——FICHA DE PERSONAJES: Akio Sasaki ——-

Nombre: Akio Sasaki
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 13 de marzo
Digimon camarada: Gaomon
Color del Digivice: Verde

Akio Sasaki podría ser considerado el mayor del grupo… Pero la verdad su modo de actuar contrasta con la edad que debería aparentar. Al separarse sus padres a la edad de 9 años, siendo llevado a vivir con su padre, quien por su oficio de soldado del ejército de la nación no está todo el tiempo disponible en casa, decidió buscar refugio con los malandrines de sus “amigos”, llegando a ser enemigo del resto de los niños, incluyendo de los Elegidos por algún tiempo.

Pero al cabo del tiempo, su actitud fue cambiando, quizás no comprendiendo al cien por ciento la realidad, pero sí lo suficiente como para dejar esa vida de peleas y enfocar sus temores tratando de sacar la sonrisa de los demás, pero a pesar de ello, algunos como Mizuki consideran su estado de ánimo poco oportuno para la situación en la que se presentan, sin embargo pueden tolerarlo.

Llegó al Digital World casi al mismo tiempo que todos los demás, conociendo de la nada a su compañero inseparable Gaomon. Éste le llama “Akio-san” debido a que fue educado para respetar a los demás. Akio se caracteriza por tratar de consolidarse como el líder del grupo, tratando de que exista siempre camaradería entre los demás. Algo que siempre ha odiado es que la gente tenga una doble cara, de ahí que cuando se enterara de la traición de Daisuke, estuviera en ese instante a punto de matarlo.

———————————————————————–

18.- Ella es mi ojou-san.

-¿O… ojou-san? -preguntó. -¿Puede que seas tú, ojou-san?
-¿¡Eh!? -gritamos al unísono Gotsumon y yo.

“¿O… ojou-san?”, me pregunté. ¿Lo primero que dice un Digimon al despertar es llamar “ojou-san” a mi hermana? Es decir, con ese vestido sí parecía ser la más recatada de la ciudad, pero tanto como para que V-mon la llame así…

-¿“Ojou-san”? -preguntó Ayano algo confundida.
-¡Ojou-san! -gritó de nuevo V-mon abrazándola y provocando un grito de susto por parte de Ayano.
-¡Ven aquí maldito Digimon! -grité tomándolo de la cola y llevándolo lejos de mi hermana. -¡No sé qué haces aquí! ¡No sé qué es lo que buscas! ¡Ni mucho menos sé qué pretendes llamando “ojou-san” a mi hermana! ¡Pero ten en cuenta que si intentas hacerle daño a mi hermana, te las verás conmigo!
-Yo… yo… -dijo V-mon algo asustado.
-Déjalo en paz, onii-chan. -lo defendió mi hermana. -¿No ves que está asustado?
-De acuerdo, Ayano. -dije molesto pero intentando no reflejar mi sentir.
-Dejen de pelearse. -dijo serena mi madre. -En unos minutos traerán pizza para la cena.
-¿¡De verdad!? -gritó Gotsumon emocionado. -Ya quiero probar las del mundo humano.
-Glotón. -dijo mi hermana molesta por la reacción que habíamos tenido hace poco.
-¿Qué dijiste? -contestó Gotsumon enojado, a lo que lo único que pude hacer fue reírme de la situación.

En la cena, todos nos reunimos frente a la mesa. Hubiera sido una escena familiar típica y que no había visto en tantos años, pero teniendo a dos Digimon sentados en la mesa, esta acción resultaba más bizarra que ver perros sentados frente a la mesa jugando cartas.

-Ah… ¿cuánto tiempo había pasado desde que nos reuníamos en la mesa a comer? -preguntó mi mamá.
-Mucho tiempo. -dijo mi padre. -Siempre nos poníamos tristes desde tu desaparición.
-Eso… no lo sabía… -contestó mi madre algo angustiada.
-¿Qué les parece si hablamos de otras cosas? -dije intentando cambiar la plática. -Esa página de nuestras vidas se ha terminado, es mejor mirar hacia adelante, ¿no creen?
-Tienes razón, Daisuke. -contestó mi padre como si entendiera lo que le estaba queriendo decir.

