——FICHA DE PERSONAJES: Rina Inoue ——-

Nombre: Rina Inoue
Edad: 10 años
Fecha de nacimiento: 29 de diciembre
Digimon camarada: Piyomon
Color del Digivice: Violeta

Rina Inoue es la más pequeña del grupo, tanto de edad como de estatura. Ama todo lo dulce, pero a la vez es un tanto irritante, siendo educada como hija única siempre ha tenido muchas cosas a su alcance. Lo que los rumores indican es que ella y Mizuki son medias hermanas por parte del padre, y que esa fuera la razón por la que el padre de ambas se divorciara de la madre de Mizuki.

Sin embargo, ella ha podido salir adelante, y ha tratado a Mizuki como a una hermana mayor, pues a pesar de las diferencias de sus padres, ellas han convivido juntas desde muy pequeñas.

Rina en ocasiones puede ser caprichosa, pero en el fondo sabe cuándo y cómo apoyar a sus amigos. Algo que tuvo que aprender a la fuerza lejos de sus padres por más de tres días en un mundo desconocido para ella. Incluso podría decirse que estimó más a Daisuke a pesar de su pasado, a pesar de que éste último ni se haya dado cuenta, y que Rina no quisiera confesarlo hasta que Mizuki sacara a relucir ese tema.

———————————————————————–

17.- Revelando la verdad. El nuevo inquilino.

Bien, después de haber dado un vistazo a las vidas de Hiroshi, Akio, Rina y Mizuki en sus familias y asimilando la verdadera razón de nuestra desaparición por más de tres días, ahora vuelvo a mi vida cotidiana…

Llegamos a casa, pidiendo que mis padres no hubieran llegado antes que yo.

-Bien, Gotsumon. -dije. -Creo que podremos entrar por la puerta de la casa.

Abrí la puerta, haciendo que primero pasara Gotsumon y de último yo. Al entrar, vimos que la casa estaba totalmente iluminada, y en el sofá, mi padre…

-¿A dónde fuiste, Daisuke? -preguntó mi padre severamente.
-Esto… yo… -dije a punto del susto.
-Dijiste que te ibas a quedar en casa. Entonces, ¿a dónde saliste? ¿Y quién es el que te acompaña? -preguntó de nuevo. -Tu madre y yo te vimos en el parque con esos monstruos extraños. ¿Qué es lo que nos ocultas?

Mi padre se levantó del sofá y le quitó la capa a Gotsumon, dejando ver su verdadero aspecto.

-¿Go… Gotsumon? -preguntó mi padre.
-Esa es la verdadera razón de mi desaparición por más de tres días. -dije apenado.

Gotsumon no sabía qué decir. Quería recoger su capa y volver a cubrirse, pero la figura imponente de mi padre lo hizo inmovilizarse.

-¿Qué rayos me estás diciendo? -gritó mi padre. -¿Que te fuiste de viaje por más de tres días al Digital World sin decirme nada? ¿Te fuiste y nos dejaste preocupados?
-¡Puedo explicarlo! -intenté comentarle a mi padre. -¡Yo no recordaba lo que había pasado…!

Antes de que pudiera darle una explicación lógica, pude sentir la mano de mi padre impactando fuertemente en mi mejilla. Gotsumon incluso lanzó un suspiro al ver aquella escena.

-Déjalo, Gotsumon… -dije a punto de sentirme indefenso. -Siempre pasa esto… Siempre tengo la culpa de todo lo que malo en esta casa… Sabía que Piccolomon-sama estaba errado… Que aunque mi padre fuera el gran héroe del Digital World, jamás me escucharía…

Salí caminando lentamente por las escaleras, sintiendo un sentimiento de pesadez y angustia.
-¿A dónde vas, Daisuke? -preguntó mi padre todavía molesto.
-A mi habitación. ¿No estoy castigado? -pregunté. -Al fin y al cabo… seguramente hasta tengo la culpa de que mamá fuera enviada al Digital World…
-¿Qué dijiste, Daisuke? -preguntó mi padre.

Pero no le hice caso, metiéndome a mi habitación sin siquiera intercambiar palabras… Cerré la puerta y me tumbé en la cama recordando todo lo que había pasado hasta ahora. Cada vez que mi padre quería hablar de algo, siempre terminaba en algo como eso, teniendo yo la culpa de todo lo que sucediera.

