donde se encuentra el Digital Border.
-¿Y noiremos a rescatar a Piccolomon? -pregunté.
-Bueno, eso… no lo había tomado en cuenta.
-¿Quieres ir a rescatar a Piccolomon? -preguntó Mizuki. -¿Y por qué ese afán?
-Recordemos que él mismo nos lo pidió. -rectifiqué. -Así que no tratemos de portarnos duros con él.
-Pe… ¡pero ya viste qué fuertes son Onagimon y Rakugamon! -dijo Gotsumon. -¡Si son así de fuertes, no quisiera imaginar cómo será estar ante la presencia de Torkaimon!
-Gotsumon, debemos mantenernos firmes. -le dije. -Estoy seguro que si demostramos todo nuestro potencial, podemos vencer a tres o cuatro demonios más.
-Con su permiso, pero debo resolver algunos asuntos… creo que ya me entienden. -bromeé mientras me rascaba la cabeza.
-¿Quieres que te acompañe, Daisuke? -preguntó Gotsumon.
-¡Claro que no! -le dije. -¡Puedo ir al baño yo solo!
-Lamento la tardanza, Torkaimon-sama. -le dije mientras me inclinaba frente a él. -Han sucedido muchas cosas desde la última vez que me presenté y…
-Déjate de excusas. -contestó Onagimon. -Es más que obvio que ya te aliaste a esos niños elegidos.
-¡Eso no es cierto! -le grité. -Además, ¿dónde están tus respetos? ¿Eh? ¡Ya te he dicho mil veces que me llames Rakugamon-sama!
-Pensé que no le gustaba ese sobrenombre. -contestó Onagimon.
-Ya me he acostumbrado, Onagimon. -le dije. -Pero bueno, no vine a discutir con mi subordinado, señor.
-¿Entonces a qué has venido, Rakugamon? -me preguntó Torkaimon con un tono que pareciese que comenzara a desconfiar de mí.
-Vine a avisarle que su prisionero, Piccolomon, ha contactado con los niños elegidos a través de la televisión.
-¿Qué has dicho, Rakugamon? -gritó Torkaimon furioso.
-Así es. -afirmé. -Y eso no es todo. Piccolomon le ha dicho a esos niños que estoy infiltrado en su grupo. No precisamente señaló a alguien en específico pero lo dejó entrever.
-¡Ese maldito Digimon rosa! -refunfuñaba Torkaimon. -¡Pero ya se las verá conmigo!
-Pero no se preocupe, Torkaimon-sama. -le dije. -Ahora mismo los estoy llevando al Valle del Hielo.
-¿Pretendes traerlos a mi castillo?
-Así es, Torkaimon-sama. De esa manera podrá encargarse de ellos como sólo usted sabe hacerlo. Si siguen evolucionando, sólo usted podrá vencerlos.
-Eres muy inteligente, Rakugamon. -me dijo. -Sabes aprovechar las oportunidades y luego lanzar tu ataque. Podría decirse que te pareces mucho al verdadero Rakugamon.
-No me halague tanto, Torkaimon-sama. -le dije.
-¡Torkaimon-sama! -protestó Onagimon. -¡Este niño ha estado aliándose con el enemigo! ¿Y todavía lo alaba?
-¡Onagimon! ¡Eres tan divertido! ¡Por supuesto que Rakugamon no podría abandonarme! Sabe bien lo que pasará si lo hace.
-Sé que no me quieres como tu jefe inmediato, ¿pero qué se le puede hacer? Torkaimon-sama ya ha dado la última palabra. -le dije a Onagimon. -Por cierto, ya te dije que debes darte un baño.
-Torkaimon-sama, -le dije a mi jefe. -Debo retirarme. No pueden darse cuenta de que estoy hablando con usted.
-¿Dónde estabas? -preguntó Gotsumon.
-Yo… estaba… -contesté temeroso.
-¡Seguramente fue a lanzar el topo! -contestó Akio.
-¡Qué asqueroso! -gritaron Rina y Mizuki.
-Bueno ya… Akio dijo lo que hice. -dije avergonzado. -¿Seguimos?
-Hace… ¡mucho frío! -grité.
-¡Seguramente los árboles de refresco estarán excelentes para beber! -bromeó Akio.
-¡Akio! -le recriminó Mizuki. -¡No estamos para bromas!
-Mizuki tiene razón, -dije. -Debemos buscar una cueva para refugiarnos esta noche.
-¡Yo…! ¡Yo iré contigo! -se ofreció Gotsumon de inmediato.
-No es necesario, Gotsumon. -le dije. -No hay mucho peligro ya.
-¡No importa! ¡Es mi deber acompañarte!
-¡Basta los dos! -gritó Mizuki. -Gotsumon tiene razón, en cualquier momento podrían venir esos sujetos de Onagimon y Rakugamon y atacarles.