Gotsumon comía lentamente su pieza de pizza para poder disfrutarlo.
-¡Esta pizza está deliciosa, Daisuke! -decía con la boca llena.
-Si quieres más, todavía queda, Gotsumon. -dijo mi padre animándolo a disfrutar la cena.

Pero V-mon aún seguía con el plato y sus rebanadas de comida frente a él, con las manos en sus rodillas (si es que tenía) y sin pronunciar palabra alguna. Quizás era demasiado temeroso de lo que conocía. Era eso, o era que me tenía al frente en la mesa…

-¿Por qué no comes, V-mon? -preguntó Ayano.
-O… ojou-san… -sólo era lo único que pronunciaba.

Caí en la razón de los argumentos de mi padre para señalar que V-mon no era aliado de Torkaimon o de Onagimon. Y sobre todo, que el propietario de dicho Digivice era… ¿mi hermana? Esto estaba extraño… Sin embargo, si V-mon no era aliado de esos malvados, quería tratar de hacer las paces con él.

-Oye, V-mon… -dije.
-¿Qué…? ¿Qué pasa…? -comenzó a asustarse V-mon.
-¿Por qué estás solo en el mundo humano? -pregunté bajando la voz.
-Yo… no recuerdo nada… -comenzó a narrar ese Digimon azul. -Sólo sé que… de pronto estaba aquí en este mundo raro… y una banda de Hagurumon me atacaron…
-Y fue por eso que te encontré tirado en la calle. -terminó mi padre de completar la frase.
-¿Por qué no comes, V-mon? -preguntó Ayano. -Hay suficiente pizza para todos.
-¿De verdad, ojou-san? -contestó V-mon contento, y comenzó a devorar fervientemente la rebanada de pizza que le habíamos dejado en su plato.

Mi madre comenzó a servirle más pizza y más y más. De un momento a otro, sólo quedaban pocas rebanadas. Por fortuna mi padre había comprados dos pizzas familiares, de lo contrario nos habríamos quedado sin cenar.

-Gotsumon… -dije todavía mirando incrédulo la forma de comer del nuevo inquilino. -¿Recuerdas cuando te dije “glotón”?
-Claro que lo recuerdo. -me contestó furioso de nuevo.
-Me retracto de lo que dije. -contesté para serenarlo.

Pero en ese instante el teléfono de la casa comenzó a sonar.
-Iré a contestar. -dijo mi padre.

Al atender el teléfono, antes de que pudiera contestar, la otra persona del otro lado del teléfono comenzó a hablar.
-¿Kaito? -preguntó el señor. -¿Eres tú? ¿Kaito Yanami?
-¿Eh? -preguntó mi padre desconfiado. -¿Cómo sabe mi nombre?
-¿No me recuerdas, Kaito? Soy yo, Isao Abe.
-Isao… Isao… -comenzó a rememorar mi padre. -¿¡Isao!? ¡Imposible!

Mi padre comenzó a revisar el número del cual estaban hablando a través del identificador de llamadas, y logró notar que el número telefónico de donde provenía la llamada era de nuestra misma ciudad, Ciudad del Valle.

-Esto no puede ser… -dijo de nuevo mi padre. -Pero… yo creí que seguías viviendo en Ciudad Roja…
-Salí de esa ciudad hace bastante tiempo. -contestó el señor Abe. -En todo caso, yo soy el asombrado al saber que tú acababas de llegar… Pero no estoy hablando para recordar viejos tiempos, sino para hablar de un asunto entre mi hijo Hiroshi y tu hijo Daisuke…
-¿Qué pasa con ellos dos? -preguntó mi padre. -¿Se pelearon o algo así?
-No es eso. -dijo el señor Abe. -Más bien se trata de un asunto en lo que ellos están involucrados, y es algo… que tiene que ver con lo que sucedió con nosotros hace treinta años…
-¿Tu hijo… también sabe de todo esto? -preguntó mi padre asombrado por lo que estaba escuchando.
-Así es. -contestó el señor Abe. -Por eso quiero que vengas a la base militar de la ciudad mañana como a las 11 de la mañana. Cuando te presentes, di que buscas al comandante Abe.
-Así que te metiste en el ejército. -contestó mi padre burlonamente. -¿Y piensas dar caza a… ese asunto?
-De eso no te preocupes, Kaito. De mi parte tu hijo, el mío y sus amigos, podrán estar seguros. Te espero allá, hay muchas cosas de las qué hablar.
-De acuerdo. -dijo mi padre. -Sólo una cosa más. Llevaré a Misuzu…

————————————————————————

Mientras tanto, V-mon estaba acostado en el suelo del cuarto de mi hermana Ayano. Su estómago estaba tan lleno que por un instante pensábamos que podría reventar en cualquier momento y no podía ni moverse.