Mi padre, viendo desde la sala, preguntó:
-Gotsumon… ¿qué fue lo que quiso decir Daisuke?
-Yo… yo… -comenzó a titubear Gotsumon. -Conozco un poco de lo que pasó, pero no me considero el más adecuado para explicarlo…

Mi padre lanzó un suspiro, y al poner un pie sobre el primer escalón de la escalera, dijo:
-¿Puedes venir conmigo, Gotsumon?

Gotsumon asintió con la cabeza, y ambos llegaron a la puerta de mi habitación.
-¡Abre, Daisuke! -dijo mi padre mientras golpeaba la puerta.

Gotsumon se adelantó a él y abrió la puerta girando la perilla, dejando casi boquiabierto a mi padre.
-Oh… gracias, Gotsumon.

Mi padre entró a mi cuarto, y me encontró acostado sobre la cama de espaldas hacia la puerta. Se sentó a un lado, sin embargo no volteé a mirarle.
-Daisuke…
-¿Sí…? -pregunté si mirarlo.
-Lamento lo que pasó… -dijo mientras lanzaba un suspiro. -Pero quisiera que me explicaras lo último que dijiste… ¿cómo está eso de que tu mamá estuvo en el Digital World?
-Papá, no es necesario que te disculpes… -dije a punto de llorar. -¡Mamá fue secuestrada por Torkaimon hace seis meses! ¡Me obligaron a trabajar para ellos a cambio de que me la devolvieran!

Mi padre se quedó como de piedra al escuchar mi fuerte confesión.
-¿Qué dijiste, Daisuke?
-¡La verdad! -dije llorando. -¡Hice muchas cosas malas tan sólo para que ese maldito cumpliera su promesa!
-Daisuke… -murmuraba Gotsumon sin saber ni cómo ni cuándo intervenir.
-¿Entonces…? ¿Por eso desapareciste el fin de semana pasado?
-Así es… Pudimos vencerlo, no lo hice solo, fue gracias a Gotsumon, pero al final pude recuperar a mamá… pero… pero…
-Cuando llegaste dijiste que no sabías dónde habías estado…
-Hice muchas cosas malas allí… por eso mi sentencia fue el no poder recordar nada sobre ese mundo…
-¿Qué clase de cosas malas? -seguía preguntando mi padre.
-Destrocé aldeas… maté a muchos inocentes… yo… me siento tan mal de todo eso…

Mi padre me tomó de los brazos, me dio un abrazo y me preguntó:
-¿Y de verdad hiciste eso para rescatar a tu madre?
-Sí… todo eso hice… -dije todavía llorando.
-No apruebo lo que hiciste… pero… me alegro que tu mamá y tú estén a salvo. -contestó sin darse cuenta de que noté que su voz se quebraba.

Gotsumon lo único que hizo es sonreír. Nunca antes había notado que mi padre me escuchara tan atentamente como ahora… Su abrazo se sentía más cálido que los que conocía de él, incluso podría decir que era la primera vez que sentía que mi padre estuviera tan preocupado por mí…

-¿De… de verdad, papá? -pregunté todavía agitado.
-Yo también fui al Digital World… e hice muchas cosas malas, tan solo para desenmascarar a ese maldito… No puedo creer que todavía estuviera causando daños…
-No exactamente… Torkaimon no está, pero su secuaz Onagimon sigue por aquí…
-¿Y por eso tu Gotsumon está aquí?
-Así es… -contesté. -Él fue quien los salvó en el parque.

Mi padre dejó de abrazarme y saludó a Gotsumon.
-Mucho gusto, Gotsumon. -le dijo. -¿Así que tú eres el Digimon de mi hijo?
-Sí… lo soy. -dijo Gotsumon orgulloso de sí mismo como siempre lo era.
-¿Tú venciste a Torkaimon?
-No podría haberlo logrado de no ser por Daisuke, claro que sin restar créditos a los demás niños. -dijo presumiendo.
-¡Eres un presumido, Gotsumon! -dije burlándome de él.
-Bien, Gotsumon. -dijo mi padre y le estrechaba la mano para evitar la molestia de Gotsumon. -Mi nombre es Kaito Yanami, el papá de Daisuke.

Gotsumon puso los ojos como platos al escuchar eso.

