The Digital World Chronicles – Capítulo 21: El regreso de Rakugamon
oct 25Oscuridad… la misma oscuridad que había conocido hace seis meses… No me desagradaba para nada esa oscuridad, seis meses habiendo vivido dentro de ella me habían hecho acostumbrarme a algo así… Sin embargo, mi lugar no era allí… No, mi lugar era en otra parte, con mis amigos, mi hermana y mis padres… Pero… debo hacer hincapié en que por un instante me sentí invencible, capaz de hacer todo lo que en el mundo real me era imposible hacer… En el mundo real era solo un simple niño, pero en el Digital World mi sola presencia… bueno, más bien la de Rakugamon… causaba temor en cuanta aldea me paraba. Sí, eso era.
Pero a la vez me sentía incómodo, ese lugar no era para mí, sólo era manipulado por esos malditos Digimon logrando que hiciera todo el trabajo sucio que ellos no se atrevían a hacer, pero que si quisieran, eran capaces de eso y más… Sí, eso era.
“Ayano-chan”… me dije una y otra vez. “Lamento haberte metido en esto”… ¿Por qué jamás pude haberme imaginado que mi padre había sido el héroe del que tanto hablaban en esa zona? ¿Por qué había sido tan ciego cuando casi todo mundo lo sabía en el Digital World? ¿Cómo no pude imaginarme que mi hermana resultaría afectada en un asunto en el cual me involucré para evitar que algo como esto pasara? Tal vez y Torkaimon-sama tenía razón… calladito estaba mejor.
Pero no… no quería obedecerlo… Porque no soy como ellos.
-Oye… niño Yanami… -escuché que alguien me hablaba.
-¿Quién… quién es? -pregunté.
-¿Acaso no me reconoces? -preguntó aquella voz.
-Si pudiera verte, te lo diría. -dije un poco confundido.
-Tus ojos son las ventanas de mi prisión. -contestó aquel ser. -Así que si los abres, esta sala se iluminará.
Hice caso a aquella “persona” o lo que fuera que me hablaba, y en ese entonces abrí los ojos. Al voltear a mi alrededor, nuevamente vi puro blanco.
-Ya veo… eres tú, Rakugamon. -contesté serio al recordar el mismo instante de hacía algo de tiempo.
-Veo que todavía me reconoces, niño Yanami. -contestó aquel Digimon cuando volteé a mirarlo.
-Debería hacerlo, Rakugamon. Estuve seis meses entrenando contigo.
-Eso es perfecto… -dijo el Digimon algo debilitado. -Por un instante creí que te habías olvidado del gran Rakugamon-sama.
Así, pude ver al que había sido un antiguo compañero de aventuras, lamentablemente no fueron los mejores momentos de mi vida, pues sólo estaba disponible para cumplir las órdenes de mi antiguo jefe. Por fortuna no había manera de poder atacarlo, su condición no era la mejor en ese instante. Encadenado casi virtualmente ya que no había a dónde encadenarlo, no tenía manera ni de levantarse.
-¿Por qué no me liberas de aquí? -preguntó. -Hace rato que estoy en esta posición, y no soy de los que les gusta estar sin hacer nada.
-¡Así que sólo para eso me necesitas! -grité furioso. -¡No solo te conformas con haber asesinado al Digimon de mi padre, sino que también quieres que todo lo olvide como si nada!
-Si más no recuerdo, tú llevabas mi espada en aquel momento, así que prácticamente tú asesinaste a Gargadomon…
-Si piensas que puedes intimidarme o hacerme cambiar de opinión, estás muy equivocado.
Así, Rakugamon comenzó a carcajearse. No podía entender cómo podían burlarse de algo tan serio, pero al final lo entendí, esa era su naturaleza.
-¡Veo que sabes muy bien las cosas! Así es, yo le di el golpe final antes de que pudieras vencerme. Y me gustó hacerlo, quería darle su merecido a aquel Digimon, hace treinta años tu padre y él nos engañaron, y ya era hora de que cobrara mi venganza.
-Así que estás enojado con mi padre… Entonces, ¿por qué yo? ¿Qué tenía que ver en sus asuntos? -grité pidiendo una explicación.