-Bueno, en eso tienes razón… -pensé…
-Además si vamos cuatro, podremos recolectar más cosas. -dijo Mizuki.
-Seis. -recriminó Akio. -Gaomon y yo también iremos.
-De acuerdo, de acuerdo. -dije resignado. -Si quieren, vamos todos y ya, ¿no?
-Aquí hay más frutas silvestres, Akio-san. -dijo Gaomon mientras recolectaba frutas.
-¡Y aquí hay hamburguesas! -dije mientras veía otro extraño árbol cuyos frutos iban en contra de las leyes de la naturaleza.
-Oye… Gotsumon, -pregunté para cambiar la conversación. -¿Por qué no hay más Digimon por la zona?
-Todos tienen miedo de Torkaimon y su banda. -me dijo Gotsumon.
-¿De verdad son tan malos? -preguntó Mizuki.
-Había una aldea a unos 5 kilómetros de aquí. -contestó Gaomon. -Onagimon la destrozó en un abrir y cerrar de ojos.
-Y qué decir de Rakugamon. -dijo Patamon. -Él mismo ha dado muerte a cinco Vigilantes de la Frontera.
-Entonces son muy malos… -dije.
-Y mucho. -terminó Gotsumon.
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon asustado mientras me jalaba lo más fuerte que podía.
-¡Rápido Gotsumon! ¡Me estoy hundiendo! -grité desesperado.
-¡Tengo frío! -dije mientras tiritaba de frío.
-Será mejor que regreses a la cueva para que te calientes un poco. -me recomendó Mizuki.
-Tienes razón. -dije mientras seguía tiritando de frío.
-Debemos regresar pronto, o pillarás un resfrío. -me dijo Gotsumon.
-S… sí… -dije aún con frío. -O… oye… Gotsumon…
-Dime, Daisuke… -dijo mi “amigo” de roca.
-¿Por… por qué me salvaste? -dije mientras me abrazaba para no sentir tanto frío.
-Porque eres mi amigo, ¿o no? -dijo Gotsumon.
-¿A… amigo? -pregunté.
-¿ Y tú me consideras un “amigo”? -pregunté.
-Por supuesto… -dijo Gotsumon. -Siempre me defiendes cuando me meto en problemas contra Onagimon y Rakugamon…
-Rakugamon… -pensé en voz alta. -¿Y yo podría ser un buen “amigo”?
-¡Por supuesto! -contestó Gotsumon. -Le salvaste la vida a Hiroshi y a Kamemon, ¿por qué no podrías ser un buen amigo?
-Por… por nada. -le dije a Gotsumon antes de soltar un fuerte grupo de estornudos.
-Si tan solo fuera de fuego… -me dijo para que no me molestara.
-No te molestes, Gotsumon. -le dije mientras tomaba un pañuelo de tela para eliminar el flujo nasal.
-¿Sabes, Gotsumon? -dije como si intentara comunicarle algo a mi amigo. -Quisiera vencer a Torkaimon…
-¿Por qué dices eso? -preguntó Gotsumon.
-Quizás si lo vencemos, podremos vivir en paz y regresar a casa sin problemas. -le dije.
-Go… ¡Gotsumon! ¡Algo me está jalando! -le grité asustado.
-¡Toma mi mano, Daisuke! -gritó Gotsumon mientras estrechaba su mano.
-Qué bien que lo encuentro, jefe Rakugamon. -escuché que alguien me hablaba.
-Onagimon, qué oportuno eres. -le dije.
-¿Está enojado, jefe? -me preguntó de nuevo Onagimon.
-No, para nada. -contesté antes de volver a estornudar como seis veces.
-¡No se haga, Rakugamon! -me gritó al momento en que me jalaba de un brazo. -¡Sé perfectamente que estás trabajando para esos niños!
-¡No es cierto, Onagimon!
-¿Ah no? -me gritó. -¡Yo mismo escuché que quieres vencer a Torkaimon-sama!
-¡Lo dije para no desentonar con el instante! ¡Y para que lo veas, esta vez ya que me has arrastrado hasta aquí, hagamos un ataque combinado! ¿Hora de demostrar la fuerza de mi subordinado?
-Por supuesto, saben cuidarse solos.
-Creo que también deberíamos ir con los demás. -recomendó Mizuki.
-¡Daisuke…! ¡Daisuke fue…! -balbuceaba Gotsumon quien no podía ni pronunciar una frase completa.
-Cálmate, Gotsumon. -le dijo Patamon.
-¡No puedo! ¡Daisuke cayó en una trampa de nieve!
-¡Akio-san! -gritaba Gaomon.
-Si tan sólo tuviera sabor, el helado estaría perfecto. -dijo Akio.