-Estoy… tan lleno… -pronunciaba con dificultad.
-Nunca he visto a alguien comer tanto, y créeme que he visto a muchos… -contesté. -Gotsumon…
-¿Sí? -preguntó mi amigo de roca.
-¿Podrías traer un poco de antiácido? -dije. -Pregúntale a mi mamá dónde lo guardan, creo que aquí alguien tiene indigestión.
-Ojou… san… -decía V-mon algo esforzado. -Creo… que… comí… mucho…
-Por cierto Ayano… -puse mi mano dentro de mi bolsillo y saqué el Digivice blanco que portaba V-mon. -Creo que esto es tuyo.
-¿Mío? -preguntó tomando el Digivice. -¿Por qué es mío?
-No lo sé, Ayano. -dije. -No lo sé… Sin embargo, creo que tanto tú y V-mon deberían tener una fuerte charla.
-Ya traje el antiácido. -dijo Gotsumon entrando por la puerta del cuarto.
-Dale un poco para que beba. -contesté. -Tengo muchas cosas qué preguntarle.
-¿No vas a pegarle de nuevo? -preguntó Ayano molesta.
-Claro que no. -dije. -V-mon, ¿por qué llamas “ojou-san” a mi hermana?
-Yo… -decía algo más recuperado. -No lo sé… Cuando la vi, me sentí en la necesidad de respetarla, de quererla, de… de defenderla de todo granuja que intente hacerle daño…
-¡Qué lindo! -gritó Ayano emocionada abrazándolo al punto de llevarlo a la asfixia.
-No… puedo… respirar… -decía V-mon con dificultad.
-Gotsumon. -dije. -Vamos a mi habitación. Ya es tarde y hay que arreglarnos para dormir.
-De… de acuerdo, Daisuke. -dijo.

Al entrar a mi habitación, prendí la computadora y después de revisar mi cuenta de correo electrónico, me conecté al mensajero instantáneo. Fue una sorpresa notar que me metieron a una conversación múltiple, inmediatamente de haber ingresado.

Hiroshi Abe dice:
Qué bueno que te conectas, Daisuke.

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
¿Qué pasa?

Hearts and bunnies – Saya y Diva dice:
Estuvimos esperándote, tenemos muchas cosas de qué hablar.

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
Si supieran que también tengo muchas cosas de qué hablar…

Mizuki Granger dice:
¿Podemos ir a tu casa mañana al mediodía?

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
¿Y eso?

Akiba-san. ¿Clases? Para nada dice:
Han pasado muchas cosas y tenemos que hablarlas contigo.
No podemos hacerlo por aquí.

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
De… de acuerdo… ¿a qué horas?

Mizuki Granger dice:
¿Qué tal a las 12?

Bunnies and hearts – Saya y Diva dice:
Por mí está bien.
¿Qué dices Daisuke?

Dai Daisuke – The world is not enough dice:
Perfecto. Tengo muchas cosas que hacer y no estaré en casa en la mañana.

Hiroshi Abe dice:
Bien.

Y así todos se despidieron. Pareciera que sólo estuvieran esperándome para poder hablar conmigo. Si entendía a todos ellos, sabía que algo raro estaba pasando. Y también tendría muchas cosas qué contarles a los demás… Mejor despejé mis pensamientos y apagué la luz. Me acosté sobre mi cama, y Gotsumon en la suya. Mi madre le había acondicionado una cama provisional mientras estuviera de visita.