-Torkaimon-sama conocía de tu existencia y de la de la otra niña desde el instante en que ambos nacieron. A él le irritó que ustedes dos pudieran ser esos niños elegidos hijos del elegido, por eso mandó a Onagimon para que los vigilaran muy de cerca… No imaginábamos que vendrían a la misma ciudad en la que vivían todos los nuevos elegidos. Al parecer Yggdrasil sabía de nuestros planes, maldita sea… -dijo refunfuñando antes de callarse.
-Como sea, ¿qué es lo que pretendes intentando contarme todo eso?
Rakugamon sólo movió la cabeza y puso un gesto de desagrado al escuchar esa pregunta.
-¿Podrías dejar de hacer esa pregunta? Kaito era igualito… Hartaba escuchar ese tipo de preguntas, y con esa voz que tenía… -dijo Rakugamon muy enojado.
-Si quieres que te libere, olvídalo. -contesté. -No lo pienso hacer.
-¿Ni por esa mocosa a la que llamas Ayano que fue secuestrada por Onagimon? -preguntó.
Al escuchar el nombre de mi hermana, no pude dejar de mirar a aquel Digimon. ¿Cómo es que conocía sobre mi hermana?
-¿Cómo sabes su nombre? ¿Cómo sabes de ella? ¿Cómo sabes que la secuestraron? -pregunté gritándole.
-Deja de hacer esas preguntas tan irritantes… -volvió a gruñir aquel Digimon.
-¡Respóndeme de una maldita vez,Rakugamon! -volví a gritar muy enojado ante esas “evasivas”.
-Tus ojos son las ventanas de mi prisión. -contestó con un tono muy desagradable. -Veo todo lo que ves, escucho todo lo que escuchas. Sé que Torkaimon-sama está muerto, y que Onagimon sólo hace de las suyas en tu mundo.
-¿Y por qué piensas traicionar a Onagimon? -pregunté aún desconfiado.
-Onagimon es un idiota, y tú lo sabes bien. -comenzó a relatar ese Digimon. -Además los demonios no nos regimos por las normas de camaradería. La única razón por la que juré servir a Torkaimon-sama fue para poder pelear a mi antojo. Él ha sido el único que ha sabido comandar bien a sus tropas, y eso me ha permitido poder explotar todo mi poder al máximo. Onagimon solo era mi subordinado, siempre lo consideré un inútil que no puede hacer nada sin ayuda de Torkaimon-sama.
-¿De verdad odias a Onagimon? -pregunté asombrado.
-No lo odio, sólo lo detesto. Es una burla para los de nuestra apariencia. Además, en tu mundo no hay ningún oponente fuerte, a excepción de él.
Sin embargo, le di la espalda y le pregunté:
-¿Y cómo sé que puedo confiar en ti? La última vez que dejé que tomaras mi conciencia asesinaste al Digimon de mi padre, y por tu culpa me enjuiciaron.
-Te dije anteriormente que no hay nadie fuerte en tu mundo a excepción de Onagimon, además, ¿no piensas ayudar a tu hermana?
-Sí, eso es lo que quiero… -contesté bajando la mirada recordando a Ayano siendo “robada” por aquel monstruo…
-¿Entonces qué esperas? -preguntó Rakugamon muy ansioso. -Libérame de aquí.
-¿Y cómo lo puedo hacer? -pregunté. -Onagimon te encerró allí, yo no puedo hacer nada…
-Onagimon es un idiota. -contestó Rakugamon interrumpiéndome. -Y pronto te darás cuenta, lo único que debes hacer es despertar para notarlo…
————————————————————————
Ahora solo escucho el bullicio de la gente… ¿Bullicio? ¿De dónde? Igual yo me sigo haciendo esa pregunta. Pero ahora solo presto atención a las palabras de mi madre pidiendo que despertara. Sí, eso fue lo que pasó entonces…
-¿Mamá? ¿Papá? -pregunté despertando apenas.
-¡Daisuke! ¡Qué bueno que estás bien, hijo mío! -gritó mi madre en un tono que mezclaba felicidad y llanto.
-Daisuke… -dijo mi padre con el mismo tono de siempre. -¿Qué fue lo que pasó?
-Nos enfrentamos a Onagimon, papá… -dije recordando lo que había ocurrido. -Pero era muy fuerte, y muestros Digimon no pudieron evolucionar.
-Eso supuse al ver a los Bakemon trayéndote hasta acá.
