The Digital World Chronicles – Capítulo 19: Hace 30 años
oct 20
Nombre: Hiroshi Abe Hiroshi Abe… Bueno… ¿Qué puedo decir de él? Quizás que le tengo un poco de envidia, jejeje… Hiroshi, desde que se le conoce, ha sido un excelente estudiante, aunque no es de los que descuide las actividades de su edad por dedicarse al estudio. De esa forma, incluso Daisuke reconoce su intelecto. Increíblemente, uno pensaría que Hiroshi no tiene amigos, sin embargo Akio es uno de sus mejores amigos, aunque según las leyes de los “matones y los mataditos” esto causaría un desequilibrio en el orden de las cosas en el mundo real. Tal vez sea que el ambiente de trabajo en el que están los padres de ambos, que se llevan tan bien, pero uno nunca sabe… Siempre ha sido presionado por su padre para que cuando sea mayor, se una al ejército. Sin embargo Hiroshi sueña más con ser científico e investigador. Lo que ninguno de los dos sabía era que el otro había viajadoen su época correspondiente al Digital World. Quizás ese aspecto de sus vidas cambie el rumbo y el destino de Hiroshi. Su Digimon, Kamemon, no es el más amigable de todos. Sin embargo, trata de juntarse con Hiroshi y salir ambos adelante. A Hiroshi lo que más le gusta es estudiar y ser el primero de su clase. Pero eso no le impide hacer las actividades de un niño de su edad, como lo es compartir con sus amigos y odiar a los profesores. ———————————————————————– 19.- Hace 30 años… Buenos días a todos. ¿Saben? Me sentí raro al saber que mi padre y mi madre habían viajado al Digital World hace años, cuando apenas eran unos niños… Nunca había imaginado… que el trasfondo de mi alianza con ese Digimon malvado tuviera mucho tiempo… Por eso, mi padre me pidió que contara su historia. Quizás, así entiendan un poco, lo que ocurrió… hace 30 años… ———————————————————————– -Quisiera llevar a dar un paseo a Gotsumon. -dije. -Le prometí que le enseñaría el mundo humano y… En ese instante, mi padre y mi madre comenzaron a dialogar. Así, mi padre se despidió de mi madre, y yéndose a su trabajo, en el camino comenzó a recordar cómo es que había comenzado esta historia… ———————————————– -¡Isao! ¡Ven a ver esto! Pero al asomarse por la entrada de la cueva, pudieron notar una especie de artefacto extraño que rodeaba las paredes y el techo justo al final de la oscuridad. Pero Isao, Kaito y Ryouta no hicieron caso a las recomendaciones de Yui, y comenzaron a oprimir todos los botones que esos artefactos poseían. En una de esas pulsaciones de Ryouta, aquel arco que formaban esos artefactos comenzó a iluminarse. Esos niños fueron bastante curiosos de acercarse hacia ese “arco”, pero en realidad eso era un Digital Gate artificial… y todos ellos fueron absorbidos por la luz que se formaba dentro del arco… ——————————————– -Me tengo qué ir, Irene. -decía mi padre apresurado mientras se acomodaba la gabardina y bajaba por las escaleras de la agencia de autos. ——————————————– -¿¡Qué son estas cosas!? -gritó Kaito al ver a un ser extraño frente a él. ——————————————————– -V-mon, por favor, cuida a Ayano. -le dijo mi padre a aquel Digimon azul justo después de llegar de su trabajo. Pero en el automóvil, las cosas fueron diferentes, como si trataran de ocultar la verdad a mi hermana muy a pesar de que también estuviera involucrada con el asunto Digimon… -Hay muchos militares en las calles, querido…-decía mi madre algo asustada al ver desde su asiento demasiados retenes militares. La angustia de mi madre se acentuó cuando tuvieron qué pasar por más de 20 retenes desde que salieran de casa hasta que llegara a su destino final, la base militar de la ciudad. A pesar de ser una zona restringida, no estaba tan fuertemente resguardada como el resto de la ciudad. Lo que llamaba la atención era la cantidad de camionetas camufladas y tanques de guerra, como si la ciudad fuera una completa zona de guerra y todos tuviéramos que pelear contra algún ejército enemigo. Al