-Creo que hoy ha sido uno de los mejores días de mi vida…
-¿Por qué lo dices? -me preguntó Gotsumon.
-Porque me han pasado cosas grandiosas el día de hoy. -contesté. -Por primera vez… sentí a mi padre tan cerca de mí… Como si me entendiera… como si… como si me hubiese comprendido… Aquel bofetón me lo merecía. A pesar de que todo lo que hice fue para rescatar a mi madre… sé que mis crímenes lastimaron a muchas aldeas…
-Deja de mortificarte por eso. -me recomendó Gotsumon después de lanzar un bostezo de cansancio. -Esa época ya pasó, tienes qué pensar en lo que sucederá más adelante. Además, ya pagaste tu condena… Ahora es tiempo de detener a Onagimon.
-Tienes razón… -dije. -Sabes decir las palabras correctas en el momento correcto.
-Soy tu Digimon. -contestó orgulloso. -Debo estar contigo en las buenas y en las malas.

Encendí el televisor pues no tenía mucho sueño, y seguí hablando con Gotsumon.
-¿Qué te parece si mañana salimos de paseo?
-¿De… de verdad? -contestó Gotsumon emocionado.
-Es lo menos que puedo hacer. -dije. -Además, siempre dijiste que querías conocer mi mundo. Pues quisiera presentártelo.
-Muchas gracias, Daisuke. -dijo contento Gotsumon.

Puse el temporizador del televisor, por si llegaba a quedarme dormido, se apagara solo.
-Gotsumon… -dije. -¿Qué pensarías si te dijera que quisiera recuperar a Rakugamon?
-¿Qué? ¿Qué estás diciendo? -preguntó asustado. -Rakugamon es un Digimon virus muy malo. ¿Por qué quieres tenerlo de vuelta?
-Sé qué tan malo es… Incluso reconozco que me escudé bajo su sombra para cumplir las órdenes de Torkaimon… -dije intentando convencer a Gotsumon de mi idea. -Pero, sin él me siento vacío. Siento que me falta algo. Además, con Ongaimon y todas sus tropas en el mundo real… sólo Rakugamon podría hacerles frente.
-Daisuke… -dijo Gotsumon. -No quiero que se repita la escena del castillo de Torkaimon. Pero… si crees que tener de vuelta a un Digimon tan maléfico como Rakugamon sería lo mejor… te apoyaré.
-Podré dominarlo. -dije. -Si tan sólo supiera la forma de recuperarlo… Sólo Onagimon conoce la forma, pero no puedo ir hacia allá y pedírselo…
-Con Rakugamon o sin él, tú siempre serás Daisuke. -dijo Gotsumon antes de dormir.

——————————————————————

Sin embargo, esa mañana del jueves me sentía más pesado que de costumbre. Por un instante pensé que alguien me estaba observando y vigilando todos mis pasos, como si la predicción de mis más grandes miedos quisiera hacerse realidad más pronto de lo que pensaba.

-Gotsumon… -dije viendo que Gotsumon aún no se despertaba.
-Qué rica lava volcánica… -decía Gotsumon entre sueños.

Por un instante me sorprendí de la extrañeza de los sueños de mi amigo de roca. Sin embargo dejé que descansara un poco. Era lo menos que podía hacer después de todo lo que había hecho por mí. Además era curioso verlo como un niño pequeño chupándose el dedo. Justo al salir de mi habitación pude percibir las carcajadas de mi hermana.

-¿No vas a comer, Daisuke? -preguntó mi madre.
-Voy para allá, mamá. -contesté aún desde el barandal de la escalera que todavía estaba bajando.
-¿Y Gotsumon? -preguntó mi padre.
-No quise molestarlo. -Dije. -Está durmiendo como todo un niño. Por cierto… no sé si me den permiso de…
-¿De qué? -preguntó mi madre.
-Quisiera llevar a dar un paseo a Gotsumon. -dije. -Le prometí que le enseñaría el mundo humano y…
-No vas a salir con él. -dijo mi madre angustiada. -Hay muchos militares a los alrededores, si te ven sospechoso, no sé lo que podría pasar…
-Tranquila Misuzu… -dijo mi padre para calmarla. -Anoche hablé con Isao, y me dijo que no hay nada qué temer.
-Isao… ¿¡Isao!? -preguntó mi madre. -¿Qué tiene qué ver Isao con todo esto?
-Misuzu, créeme. -dijo mi padre. -No hay nada de lo que debamos temer. Daisuke, ve con Gotsumon a pasear.
-Muchas gracias, papá. -dije contento.