-Eso tengo entendido… -dijo un señor vestido como militar, parecía tener ya sus años, pues en su pelo ya empezaban a mostrarse algunas canas.-Supongo que tú serás Daisuke, el hijo de mis amigos Kaito y Misuzu. Mi hijo me ha hablado muchas cosas buenas de ti.
-¿Y usted quién es? -pregunté algo confundido pensando en que aquel señor pudiera entender de lo que estábamos hablando.
- Minombre es Isao Abe. -dijo el señor. -Y conozco a tus padres desde el incidente Digimon de hace treinta años.
-¿Usted también viajó al Digital World? -pregunté asombrado, sin lograr llegar a creer que otro de los elegidos de aquella época estuviera junto a nosotros.
-¡Papá! -era la voz de Hiroshi. -¡Akio! ¡Ven aquí! ¡Tu papá también está con Daisuke!
-¿Hiroshi? -preguntó el señor Abe. -¿Cómo está la familia?
-Están en otro domo, papá. -dijo Hiroshi.
-¿Hiroshi? ¿Akio? -pregunté.
Me sorprendí al escuchar ese saludo con toda naturalidad. Increíble… el padre de Hiroshi había sido uno de los elegidos de años anteriores… Al recuperarme casi por completo, me levanté y logré notar algo que no me había imaginado: el bullicio provenía de toda la gente a nuestro alrededor, pude verla asustada, niños llorando, otros abrazados, y Bakemon, cientos de Bakemon intentando contener a la multitud.
-¿¡E… En dónde estamos!? -grité asustado.
-Esto es el domo 1 del centro de convenciones de Ciudad del Valle. -dijo otro militar que estaba junto a nosotros. -Al parecer esos monstruos hicieron suyo este lugar.
-¿Y usted es…?
-Ichiro Sasaki, a sus órdenes. -dijo aquel señor muy respetuoso. -Y si me preguntas, muchacho, no tengo idea de lo que pasa aquí.
-Es una historia muy larga, teniente Sasaki. -contestó el señor Abe. -¡Hiroshi! ¿Dónde estabas?
-Bueno, yo… -contestó Hiroshi algo asustado. -¿Cómo está Ayano?
Cuando Hisorhi mencionó el nombre de Ayano, todos posaron su mirada sobre mí, a lo cual, no pude hacer nada más que mencionar la verdad.
-Nos acorralaron, y se la llevaron…
-Ese maldito Digimon azul… -dijo mi padre molesto. -No debí confiar en él, no debí llevarlo a casa.
-¡Papá, te equivocas! -dije. -¡V-mon es bueno! ¡Hasta evolucionó para intentar ayudarnos! Pero sus esfuerzos fueron inútiles…
-¿De verdad? -preguntó Akio. -Yo que creía que ese Digimon era solo un saco de huesos color azul…
-¡Ahí están! -gritó Rina quien junto con Mizuki venía por otra parte del domo.
Sus papás no querían venir, quizás porque hasta donde sé, se habían peleado años atrás. Pero aun así, no era el motivo suficiente como para volver a unirse por estar todos acorralados.
-¿Pero qué pasa? -pregunté al vernos todos reunidos. -¿Por qué nos trajeron aquí? ¿Y los Digimon?
-Se los llevaron a otro lado… -dijo Mizuki triste. -Por fortuna nos dejaron nuestros Digivices, pero…
-¿Pero qué? -pregunté otra vez.
-Pero no podemos hacer nada. -dijo Rina. -Es como si en este lugar, los Bakemon fueran inmunes a la luz de estos aparatos.
-Intentamos hacerlo hace unos minutos, pero preferimos retirarnos antes de que nos hicieran daño. -dijo Akio.
-Las puertas están selladas, no podemos salir, y se necesitaría una enorme fuerza para poder abrir las estructuras de acero del domo.
-¿Entonces no podemos hacernada aquí? -pregunté mirando mi Digivice. -Maldita sea…
Revisé las opciones del mapa, y logré notar que todos los puntos estaban reunidos, excepto uno blanco, que se encontraba a las afueras de la ciudad.
-Allí debe estar Ayano… -dije en voz baja.
-¿Qué intentarán hacerle? -dijo mi madre preocupada.
-No lo sé… -dijo mi padre muy molesto.
-Tenemos qué rescatarla de cualquier manera… -dije. -Pero… ¡Maldita sea! ¡Si tan solo pudiera…!