-¿U… usted? -preguntó Gotsumon sorprendido. -¿Usted es el gran Kaito Yanami? ¿El semi-dios del Digital World?
-Bueno… tanto como el semi-dios, no me gusta mucho ese título, pero sí, ese mismo soy.
-¡No puedo creerlo! -dijo Gotsumon. -¡No puedo creer que esté estrechando la mano de un personaje tan importante para todos los Digimon!
-¿De verdad eras tan importante? -pregunté. -Un tal Gargadomon me lo dijo…
-Fui quien encerró a uno de los secuaces de Torkaimon en una prisión para que nunca pudiera salir de allí y… Un momento… ¿Dijiste “Gargadomon”?
-Bueno… yo… -dije un poco triste.
-¿Quieres decir… que conociste a mi Digimon? -preguntó mi padre.

Al escuchar eso me quedé petrificado… De todos los miles… no, millones de Digimon existentes en el Digital World, tenía que ser precisamente él quien fuese un conocido de mi padre…

-No… -dije asustado, agitado y confuso. -No… ¡No! ¡No! ¡¡No!!
-¿Qué pasa, hijo? -seguía mi padre preguntándome al ver mi reacción.
-De todos los Digimon que asesiné… no… no puede ser… no… ¡No! ¡¡No!!
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon enojado. -¡Tú no fuiste! ¡Fue Rakugamon! ¡Así que deja de echarte la culpa de eso!
-¡Pero… pero Gotsumon…! -dije intentando disculparme…
-¡Pero nada! -gritó de nuevo. -¡Nosotros escuchamos en carne propia la confesión de Torkaimon diciendo que ese que atacaba a Gargadomon no eras tú, sino su maldito esbirro!
-¿Qué dices? -pregunté al escuchar eso.

No había escuchado algo así, pro si Gotsumon decía la verdad, y estaba seguro que así era, entonces sabían desde un principio a medias lo que me había pasado entonces…

-A ver, a ver. -dijo mi padre pidiendo una explicación. -¿Alguno de los dos podría decirme qué tiene que ver Rakugamon en todo esto?
-Bueno papá… -comencé a narrar. -Torkaimon me confió el cuidado de Rakugamon, forma Digimon a la cual hasta hace poco podía transformarme a voluntad…
-¿Controlabas a un Digimon tan fuerte?
-En parte, hasta que de pronto tomó posesión de mí, y cuando pude recuperar mi voluntad, me encontré con lo que había dicho Gotsumon… -contesté volteando la cabeza hacia otro lado y bajándola a la vez.
-Gargadomon renacerá, de eso no te preocupes. -dijo mi padre tan tranquilo, a pesar de que antes de eso había lanzado un tremendo suspiro.
-Pero… ¿y sus recuerdos? -pregunté. -Sus recuerdos no regresarán…
-¿Qué tan seguro estás de eso? -me preguntó mi padre. -¿No te contaron que para poder encerrar a Rakugamon en esa prisión capsular, Gargadomon agotó toda su energía vital muriendo y regresando como un Digitama?
-No… no lo sabía… -dije.
-Los recuerdos más profundos del alma se quedan con nosotros, a pesar de que el tiempo pase y se haya llevado nuestros restos. No habría podido obligar a mi amigo a pretender algo que no era… por ejemplo, hacerle creer que era mi amigo fiel aunque no me recordara. Eso sería forzarlo. Lo mismo que tú dices lo pensé… pero cuando nació, y me llamó por mi nombre, supe que muchas veces no es así.
-Si llega a recordar lo que pasó, espero que algún día me perdone…
-Estoy seguro que lo hará. -me dijo mi padre.
-Sólo tengo una pregunta más. -contesté. -¿Por qué te hiciste aliado de Torkaimon a voluntad?
-Porque a mí me tenía secuestrada en su castillo ese maldito. -contestó mi madre quien se encontraba en la puerta de mi habitación.
-Ma… mamá… -dije quedándome casi sin aliento. -¿Entonces escuchaste todo lo que pasó?
-Desde un principio. -contestó serena. -Es imposible ignorar los gritos que pegaba tu padre.
-Misuzu… Gotsumon… -dijo mi padre. -¿Por qué no se sientan? Esta va a ser una charla un poco larga…

Y allí empezó una plática de más de media hora en la que escuché las hazañas de mi padre. Una historia quizás bizarra si la hubiera escuchado hace más de seis meses, pero que ahora hasta me parecía emocionante.