Después de terminar mi desayuno, corrí con Gotsumon, quien, a pesar de haberse vestido sin que se lo dijera, se había quedado fijo frente a la computadora de mi habitación.
-¿Qué haces, Gotsumon? -pregunté.

Me asombre al ver que la computadora estaba encendida, con el escritorio completamente cargado y con la ventana del navegador de Internet abierto.
-Pero… ¿cómo pudiste entrar? -pregunté asustado. -Si nunca te he dicho mi nombre de usuario ni contraseña…
-La computadora se prendió sola. -me dijo. -Y esa ventana se abrió de pronto.

Al asomarme más hacia la pantalla, pude ver que el navegador mostraba… aquella página que nos había causado tantos problemas a mí y a los demás. Aquella que simulaba ser un juego en línea, pero que en realidad era un Digital Gate disfrazado.
-La voy a cerrar. -dije.

Oprimí el botón de “Cerrar”, pero nada pasaba. Eso comenzó a asustarme. Para calmarme un poco, decidí apagarla, pero no existía esa opción.
-¿Qué le pasa a esta cosa? -comencé a enfadarme.

Mi padre me había enseñado que en caso de situaciones extremas, podía usar algo llamado “línea de comandos”, para poder apagar de repente. Así que siguiendo las recomendaciones de mi padre, fui hacia allá, pero al meter el comando para apagar, me arrojaba un aviso diciendo que “La computadora no se puede apagar.”.
-Esto no me está gustando nada. -dije.
-¿Qué pasa si hago esto? -dijo Gotsumon desconectando la computadora de la alimentación de energía.
-¡No vuelvas a hacer eso! -grité enojado por aquel uso tan rudo de la computadora.

Pero sólo así, la computadora se apagó.
-Pero se apagó, ¿o no? -preguntó Gotsumon.
-Bueno… eso es cierto… -dije. -¿Nos vamos?

——————————————————————

Lo primero que hicimos al salir de casa fue abordar el bus que nos llevaría al centro histórico de la ciudad. Fuimos a visitar el parque, pero las palomas lo atacaron, ya sea con picotazos o con… sus “desechos naturales”. Gotsumon se asombraba de la cantidad de automóviles, la gente caminando de un lado a otro, hablando a través de sus celulares o cargando portafolios enormes. No podía dejar de asombrarse de todo lo que pasaba en mi ciudad.

Podría decirse que Gotsumon era como un niño pequeño en ese aspecto. Ni siquiera alguien de algún poblado lejos de la urbe de Ciudad del Valle o de cualquier ciudad más grande que ésta podría emocionarse tanto como lo hacía Gotsumon. Y hacía preguntas todo el tiempo, preguntándose qué era este edificio o ese otro, o señalando la tienda de línea blanca y electrónica, o incluso señalando al vendedor de donas y pan dulce.

Más adelante tomamos otro bus para dirigirnos al centro comercial de la ciudad. Allí desayunamos. Como Gotsumon no entendía las grafías de mi idioma, tuve qué leerle la carta del puesto de comida rápida que habíamos elegido. Él había pedido tres hamburguesas con doble carne, rebanadas de tocino y extra queso, algo que conocía muy bien de él. Sin embargo, sólo pedí una hamburguesa simple.

Después de desayunar, fuimos al cine donde se estaba presentando el pre-estreno de una película nueva, a la que fuimos. Gotsumon se asustaba de lo fuerte del sonido de los altavoces, y de igual modo con la película.

Dos horas de haber ingresado, fuimos al centro de videojuegos. Allí, jugamos a varios juegos de peleas, en el cual, a pesar de que Gotsumon era un novato en eso, me ganó en las cinco rondas que habíamos decidido tener. Luego probamos las carreras de autos, en el cual se estrellaba a cada instante haciendo que le ganara.