-Onagimon es un idiota, y pronto te darás cuenta…
¿Cómo me iba a dar cuenta? ¿Cómo? Erróneamente pulsé el botón equivocado del Digivice, y pude notar el listado de Digimon. No era esa parte que revisara a menudo, así que lo que noté fue algo que me dejó boquiabierto. Dos Digimon disponibles para uso… Lamentablemente Motimon no estaba cerca del lugar, según lo que informaba el aparato, pero…
-¿Rakugamon? -pregunté en voz alta.
-¿Dijiste algo Daisuke? -preguntó mi padre.
Rakugamon estaba en la lista de Digimon disponibles. Tenía razón… Onagimon era un tonto. Recordé lo que había pasado en la calle cuando Onagimon nos acorraló. Era la misma descarga que recibí en ese entonces, la que me había quitado a Rakugamon. ¿Onagimon podía ser tan tonto como para poder revertir ese proceso? Tal parecía ser que sí. Pero eso no importaba ahora, lo que importaba era otra cosa…
-Papá… mamá… señores… amigos… -dije en voz baja. -Lamento mucho haber causado tantos problemas en el Digital World… No solo manché mi nombre en ese lugar, sino que también manché el nombre de mi padre…
-¿De qué hablas, Daisuke? -preguntó mi madre sin entender lo que pasaba.
-Mamá… yo… -fue en ese instante en que algunas lágrimas escurrieron de mi mejillas. -sólo quería salvarte, no tenía en mente otra cosa… Ahora sé que hice mucho daño, que incluso traicioné la confianza de las personas que creían en mí… Amigos… lamento haberlos metido en este asunto…
-No tienes que disculparte, no estamos para nada enojados contigo. -dijo Hiroshi.
-Cierto. -dijo Rina. -yo también hubiera hecho lo mismo si hubiera estado en tu situación.
-Se nota que Daisuke es un muchacho muy noble y lleno de sentimientos. -contestó el señor Abe.
-¿A qué viene todo esto, Daisuke? -preguntó papá.
-Creo que hay una forma de salvar a Ayano. -dije.
-¿Y cuál es esa forma? -preguntó mi madre algo aterrorizada.
-Papá… ¿recuerdas que te dije que podría transformarme a voluntad en aquel demonio que conocen como Rakugamon? -pregunté.
-¿Quieres decir que…? -preguntó mi padre muy asustado.
-Así es… .dije bajando la mirada. -Si queremos salir de este lugar y salvar a Ayano de las garras de Onagimon, debo hacerlo.
-¡No te permitiré que lo hagas! -gritó mi madre.
-¡Yo tampoco! -gritó mi padre. -¡Bastante tienes arriesgando tu vida con haberte ido al Digital World a solas, buscando rescatar a tu madre! ¡No permitiré que vuelvas a irte!
-¡Tengo qué hacerlo! -grité. -¡No puedo quedarme aquí viendo cómo Onagimon se sale con la suya!
-¡Pero también tengo qué ver por ti! -dijo mi padre.
-¿Desde cuándo te preocupas tanto por mí? -pregunté algo incómodo.
Mi padre sólo guardó silencio unos segundos.
-Siempre me he preocupado por ti, Daisuke.
-Casi nunca me haces caso, y si lo haces sólo es para regañarme… -dije entonces. -¿Cómo puedes decir eso?
-Todo empezó hace cuatro años, en aquel accidente de auto. -dijo mi padre. -¿Lo recuerdas?
———————————————————–
Sí, había sido hace cuatro años en Ciudad Roja, mi ciudad natal, y esa imagen la tengo grabada todo el tiempo…
-¡Gracias por el helado, papá! -dije mientras disfrutaba de un rico helado de vainilla.
-Es lo menos que puedo hacer por mi niño genio, Daisuke. -dijo mi padre felicitándome.
-Mi maestra dijo que tengo la mejor caligrafía de todo el salón. -dije orgulloso mostrando mis primeros trazos.
Entonces nos detuvimos frente al semáforo en rojo. Yo estaba sentado del lado derecho del auto, justo a un costado de mi padre. Fue una pésima elección de asiento, lo sé… Al ponerse el semáforo en verde, mi papá avanzó, pero al parecer un conductor de camioneta pesada en pleno estado de ebriedad no se había percatado del cambio de luces del semáforo, y dejó que su vehículo avanzara.