Contó cómo un niño de 9 años, junto con otro grupo de amigos, incluida mi madre, había encontrado lo que llamaban un Digital Gate en una cueva de Ciudad Roja. Al llegar allí se encontraron con un mundo fantástico lleno de criaturas algo extraña, varias de las cuales no se separaban de ellos.

Pero con el paso del tiempo, apareció un Digimon de atributo virus (al que conocía a la perfección) y tomó a mi madre como rehén. Mi padre, en un ataque de enojos, decidió unirse a sus tropas armadas, a pesar del rechazo que los demás le tuvieron en un principio. Allí cometió muchos de los crímenes que anteriormente había hecho igualmente yo en persona… Pero en realidad su plan había sido infiltrarse en esa organización y desmantelarla por completo, rescatando a mi madre y provocando la ira de Torkaimon y sus fieles esbirros.

-Entonces fuiste un competo doble cara… -dije mirándolo.
-Si quieres llamarme así, podría decirse que sí… -me contestó.
-Y no puedo creer que ese maldito siga causando destrozos en nuestras vidas. -contestó mi madre.
-Entonces… ¿Torkaimon sigue enojado con usted, Yanami-sama? -dijo Gotsumon.
-Seguramente… -reflexioné. -No encuentro otra razón para la que me hubiera elegido precisamente a mí teniendo tantos niños cerca de aquí…
-Por favor… -contestó mi madre. -No mencionemos esto a Ayano.
-¿Por qué no? -pregunté.
-A menos que quisiéramos alarmarla, o que supiera casi todo lo que está pasando, es mejor que esto quede como un secreto entre nosotros cuatro.
-De acuerdo… -contesté. -Como ustedes quieran, aunque Ayano conoce la existencia de Gotsumon, no sabe ni la mitad de todo lo que les he contado.

El celular de mi padre sonó, quizás en un momento de lo menos oportuno. Lo contestó y sólo a bases de “Sí”, “Ajá”, “Voy para allá” pudimos saber que lo estaban llamando de la agencia de autos.

-Me temo que me hablan del trabajo. -dijo. -¿Saben? ¿Qué les parece si toda la familia vamos a cenar fuera esta noche?
-¿¡De verdad!? -pregunté emocionado. -¿Y podrá ir Gotsumon?
-Sólo si lo vistes como un humano. -dijo. -Con la capa con la que lo llevabas hace rato, seguramente se le quedarán mirando más de lo normal.
-De acuerdo, seguramente Ayano me podrá prestar los disfraces de sus muñecos más grandes. -dije.
-Cuídate cariño. -le dijo mi madre despidiéndose de él con un beso.
-Tú también, Misuzu… -dijo al salir de mi cuarto.

Lo último que escuchamos fue el pisar frenético de los escalones y el portazo de la puerta al salir.

-Bueno, Daisuke, -dijo mi madre. -Creo que será mejor que vayamos a comer. Avísale a Ayano que estamos en el comedor.
-Voy para allá. -dije antes de correr hacia la habitación de Ayano.

Al estar a solas mi madre con Gotsumon, está dijo:
-Gracias por cuidar de mi hijo cuando más lo necesitaba.
-Yo… yo… -titubeaba Gotsumon. -Es lo menos que podía hacer al ver a Daisuke siendo extorsionado por ese maldito.

Mi madre suspiró un poco y dijo nuevamente.
-Espero que Lalamon se encuentre bien… Me pregunto cómo será ahora…

————————————————————————

-¿Pero qué es esto? -preguntó alguien.
-¿Quién es? -dijo asustado el Digimon y volteó a su alrededor.
-No pareces ser alguien de las tropas armadas de Torkaimon. -contestó un Hagurumon. -¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás ayudando a los Niños Elegidos?
-No sé de qué hablan. -volvió a decir asustado el Digimon. -No… no entiendo nada…
-¡Eso! ¡Eso es un Digivice! -gritó otro Hagurumon. -¡Es un aliado de los Niños Elegidos! ¡Atánquenlo!
-¡Déjenme en paz! -gritó el Digimon al verse acorralado en un poste de luz.