Un enorme carcajeo nos hicimos en la plaza comercial. Pero ya era tarde, así que decidimos ir a casa, mis amigos pronto vendrían. Fuimos al paradero de autobuses de la plaza, y abordamos el de la ruta que nos dejaba a una cuadra de mi casa. Nos acomodamos en varios asientos, incluso comenzamos a platicar sobre lo que había pasado…
-Gracias… -murmuró Gotsumon.
-¿Por qué las gracias? -pregunté.
-Por enseñarme tu mundo. -dijo. -No puedo creer que este sea el lugar donde vivas.
-Lamento no enseñarte todo… -dije justamente pasando un retén militar. -Pero con tantos militares en la zona, podríamos causar un fuerte escándalo. En todo caso, yo debería ser el que te dé las gracias. No sé dónde estaría de no ser por ti…

Pero a cinco cuadras antes de llegar a la calle a la que debíamos bajar, un par de “ancianitas” abordaron el bus, sentándose precisamente detrás de nosotros.
-Oye, muchacho. -dijo una de ellas.
-¿Qué sucede, señora? -pregunté.
-¿Ese es tu hermanito? -preguntó la “otra”.
-Sí, sí lo es. -dije para no contestar que era un Digimon.
-¿Podemos acariciarlo? -dijo con un tono que pretendía ser amable una de ellas.
-Bueno, no creo. -dije. -Nosotros nos bajamos cerca de aquí.

Un tanto desconfiado de la actitud de las señoras, pedí la parada del autobús, sin embargo al momento de pararnos de nuestros asientos, esas dos ancianas le quitaron la gorra, los lentes y la playera que le había puesto a Gotsumon para que disimulara.
-¡Es uno de esos monstruos feos! -gritó una de las ancianas.
-¡Comandante Rakugamon! -gritó la “otra”.

Al ver a Gotsumon, todos los pasajeros del autobús se espantaron. Como el conductor había abierto la puerta de atrás, tomé la mano de Gotsumon y salimos corriendo de allí a toda velocidad. Habían pasado unas varias cuadras, huyendo de lo que había pasado.
-¡Maldición! -dije agitado apoyando mis manos sobre mis rodillas. -¡Se me olvidaba que los Bakemon saben disfrazarse bien!
-¿Eran los Bakemon? -preguntó Gotsumon.
-Seguramente. -dije. -¿No escuchaste que me dijeron “comandante Rakugamon”?
-Eso es cierto… -me contestó.
-Será mejor que vayamos a casa cuanto antes… A este paso estoy seguro que ya sabrán lo de Ayano…
-Sí… será lo mejor… -dije.
-¿A dónde van, mocosos? -gritó alguien a nuestras espaldas.
-¿Eh? -pregunté volteando.

Al ver a mis espaldas, pude ver a toda una horda de Ogremon detrás de mí.
-¿O… Ogremon? -grité asustado al ver a tantos Ogremon detrás de mí.
-¡Así es, ex-comandante Rakugamon! -gritó. -¡A ver qué puede hacer contra tantos Ogremon sin ayuda de Rakugamon!
-¡Eso lo veremos! -contesté desafiante. -¡Gotsumon, haz lo tuyo!
-¡Sí!

En un instante, vi convertido a Gotsumon en Leomon. Me puse incluso hasta emocionado de ver a Leomon peleando contra varios Ogremon. Sin embargo, la cantidad de éstos sobrepasaba a Leomon, tanto que incluso en ocasiones parecía estar en desventaja.

-¡Aguanta, Leomon! -intentaba darle ánimos.

Al parecer fueron mis gritos de ánimo los que alertaron a otros Ogremon, los cuales de abalanzaron sobre mí.
-¡Comandante Rakugamon! -gritó uno de ellos. -¿Se atreve a desafiar a toda la tropa armada?
-Maldición… -dije al verme rodeado.
-¿Qué piensa hacer sin Rakugamon, comandante? -me desafió uno de ellos mientras me mostraba su garrote.

Mientras tanto, Leomon peleaba contra el líder de los Ogremon.
-¿Qué es lo que buscan en este mundo? -volvió a preguntar Leomon.
-Buscamos a los hijos del elegido. -contestó Ogremon. -Y creo que tenemos rodeado a uno de ellos.
-¿Eh? -preguntó inquieto Leomon.