llegar en el automóvil, un grupo de soldados al frente les hizo detenerse. -No pueden pasar más allá de esa puerta. -les recomendó uno de esos uniformados una vez mi padre bajaba el cristal de la ventana. Después de unos minutos, el mismo soldado regresó hacia la ventanilla del auto y le dijo a mi padre: Mis padres caminaron hacia los cuarteles, y, a pesar de ser simples civiles, los soldados empezaron a mostrarles casi el mismo respeto que le daban a sus superiores. Al llegar a la planta alta, la primera puerta que vieron fue una que decía: “Isao Abe – comandante”. Mi padre estuvo a punto de tocar la puerta del lugar, cuando ésta se abrió de pronto, y un señor, enojado, preguntaba a sus soldados. Después de que el señor Abe pidiera a sus subordinados que se retiraran del lugar,mi padre y mi madre comenzaron a dialogar con aquel señor. -Isao… cuánto tiempo sin vernos… yo creía que seguías viviendo en Ciudad Roja… Y no creí que estuvieras trabajando en… en este lugar… -comentaba mi madre extrañada. -¿Y cuál es la tercera? -volvió a interrogar mi padre. Las palabras del señor Abe fueron interrumpidas cuando un soldado, para ser más precisos, el padre de Akio, irrumpió en las oficinas sin tocar siquiera la puerta. -Maldición, Sasaki. -dijo enojado el señor Abe. -Ya he dicho millones de veces que toquen la puerta antes de entrar. En ese preciso instante, un Kuwagamon irrumpió en la ventana, con un enorme derribo de las paredes de la oficina, causando la alarma no solo de los que estaban allí, sino de todos los que estaban ubicados en esa planta. Continuará…
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 12 de junio
Digimon camarada: Kamemon
Color del Digivice: Azul
-No vas a salir con él. -dijo mi madre angustiada. -Hay muchos militares a los alrededores, si te ven sospechoso, no sé lo que podría pasar…
-Tranquila Misuzu… -dijo mi padre para calmarla. -Anoche hablé con Isao, y me dijo que no hay nada qué temer.
-Isao… ¿¡Isao!? -preguntó mi madre. -¿Qué tiene qué ver Isao con todo esto?
-Misuzu, créeme. -dijo mi padre. -No hay nada de lo que debamos temer. Daisuke, ve con Gotsumon a pasear.
-Muchas gracias, papá. -dije contento y me retiré de la mesa.
-Ahora que Daisuke no está… ¿puedes decirme qué tiene qué ver Isao en todo esto?
-Al parecer, el hijo de Isao conoce a Daisuke. -dijo mi padre. -Y eso no es todo, al parecer, él también fue al Digital World al mismo tiempo que desapareció Daisuke.
-Eso… eso es imposible… -respondía mi madre sin creer lo que estaba pasando.
-Isao se unió al ejército, y al parecer forma parte de una división secreta encargada de asuntos Digimon. -dijo mi padre.
-¡De… debe ser una broma, Kaito! -respondía mamá incrédula. -¿Y por qué tan pronto habla Isao sobre el asunto de los Digimon?
-El gobierno federal anunció que iba a militarizar la ciudad en busca de “terroristas”, como ellos les llaman, pero que Isao por pertenecer a esa organización, lanzó un oficio en el cual si ven a alguno de los niños peleando contra los Diigmon, no les puedan hacer daño.
-Eso no me tranquiliza del todo, Kaito. -dijo mi madre de nuevo.
-Iré a trabajar. -dijo mi padre abrazándola. -Como a las 11:30 vendré a buscarte. Isao me pidió que fuera a hablar personalmente con él, por el asunto de… hace 30 años…
-¿Qué quieres, Kaito? -comenzó a gritar Isao algo molesto.
-¡Esto! -dijo Kaito señalando una cueva escondida en el parque de Ciudad Roja.
-¿Estás seguro que no la habita algún animal? -preguntó Misuzu asustada por la lejanía en la que se encontraban del resto de personas, y por la cantidad de maleza y árboles que cubrían la zona.
-Esto es…- dijo Yui asombrada al ver la cantidad de maquinaria, artefactos con luces y cables que estaban instalados a la perfección en la cueva.
-¿Tú hiciste esta broma, Kaito? -preguntó Ryouta muy asombrado.
-¡Claro que no! -contestó Kaito molesto. -No podría armar algo así…
-¿Toqueteamos todo? -preguntó Isao.