Al gritar del Digimon, el Digivice comenzó a despedir luz de su pantalla, cegando a sus enemigos y haciendo que éstos retrocedieran regresando a su “cuartel general”. El Digimon, después de eso, sólo pudo caer agotado al suelo, sin fuerzas para ponerse de pie, o de siquiera hablar con alguien…

—————————————————————–

-¿Ya se va, señor Yanami? -preguntó Irene, la secretaria de recepción.
-Sí, Irene. Dígale a los trabajadores que mañana podrán retirarse desde el mediodía, por temporada de descanso, y que los veo aquí mismo el lunes en la mañana.
-Por supuesto, señor Yanami. Lo veo muy contento…
-Sí… han pasado muchas cosas buenas en mi casa estos días…
-¿Regresó su señora y su hijo a casa?
-Mucho mejor que eso… pero no te lo puedo mencionar.
-Me alegro que todo esté bien con usted, aquí los empleados podíamos verle triste a cada instante.
-No debían haberse preocupado tanto. -contestó mi padre.
-Usted es la cabeza de esta agencia de autos. ¿Cómo no nos íbamos a preocupar por usted?
-Bueno, está bien. Que hagan lo que quieran.
-¿Y va a salir a la calle con todos esos ataques terroristas?
-¿Qué ataques terroristas?
-Me enteré en la radio de un ataque de sujetos disfrazados destrozando el parque principal. Y supe que en unos minutos, el alcalde de la ciudad dará un informe especial por radio sobre esos ataques.

Mi padre reaccionó rápidamente. Era como si a los Digimon los llamaran “terroristas” buscando únicamente destrozos en la ciudad.

-Me tengo que ir rápidamente. Cuídese, Irene.

Se subió a su automóvil nuevo y comenzó a manejar a toda velocidad por las calles de la ciudad, claro que respetando los límites de velocidad. De un momento a otro, tomando la ruta de la avenida principal, y deteniéndose frente a un semáforo en rojo, comenzó a recordar aquellos viejos momentos en los que tenía casi mi edad, aquellos momentos que pasó al lado de su fiel Digimon. Lo conocía a la perfección, era fuerte y ágil, pero no presumía de ello. Al contrario, era modesto, prudente y a veces hasta callado. Sabía decir las palabras correctas para toda situación y compartieron juntos bellos instantes que no cambiaría por nada del mundo.

Rememoró aquel instante en que había decidido unirse a las tropas armadas de Torkaimon, recibiendo el repudio de sus amigos, sin entender por un instante sus motivos por los que había tomado tal camino. Su traición hacia ese Digimon le hizo ganar un puesto honorífico como capitán de una de las Digital Gates que estaban en el Digital Border, revisando que nada de un mundo pasara hacia otro, y viceversa.

-Espero que puedas perdonar a mi hijo, Gargadomon… -dijo en voz baja.

El semáforo puso su luz en verde e inició de nuevo la marcha. Encendió el radio en una de las pocas estaciones que teníamos en la ciudad para despejar sus pensamientos, y escuchó las palabras de nuestro señor gobernante.

Estimados ciudadanos”, sonaba su voz en la radio. “Nuestra ciudad se ha visto afectada últimamente por terroristas disfrazados que lo único que han venido es a causar destrozos en nuestra pacífica ciudad. Afortunadamente tenemos un tiempo de respuesta mucho más efectivo que el de ellos, y por eso, la ciudad estará sitiada por fuerzas militares en cada una de las calles para evitar que esos perturbadores de la paz destruyan lo más valioso de nuestra riqueza, nuestra gente y nuestra seguridad. Del mismo modo se le pide a la ciudadanía que colabore con nosotros. Si conocen de algún vecino que pueda tener relación con esta ola de ataques, no duden en denunciarlo ante las autoridades correspondientes…

Mi padre apagó el radio justo en ese instante. Nada estaba pintando bien para ninguno de nosotros. Seguramente si los ven en la calle, los militares los tacharán de terroristas y los capturarán… “Tengo qué ir a casa pronto…”, pensó. Así, tomó una ruta más corta pero que requería doblar a cada esquina de los fraccionamientos aledaños para poder llegar.

Al doblar en una esquina, logró identificar una figura azul muy extraña desmayada en el suelo. Pensando incluso lo peor, frenó con fuerza haciendo chillar las llantas en el pavimento. Se bajó de su asiento y corrió a auxiliar a aquel ser. Al revisarlo mejor, estuvo a punto de desmayarse de la impresión.