-¡No es tiempo para bromas, Akio! -le recriminó Mizuki. -¡Debemos buscar cómo regresar a la cueva!
-Una broma de vez en cuando no es nada. -dijo Akio.
-Deberíamos buscar en cómo regresar en vez de bromear. -dijo Patamon.
-Patamon tiene razón, Akio-san. -dijo Gaomon.
-¿Por qué bromeas tanto, Akio? -preguntó Mizuki.
-Porque cuando bromeo, siento que mis problemas se van.
-¿Qué clase de problemas?
-Padres divorciados, eso es lo que pasa…
-Cuánto lo siento… -dijo Mizuki disculpándose.
-Pensándolo bien… -reflexionó Akio. -No sé qué es peor… si lo mío o lo de Daisuke.
-No sé… -dijo Mizuki. -Pareciera que a Daisuke no le afectara mucho…
-¡Por fin! ¡Un par de niñitos indefensos! -dije mientras me metía más y más en mi papel de Digimon malo y me acercaba hacia ellos.
-¡Y unos Digimon, los olvidó jefe! -me reprendió Onagimon.
-¡Perdón Onagimon! -le dije riéndome. -¡Unos Digimon en etapa de niñez! ¡No serán problema para nosotros!
-¡No puede ser! -gritó Mizuki.
-¡Hagan lo que quieran! -grité. -¡Nada de eso nos lastima ni un poco! ¡Onagimon!
-Dígame, jefe.
-¡Haz lo tuyo!
-¿Por qué nos atacan? -gritaba Mizuki mientras el grupo de niños huía del martillo de Onagimon.
-¿Aún no lo entienden? -contesté con pereza y en un tono más que burlón. -No permitiremos que interfieran en los planes de Torkaimon.
-¡Y una mierda con Torkaimon! -gritó Gaomon.
-¿Qué dijiste, perro? -grité furioso mientras me plantaba frente a él.
-¡Gao Rush! -gritó mientras intentaba golpearme con rapidez con sus puños.
-¡Maldición! -soltó Gaomon al verse vencido.
-¿Qué? -me burlé. -¿No tienes nada más qué hacer, perro?
-¿Qué vamos a hacer, Gaomon? -preguntó Patamon.
-¡Akio-san! -gritó Gaomon sin escuchar a Patamon, al ver que ambos estuvimos a un instante de atrapar a Mizuki y a Akio.
-¡Mis ojos! -grité al mismo tiempo que me llevaba las manos a la cara y los niños escapaban de mi prisión. -¡No puedo ver nada!
-¡Rakugamon-sama! -gritó mi servicial esbirro tratando de auxiliarme dejando a Gaomon y a Patamon libres para hacer lo que fuese necesario.
-¿Estás listo, Patamon? -preguntó Gaomon.
-¡Seguramente fueron ustedes! –gritó Gotsumon quien se encontraba con Rina y Hiroshi. -¿Dónde está Daisuke?
-¿Daisuke? –gritó Onagimon. -¿Ese niñito malcriado? Seguramente debe estar tres metros bajo la nieve.
-¿Y piensas que ese “traidor” podría tener sus motivos para ser ayudante del bando enemigo? –pregunté nuevamente.
-Uno no puede servir a dos reyes. –contestó incesantemente Gotsumon. –Pero no te preocupes, Daisuke. Si llego a ver a ese sujeto, no sabes la que le espera.
-De acuerdo… -me dijo resignado.
-Hiroshi se dio cuenta que el mapa del Digivice indicaba la ubicación de ustedes tres. –dijo Rina.
-¿Tres? –preguntaron Akio y Mizuki al unísono.
-Pero si sólo estábamos nosotros dos. –dijo Mizuki.
-¿Entonces…? ¿Entonces Daisuke no estaba con ustedes? –preguntó Gotsumon algo triste con eso.
-No, no lo hemos visto para nada. –contestó Akio.
-¡Pero…! ¡Pero si vimos la ubicación de ustedes tres! –siguió Hiroshi de necio, tomó su Digivice y siguió hablando. -¡Miren! ¡Aquí están los tres…! ¿Dos? ¡Pero si juro que estaban los tres aquí y…!
-¿A dónde vas, Gotsumon? –preguntó Piyomon.
-Quédense donde están. –dijo Gotsumon sin voltear hacia Piyomon. –En un instante regreso.
-¡Daisuke! –gritó al verme. -¿Eres tú?
-¡Aléjate, Gotsumon! –grité apretando los dientes entre mis sollozos de arrepentimiento y dolor y me agarraba el brazo herido con fuerza.
-Pero… Daisuke… -dijo Gotsumon.
-¡Vete de aquí! –grité de nuevo para que no me viera herido.
-¡Daisuke! –gritó Gotsumon. -¿Quién te hizo…?
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