Siempre me gustaba mirar del lado de la ventana, así que me percaté de aquél pesado automóvil que venía a toda velocidad desde mi lado. Lamentablemente mi padre no pudo hacer nada para esquivarlo, y cuando vi la defensa de la camioneta justo frente a mí, sólo grité…
———————————————————–
Dolor… eso era lo único en lo que podía pensar. A pesar de la cantidad de tubos y jeringas conectadas a mí, el dolor era tan insoportable que no podía ni hablar. Al despertar, pude ver a mi padre con algunos vendajes en la cabeza y en los brazos.
-¿Estás bien, Daisuke? -preguntó mi papá.
Más adelante me contaron que mi padre había salido con unos cuantos rasguños de aquel accidente, pero que yo no había corrido con la misma suerte. Es una fortuna haber salido con vida de ahí, pero en ese instante, eso era lo de menos. Y el conductor de la camioneta fue enviado a prisión por conducir en estado de ebriedad.
-Yo… yo… -eso fue lo único que pude decir.
-Tranquilo, no hables. -dijo mi padre. -Todo está bien, estás aquí con tu padre.
-¿Y mamá…? -pregunté.
-Se quedó en casa a cuidar a Ayano. Mañana vendrá, mientras tanto yo me quedaré esta noche a vigilarte.
-Tengo miedo, papá… -dije a punto de llorar.
-No llores, Daisuke. -dijo mi padre acariciándome la cabeza, pues eso era lo único que podía hacer por mi condición. -Nada malo te va a pasar. Prometo que estaré allí para protegerte.
Todas las noches mi padre me contaba un cuento para que pudiera dormir, y así fue por casi un mes. Desde entonces, no recordaba a mi padre tan atento como entonces. Nunca se despegó ni por un momento de mi habitación del hospital…
———————————————————
-Prometiste que estarías allí para protegerme. -dije.
-Y trato de hacerlo en todo lo que se pueda. Lamento si en ocasiones te hice sentir relegado, pero cada vez que llaman de la escuela porque te ha pasado algo, siempre voy a ver lo que pasa. Pero a la vez quiero que salgas por tus propios medios… No sabes cuánto agradezco a diario el que estés vivo, y que toda la familia estuviera reunida…
-Papá… -dije llorando. -Gracias por todo…
En ese instante, tanto Akio como Hiroshi abrazaron a sus respectivos padres.
-Quisiera saber cómo están los demás. -dijo Hiroshi.
-Extraño a mamá… -dijo Akio.
Rina y Mizuki se abrazaron ambas.
-Quisiera que mamá y papá no se pelearan tanto. -dijo Mizuki.
Pero el tiempo era oro, y cada instante que pasaba, Onagimon estaba a un paso más de hacer algo a Ayano. Todos los presentes sabíamos a la perfección que nosotros éramos una gran amenaza a Onagimon en su plan de conquistar el Digital World, y haría todo lo posible por eliminar a uno de ellos, aunque fuera en el mundo real.
-No podemos perder más tiempo. -dije.
-No quiero perder a nadie de la familia otra vez. -dijo mi padre como si con esos argumentos lograra que cambiara de opinión.
-Papá… tengo qué hacerlo… Nadie más que yo puedo hacer algo aquí… Lo hago por Ayano, para rescatarla de ese Digimon. No quiero que le pase nada a Ayano-chan…
No entiendo qué pasó entonces, pero mi padre bajó la mirada y dijo.
-Esta bien, ve.
-¿Qué dices, Kaito? -gritó mi madre asustada.
-Yo también arriesgué mi vida aliándome con esos Digimon para rescatar a la persona que más quiero. -dijo mi padre. -Si eres el único que puede salvar a Ayano de ese maldito, entonces no me queda más opción que dejarte ir. Sólo ten cuidado.
-De… de acuerdo, mamá, papá… -dije. -Tendré mucho cuidado.
Volteé hacia mis amigos, y les dije:
-Espero no se asusten de volver a ver a quien les hizo la vida imposible todo el fin de semana en el Digital World.
-Yo solo quiero salir de aquí. -contestó Mizuki.
-Todos queremos salir de aquí. -respondió Hiroshi. -Me da igual si el que nos va a ayudar es un antiguo enemigo.