Al voltear hacia donde estaban el resto de Ogremon, pudo notar que yo me encontraba acorralado por todos ellos. Me sentía indefenso, sin poder pelea contra todos ellos, y sin Rakugamon de mi lado…
-¡Leomon! -grité asustado.
-¡Resiste, Daisuke! -gritaba mi compañero.

Pero sus palabras no me llegaban, me sentía acorralado entre tanto ogro, incluso comencé a asustarme.
-¡Ayúdame, Leomon! -fue lo único que pude gritar.

Al gritar eso, todos los Ogremon comenzaron a asustarse, incluso yo mismo me asusté al verme rodeado de una especie de aura negra. La misma aura negra que pude ver la vez que conocí a mi antiguo jefe. En un momento pensé que esto no estaba saliendo nada bien, pero pude ver cómo mi Digivice comenzaba a reaccionar.

Aprovechando que los Ogremon estaban asustados, tomé mi Digivice, y pude leer en la pantalla un aviso que decía: “Inserte Digisoul aquí”.
-¿Digisoul? -pregunté.

Recordé la primera “plática” que tuve con Torkaimon. Se refirió en un principio a mí como “el niño del Digisoul negro”. ¿Podría ser que eso que veía que me rodeaba sería eso que llamaban “Digisoul”?

Noté que mis puños tenían una concentración mayor de esa aura negra, y al pasar mi mano sobre el Digivice, vi cómo una luz comenzó a envolver a Leomon, cegando por un instante a sus oponentes. Recordaba bien ese incidente, el mismo en el cual Gotsumon pudo evolucionar por primera vez.
-No puede ser… -dije asombrado. -¿Otra evolución?

Al desaparecer la luz que envolvía a Leomon, vi cómo su aspecto era diferente. Un traje metálico, con unas especies de turbinas en las piernas y en los brazos, y una melena más larga que la de Leomon.
-¿Quién… quién eres tú? -pregunté atontado y abobado.

Aquel Digimon no me respondió, en cambio, pude escuchar que antes de atacar, gritó: “Shishi Senpuu Kyaku”, sus “turbinas” girando a toda velocidad y lanzando un fuerte puñetazo contra los Ogremon que me rodeaban, los dejó fuera de combate a todos ellos. El Ogremon jefe, asustado, llamó a todas sus tropas a retirarse, pero éste Digimon lo tomó y lo lanzó muy lejos, provocando que el resto de las tropas huyera.

-¿Te encuentras bien, Daisuke? -me preguntó.
-S… Sí, estoy bien… eh… -dije sin saber su nombre.
-GrappLeomon. -me dijo.

-Mu… muchas gracias… -dije.

GrappLeomon regresó a una forma mucho más pequeña que la que era Gotsumon.
-Daisuke… -me dijo. -Tengo hambre…
-¿Qué te pasó? -pregunté alarmado corriendo hacia mi Digimon, quien ahora parecía una especie de gelatina.
-Estoy muy cansado, Daisuke… -me dijo triste. -Gasté todas mis fuerzas contra los Ogremon.

Tomé mi Digivice y me mostró el nuevo nombre de mi Digimon: Motimon, en etapa bebé y sin nada de restos de Gotsumon. Tomé a Motimon entre mis manos y le pregunté:
-¿Volverás a ser Gotsumon?
-Eso espero…
-Por eso quiero recuperar a Rakugamon… -le dije. -Estos no son nada comparados a todas las tropas de Torkaimon, y si Onagimon los tiene bajo sus órdenes… necesitaremos más ayuda…
-¡Daisuke! -gritó Rina quien venía junto con los demás niños detrás de mí.
-¡Rina, Akio, Hirosi, Mizuki! -grité al verlos.
-¡La… lamentamos llegar tan tarde! -dijo Hiroshi al verme. -¡Supimos que estabas aquí por la revuelta que escuchamos unas cuadras atrás y…!

Hiroshi hizo una pausa al ver a Motimon entre mis brazos.
-¿Gotsumon también evolucionó a un nivel más allá de Leomon? -preguntó Akio.
-Eh… sí… ¿cómo lo saben? -pregunté al escuchar eso.
-Piyomon y Kamemon hicieron lo mismo… -dijo Rina. -Por eso están en estas formas.
-Entiendo… -dije al ver que Rina y Hiroshi sacaban a sus respectivos Digimon y los mostraban.
-Deberíamos ir a casa, Daisuke. -dijo Motimon. -Allí… podremos hablar de lo que ha pasado.