-No creo que debamos hacerlo… -decía Yui.
-¿Ya se va tan pronto, señor Yanami? -preguntó la secretaria Irene.
-Sí… tengo… que ver a un amigo… -contestó mi padre. -Avise a los demás que a partir de las 12 pueden retirarse, tomarse un descanso el viernes y el fin de semana y que nos vemos el lunes temprano.
-Con mucho gusto, señor Yanami. -contestó Irene muy servicial como siempre…
-¿No me reconoces, Kaito? -preguntó aquel “animal”, cosa o como quisieran llamarle.
-¿Y cómo habría de reconocerte? -dijo Kaito molesto.
-¿La… Lalamon? -preguntó Misuzu al ver una especie de racimo rosa con verde volando sobre ella.
-¡Quítenme esta cosa de encima! -gritaba Isao al ver a un enorme pájaro morado que hablaba.
-Ojou-san estará segura conmigo.-dijo V-mon orgulloso.
-Cuídense, mamá, papá.-dijo Ayano emocionada despidiéndolos.
-Qué bueno que pude llevar a lavar el asiento trasero del auto antes de venir a buscarte. -dijo mi padre.
-¿El asiento trasero?
-Allí traje a ese V-mon totalmente herido.
-Tenemos qué hablar con Isao cuanto antes. -dijo mi madre. -Este asunto se está volviendo fuera de control.
-Lo que más me intriga es que el hijo de Isao también está afectado por el asunto de los Digimon.
-¿Podría ser que los demás… sus hijos…? -preguntó mi madre angustiada.
-No lo creo…sería demasiada coincidencia que todos estuviéramos reunidos de nuevo, pero esta vez en una ciudad diferente…
-Venimos a hablar con el comandante Isao Abe. -dijo mi padre.
-¿Quién lo busca?
-Dígale que lo busca el señor Yanami… Kaito Yanami…
-Puede pasar. La oficina del comandante Abe se encuentra en la planta alta de ese edificio. -dijo señalando las construcciones.
-Muchas gracias, señor. -dijo mi padre conduciendo el automóvil hacia el estacionamiento.
-Esta es la oficina del comandante Abe. -dijo uno de los soldados que los escoltaban.
-Muchas gracias… -dijo mi padre.
-¿No ha llegado el señor Yanami? -preguntaba algo enfadado el señor.
-Eh…aquí estoy… -dijo mi padre un poco incomodado.
-¿Ka… Kaito? -preguntó el señor Abe.
-¿Isao? -preguntó mi madre.
-Mucho gusto, señorita… -dijo el señor Abe con respeto. -Lamento mi falta de memoria, pero quisiera que me respondiera quién es usted.
-¿No te acuerdas de mí, Isao? -dijo mi madre enojada. -Soy yo, Misuzu…
-¿Misuzu? -dijo el señor Abe sorprendido.-Kaito, ¿cómo localizaste a Misuzu?
-Pues… llevamos casados más de 10 años… -contestó mi padre dando la buena no tan nueva.
-Vaya… no me esperaba una sorpresa como esta… -dijo el señor Abe. -Kaito… antes que nada, lamento la muerte de tu amigo Garg…
-No es necesario que lo repitas, Isao. -dijo mi madre. -En mi opinión, no creo que sea algo de lo que debamos hablar ahora mismo, y menos si eso nos involucra a mí y a mi hijo…
-No…no importa, Misuzu. -dijo mi padre algo triste por lo que recordaba. -Ese maldito Digimon nos ha causado mucho daño a mi familia y a mí…
-¿Pero qué pasó? -preguntó el señor Abe.
-Según las palabras de mi hijo, Torkaimon seguía vivo hasta hace poco, por fortuna pudieron vencerlo, pero su secuaz Onagimon sigue haciendo de las suyas, y esta vez es en el mundo humano…
-Me lo temía… -dijo el señor Abe.
-¿Qué temías? -preguntó mi madre.
-Unos miembros de sus tropas armadas atacaron esta zona ayer. Desde entonces se reforzó la vigilancia en la ciudad, cosa inútil si lo que sabemos es que estamos enfrentándonos contra Digimon en formas adultas… Incluso, el Digimon de mi hijo llegó a una etapa mayor a la adulta. Si esto está ocurriendo, eso quiere decir que las tropas armadas han cambiado en esos treinta años.