-¿¡V-mon!? -preguntó.

Pero V-mon no respondía. Respiraba agitado con fuerza, los ojos cerrados y con síntomas de una fiebre próxima, estaba inconsciente en el suelo sosteniendo en su mano derecha uno de los artefactos que mi padre conocía como Digivices. Había sido atacado por un grupo de Hagurumon, y parecía no haber probado bocado alguno durante su “viaje” al mundo humano.

Mi padre no lo pensó dos veces antes de llevar en su espalda a V-mon, abrir la puerta trasera y acostarlo en los asientos. Miró a todos lados esperando que no lo hubieran visto llevando a uno de esos monstruos, y al asegurarse de que había sido así, se subió al asiento del conductor, cerró con fuerza la puerta y arrancó el vehículo a toda velocidad.

-Esto se nos está saliendo de las manos… -pensó.

——————————————————————–

Después de haberme dado un baño y vestirme con pantalones y camiseta azul, fui a visitar a Gotsumon en el cuarto de Ayano, quien había recibido todo un remake en su forma de vestir, lamentablemente…

-Ayano… -dije.
-¿Sí, Daisuke-niichan? -preguntó.
-¿No tenías…? -dije antes de estornudar (*17) -¿No tenías playeras y pantalones para ponerle a Gotsumon? No creo que ese vestido floreado le siente bien. -contesté un poco avergonzado al ver a mi amigo de roca siendo vestido como una muñeca de porcelana.
-Pero a mí me gusta. -contestó Gotsumon.
-Ven acá, Gotsumon. -dije mientras agarraba su mano algo avergonzado y me lo llevaba a mi cuarto. -Espero que mi madre no haya tirado mis ropas…

Después de aquella vergonzosa escena que nunca más se volvió a repetir, pudimos todos terminar de vestirnos. Mi madre lucía un vestido negro de una sola pieza, además de unos aretes llamativos que le había regalado mi padre. Mi hermana, en cambio, lució ese vestido floreado que le había puesto a Gotsumon. Mi madre, emocionada, le dijo incluso que parecía toda una princesa.

Habíamos esperado hasta las 7 de la noche. Al escuchar el motor del automóvil de mi padre, estuvimos a punto de abrir la puerta de la casa, pero mi padre fue más rápido y abrió inmediatamente bajando del automóvil.

-Me temo que la cena familiar se cancela. -dijo mi padre agitado y asustado asomándose por la puerta.
-¿Qué pasa, querido? -preguntó mi madre angustiada al ver la cara de desesperación de mi padre.
-Algo muy grave. -contestó aún con la piel pálida. -Daisuke, ven al auto.

A lo que obedecí sin preguntar, al menos hasta que salimos de la casa.
-¿Qué es lo que pasa, papá?

Mi padreabrió la puerta trasera del automóvil, y dijo.
-Esto es lo que pasa.

Al asomarme a los asientos, pude identificar a un Digimon. Mi cara de preocupación cambió a uno de susto.
-¿Qué es lo que hace ese Digimon en el auto? -pregunté.
-Lo encontré tirado en la calle. -dijo mi padre tratando de serenarse.
-¿Pero por qué está aquí? -pregunté nuevamente. -¿Y si es aliado de Torkaimon?
-Los aliados de Torkaimon no soportan la luz que emana el Digivice. -contestó mi padre. -No creo que un Digimon aliado de Torkaimon sea tan tonto como para llevar un Digivice en la mano.
-Si consideramos que este no está siquiera despierto, eso refuerza mis sospechas. -contesté.

Al darle la vuelta, pude identificar que se trataba de un V-mon, el Digimon de la victoria, algo juguetón pero a la vez demasiado amigable, pero en el estado en el que lo pude apreciar, no creo que estuviera de buen humos para hacer todo lo que su naturaleza le dictaba…

-Yo me llevaré a V-mon a la casa. -dijo mi padre. -Pero antes necesito que tomes el Digivice que lleva en las manos.
-S… Sí. -contesté apresurado.