Mi Digivice comenzó a sonar, revisé la pantalla y vi un mensaje de texto. “Voy a salir con tu madre unas horas. Te quedas solo con Ayano”. Era de mi padre. No entendía el motivo por el que hubiera salido con mi madre, y menos si a esa hora todavía debía estar trabajando en la agencia de autos.

Caminamos unas cuadras más hacia adelante hasta llegar a mi casa. Al entrar notamos cómo cuadrillas de camionetas de un distintivo color verde grisáceo rondaban por la zona. Seguramente se habían alarmado al notar a los “monstruos”. Por fortuna, Akio me explicó que podíamos guardar a los Digimon en el Digivice y así no mostrarlos en público. De esa forma, no llamaríamos la atención de los militares.

-Bien, creo que podemos hablar libremente. -dije. -Mis padres no están en casa, aunque creo que serían de más ayuda si estuvieran aquí…
-Bien, Daisuke. -dijo Rina. -Sabemos quién es “el elegido”.
-¿Y quién es? -pregunté.
-Tu padre, Kaito Yanami. -contestó Mizuki.

Al escuchar eso, gesté una expresión de sorpresa. Sin embargo comencé a relacionar todos los eventos que habían sucedido.
-¡Eso dijo el jefe de los Ogremon con los que peleé hace unos instantes! -se sobresaltó Motimon.
-¿Qué dijiste, Motimon? -pregunté.
-Que Ogremon me dijo que tenían rodeado a uno de los hijos del elegido. -siguió hablando. -Instintivamente volteé hacia ti y vi cómo los Ogremon te atacaban.
-Eso lo explica todo… -dije en voz baja.
-Mi pregunta es… ¿tienes un hermano? -preguntó Akio.
-Sí, una hermana menor… -dije.
-¿Qué explica todo? -preguntó Hiroshi.
-¡Mi hermana Ayano! -grité. -¡Ella tiene un Digivice!
-¿Qué? -preguntaron todos.
-¡Sí! Mi padre trajo un Digimon herido a la casa, y traía un Digivice… Cuando Ayano lo tocó, reaccionó y… No…

Empecé a pensar lo peor. Que seguramente Onagimon estuviera utilizando a V-mon para ubicarnos a todos… Pyocomon y Chapumon evolucionaron en ese preciso instante, regresando a su forma original.

-Debemos ver a tu hermana. -dijo Gaomon. -Daisuke-san, ella también está en peligro.
-Vamos… está en su cuarto. -dije.
-¡Onii-chan! -escuché los gritos de Ayano provenientes de su habitación. No eran gritos de alegría, sino de desesperación.
-¡Ayano-chan! -grité desesperado y corrí por las escaleras.

Abrí la puerta y vi los cristales de la ventana rotos, allí en ese lugar, Onagimon amenazando a mi hermana. V-mon interponiéndose entre Ayano y ese Digimon, y nosotros sorprendidos viendo lo que pasaba.

-¡V-mon! -se burlaba Onagimon. -¡Así que ese es tu “nuevo aspecto”! ¡Qué vergüenza das, chiquillo!
-¡No sé quién eres! -gritaba V-mon. -¡Pero no dejaré que le hagas daño a ojou-san!
-¡Onagimon…! -grité mientras apretaba mis puños con fuerza. -¡Deja a mi hermana en paz!
-¡Rakugamon-sama! -dijo Onagimon con tono burlón. -¡Cuánto tiempo sin verlo! ¿Cómo es vivir sin Rakugamon?
-¡Cállate, maldito Digimon! -dije enojado. -¿Qué es lo que quieres de mi hermana?
-¿Qué es lo que quiero? -preguntó Onagimon. -¡Cobrar venganza por lo de hace treinta años! Hasta hace unos minutos he liberado a pocos militantes de las tropas de Torkaimon, pero a ver qué hacen si los libero a todos de una vez en este mundo humano.

Continuará…