-Maldita sea… -refunfuñó mi padre.
-Kaito… -trataba de calmarlo mi madre.
-Es que… no puede ser… Ese maldito Digimon… -seguía enojado mi padre.
-Pareciera que está cobrando venganza por lo que le hiciste hace 30 años… -dijo el señor Abe.
-En todo caso, él fue el primero en engañarnos, nos dio la espalda y secuestró a Misuzu, ¿no te acuerdas?
-No me recuerdes eso… -dijo mi madre molesta. -Que ese maldito Digimon nos causó grandes daños.
-Y para poder desmantelar su tropa armada, tuve que unirme a ellos como policía infiltrado. -dijo mi padre recordando sus hazañas de la niñez.
-En un principio pensábamos que nos habías traicionado, Kaito. -mencionaba el señor Abe.
-Tenía que hacerlo, no podía despertar sospechas de que mi planes eran rescatar a Misuzu y atacar a Torkaimon.
-Pero fuiste un buen actor… recuerdo que cuando me fuiste a visitar mencionaste que no estabas interesado en rescatarme, que sólo querías servir a Torkaimon-sama, como tú lo llamabas, y que él era el único capaz de gobernar el Digital World.
-¿¡De verdad soné tan malo!? -preguntó mi padre asombrado por las palabras de mi madre.
-¿No te acuerdas que hasta te burlaste de mí cuando pregunté si habías llegado a rescatarme? -preguntó de nuevo mi madre.
-Pero bueno, no estamos para discutir sobre eso. -mencionó el señor Abe para romper el diálogo que sostenían mis padres. -Lo que se me hace raro son tres cosas. La primera es que nuestros hijos están involucrados en el asunto de los Digimon.
-¿Y no has logrado contactarte con los demás? -preguntó mi padre interesado.
-No. Lamentablemente el único contacto que pude hacer con alguno de nosotros fue contigo porque mi hijo Hiroshi conocía a tu hijo Daisuke, además de mencionarme sobre la leyenda del elegido… La segunda, es quesi los Digimon de nuestros hijos han llegado a sobrepasar el nivel adulto, eso significaría que las tropas armadas se han fortalecido a lo largo de los años, ya sea entrenando duramente o reclutando a nuevos Digimon… y no me asombraría que Onagimon o Torkaimon se hayan fortalecido aún más.
-Lo de los hijos del elegido… Kaito, Misuzu… ¿tienen algún hijo aparte de Daisuke?
-Sí… -dijo mi madre. -Una niña de 7 años…Ayano…
-Lo sospechaba… -dijo el señor Abe. -Mi hijo Hiroshi me comentó sobre algo de que Onagimon debía eliminar a los niños del elegido, que supondrían un problema para él y…
-¡Ayano! -gritó mi madre sorprendida. -Por eso V-mon es el Digimon de Ayano…
-¡Es cierto! -gritó mi padre asustado. -¡Maldición! ¿Por qué no sospeché que algo malo estaba pasando cuando llevé a ese Digimon a la casa…?
-¿De qué hablan? -preguntaba el señor Abe muy intrigado.
-Ayer encontré a un Digimon y lo llevé a casa para curarlo. Su única excusa era que no recordaba nada de quién era, pero se había familiarizado tan rápido con Ayano.
-Seguramente debe ser un miembro de esas tropas armadas… -razonó el señor Abe.
-Debe ser… -dijo mi madre. -Hay que ir rápido a casa… Ayano está en peligro…
-Perdónanos, Isao. -dijo mi padre disculpándose. -Pero tenemos que irnos ahora mismo.
-Entiendo, si quieren puedo llevarlos hasta la sa…
-Esto es urgente señor. -dijo el señor Sasaki bastante agitado. -¡Son miles, miles de esos monstruos que llaman Digimon, están atacándonos y llevándose presos a muchos de nuestros soldados!
-¿Qué dices? -preguntó alarmado el señor Abe.
-¿Qué podemos hacer, señor?
-Diga a todos los soldados que sigan atacando…
-Esto me está asustando, Kaito… -murmuró mi madre algo asustada.
-Tenemos que salir de aquí cuanto antes… -dijo mi padre sin poder terminar su frase.
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