Tomé mi Digivice, y haciendo un movimiento de manos (el cual había inventado), oprimí los botones correspondientes, haciendo que una especie de aura me envolviera. Y lo noté. Esta vez era diferente. No era una gran pesadez como la que sentí anteriormente, esta vez era otra cosa. Una enorme metamorfosis ocurría conmigo, pero no era incómoda como antes, esta vez era algo más agradable. Era como sentir que de verdad era aquel Digimon y no solo un disfraz.
Al desaparecer aquella aura que me envolvía, todos los presentes, tanto mis padres, sus amigos y los míos, sino también todos los habitantes que estaban en ese sector del centro de convenciones, se asombraron al ver quizás, a quien les había hecho la vida imposible en el Digital World. Un enemigo muy conocido para mi padre y para los demás señores.
-Así que ese esRakugamon. No recordaba ni su rostro. -dijo mi padre al verme.
-En realidad no es Rakugamon. -contesté. -Hace días me otorgó su espada, su fuente de poder. Sólo cumplo sus ansias de pelear, y él cumple mi deseo de salvar a Ayano, pero ambos tenemos un objetivo común: vencer a Onagimon.
Sujeté con fuerza la empuñadura de la Devil Sword, y con ella volé hacia todos los Bakemon que custodiaban dentro del domo. Uno por uno los fui atravesando con aquella espada de doble filo, haciendo que sus datos se dispersaran por el aire. Al terminar con cada uno de los Bakemon,y con decenas de Digimon integrantes de las antiguas tropas armadas, pude notar cómo la gente del domo estaba muy asustada de ver a un monstruo nuevo dentro de la zona.
¿Qué hubiera hecho Rakugamon para calmarlos a todos?. Pensé. Y eso fue lo que hice.
-¡Silencio todo el mundo! -grité.
Con mi enorme vozarrón producto de la transformación, pude lanzar un enorme grito que paralizó a todos. Entonces fue que con un “Red Bñast” pude hacer un orificio en una pared del domo, lo suficientemente grande como para que pudieran salir las personas por ella.
-¡Escúchenme bien! -grité otra vez. -¡Ahora mismo quiero que salgan de aquí a través de ese orificio! ¡No dejen que los vuelvan a atrapar!
Supongo que asustados, esa fue la forma en que salieron corriendo como multitud a aquella “puerta”, a la que salieron al exterior. Al final, mis padres, sus viejos conocidos y mis amigos también salieron por allí.
Me aparté del grupo y corrí hacia los otros tres domos que conformaban el recinto. En cada uno hice lo mismo que hice en el primer domo. Aniquilar a todos los Digimon presentes y hacer que los ciudadanos salieran de los domos.
Pero al terminar con el domo 4, mis fuerzas estaban comenzando a mermar. Mizuki lo notó inmediatamente.
-No te ves bien, Daisuke. -me dijo. -Debes descansar.
Me apoyé contra el suelo sostenido de mi espada, y le contesté.
-No puedo detenerme, no mientras Ayano-chan y nuestros compañeros Digimon estén en peligro.
Quise tomar mi Digivice, pero recordé que esa luz me quemaba si estaba con esa apariencia Digimon.
-Mizuki. -dije. -Toma tu Digivice y señálame la localización del Digivice blanco. Ese es el de Ayano-chan.
-Sí… -contestó.
Mizuki revisó a toda velocidad el mapa que tenían. Era increíble pensar que ese aparato también guardara los mapas del mundo real.
-¡Está a las afueras de la ciudad! ¡Detrás de las montañas del sur!
-¡Bien! -gruñí. -¡Iré hacia allá! ¡Si desean seguirme, vayamos…!
-¡Alto, Daisuke! -gritó mi padre. -No te vas a ir sin que te diga una cosa.
-¿Qué ocurre, papá?
-Cuídate, y cuida a Ayano. -contestó mi madre.
-Gracias, mamá, papá… -dije.
Era extraño pensar que estaban deseándole suerte a uno de esos malvados Digimon que les habían causado tantos problemas hace años. Quizás en el fondo sabían que no era ese Digimon, sino que en realidad era el mismo Daisuke Yanami de antes. Tomé impulso y comencé a volar hacia las afueras de la ciudad detrás de las montañas del sur. Quizás esa era la guarida de Onagimon. El tiempo pasaba muy rápido, y si no me daba tiempo, quizás a Ayano le podrían hacer algo muy malo. Debía evitar eso a toda costa…
Continuará…
Commentarios