Hice lo que mi padre había dicho, tomé el Digivice que llevaba V-mon en sus manos, uno totalmente blanco, y mientras nos dirigíamos a la casa, comencé a revisar los menús del dispositivo. Por lo general, en el menú principal, podía ver el nombre del portador de ese aparato. Al menos eso pude comparar cuando vi el del resto de mis compañeros. Sin embargo, este no tenía nombre, ni siquiera una identificación o algo…

Cerré la puerta de la casa y vi a mi padre dejando a V-mon en la sala. Le había pedido a mi madre que trajera unos pañuelos y agua, y una gelatina por si despertaba y le daba un poco de hambre. Pude ver a Ayano asustada, viendo lo que pasaba.

-¿Qué es esto, Daisuke-niichan? -me preguntó.
-Yo tampoco lo sé… -dije.
-¿Un V-mon? -preguntó Gotsumon al verlo durmiendo en el sofá.
-No entiendo qué hace aquí un Digimon. -dije. -Y menos inconsciente en una calle. Esto no pinta nada bien.
-Y que lo digas, Daisuke. -contestó mi padre. -Acabo de escuchar en la radio que debido a los incidentes en el parque, vamos a tener militares rondando la ciudad.
-¿Qué? -pregunté asustado. -¿Quiere decir que…?
-Así es. -dijo mi padre. -Oculta a Gotsumon en tu Digivice para que el ejército no lo encuentre.
-Pero… -dije mientras guardaba a Gotsumon. -¿Qué vamos a hacer con V-mon? Es decir, lleva un Digivice en las manos, pero no sabemos ni de quién es. Sólo el propietario del Digivice puede guardar a su Digimon.
-Supongo que tendremos que llevarlo a otro lugar… -dijo mi padre pensando en algo para evitar que nos metieran en problemas.
-¿Digivice? -preguntó Ayano atenta, pero ajena a la vez, a la conversación. -¿De qué hablan, papá, onii-chan?

Saqué el Digivice que había llevado V-mon en sus manos, y lo dejé en la mesita de centro.

-Eso es un Digivice. -contesté. -Dicen los viejos sabios que son dispositivos que si caen en manos correctas, pueden liberar al mundo de la oscuridad y la maldad. Sé que sonará demasiado a ficción ya cuento chino, pero esa es la verdad…
-La verdad, sí, claro… -dijo Ayano algo escéptica mientras tomaba entre sus manos el artefacto.

Al tomar mi hermanita menor el artefacto, una fuerte luz emanó de la pantalla. Este dispositivo voló literalmente de las manos de Ayano, tratando de apuntar su luz hacia V-mon. Mi hermana y yo, al igual que mi padre, quien estaba allí presente, nos sorprendimos de tal acontecimiento. Después de medio minuto de emanar luz de su pantalla, ésta luz se apagó,y el Digivice cayó lentamente hacia la mesita de centro. Al cabo de unos segundos, V-mon comenzó a lanzar pequeños quejidos producto de su letargo.

-¿Dónde… dónde estoy? -preguntaba V-mon.
-Estás en el mundo humano, V-mon. -dijo mi padre. -Te encontré tirado en la calle inconsciente y te traje a mi casa.
-¿Mundo humano…? -preguntó de nuevo.

Tomé el Digivice blanco, y por curiosidad, me atreví a mirar el menú del dispositivo. Casi me voy de espalda al suelo y me desmayo al ver el nombre “Ayano Yanami” como propietario del Digivice, su Digi-ID y revisando el listado de Digimon disponibles para ese artefacto, vi el nombre de V-mon en ella.

-Esto no puede ser… -dije en voz baja, despertando la curiosidad en mi padre.
-¿Qué pasa, Daisuke? -preguntó.
-Mira lo que aparece en el Digivice. -contesté.

Inclusive mi madre se unió a nuestro descubrimiento, pues ella conocía algo sobre el Digital World. Pero Ayano no estaba atenta a la plática entre el resto de mi familia y yo, sino que estaba tratando de comprender un poco del inmenso mundo del que conocíamos tanto mi padre como yo.

-¿Te sientes bien? -preguntó. -¿Cómo te llamas?
-Mi nombre… -dijo V-mon llevándose una mano en la cabeza. -Mi nombre es V-mon, y yo… no recuerdo qué me pasó y…

V-mon interrumpió su respuesta al ver a mi hermana. No entiendo lo que pudo haber pasado en aquel instante, pero pude notar que sus ojos se tornaron brillosos y con forma de platos.
-¿O… ojou-san? -preguntó. -¿Puede que seas tú, ojou-san?

Continuará…