15.- Los diarios de Rina y Mizuki

Llegamos a casa, pidiendo que mis padres no hubieran llegado antes que yo.
-Bien, Gotsumon. -dije. -Creo que podremos entrar por la puerta de la casa.

Abrí la puerta, haciendo que primero pasara Gotsumon y de último yo. Al entrar, vimos que la casa estaba totalmente iluminada, y en el sofá, mi padre…

-¿A dónde fuiste, Daisuke? -preguntó mi padre severamente.
-Esto… yo… -dije a punto del susto.
-Dijiste que te ibas a quedar en casa. Entonces, ¿a dónde saliste? ¿Y quién es el que te acompaña? -preguntó de nuevo. -Tu madre y yo te vimos en el parque con esos monstruos extraños. ¿Qué es lo que nos ocultas?

Bien, sé que me mereceré un fuerte regaño por haber escondido este enorme secreto a mi padre, pero antes de mostrarles la regañiza de mi vida, quisiera mostrarles cómo viven los demás. Rina, Akio, Hiroshi y Mizuki. Han sido catorce capítulos en los cuales he mostrado cómo me han acontecido estos movimientos tanto en el mundo real como en el Digital World. Sin embargo, sé que he dejado en segundo plano a los demás, por ese motivo quisiera mostrarles cómo los demás van a vivir teniendo a sus Digimon en el mundo real. Espero les guste, no ha sido nada fácil investigar ese asunto.

Pero… ¿es necesario que yo lo cuente todo? ¿Por qué no mejor… que lo hagan ellos? O en este caso, que lo hagan ellas…

—————————————————-

No puedo creer lo que ha pasado. ¿De verdad Patamon está aquí? ¿De verdad? No puedo creer que hasta hace unos pocos días no recordaba nada sobre mi amiga, pero ahora gracias a Daisuke habíamos recuperado lo que nos hacía falta.

-Oye, Mizuki. -me dijo Patamon mientras la cargaba y caminaba en la calle.
-¿Qué pasa? -pregunté.
-¿Por qué me llevas abrazada? -me preguntó preocupada.
-No puedo dejar que vayas volando junto a mí. -contesté dándole una buena explicación. -Además estás tan preciosa, tienes el pelaje como el de un gato.
-Me gusta que me lleves abrazada, Mizuki. -me dijo Patamon acomodándose en mis brazos.
-Al menos puedo cargarte como un peluche y decirle a mis padres que me lo regalaron. -mencioné.
-Oye, Mizuki… -preguntó mi amiga Patamon. -¿Me extrañaste?

Me detuve frente a un edificio en construcción, tomé aire y le contesté.

-Seré sincera. En estos dos días en que perdí la memoria, sabía que me faltaba algo. Pero no recordaba qué era. Ahora sé que ese algo eras tú.
-Daisuke hizo un excelente trabajo cuidando de nosotros. -contestó Patamon. -Hasta se ofreció a cuidarnos en su casa hasta que los encontráramos.
-¿De… de verdad? -bajé la cabeza y pregunté.
-¿Qué tienes, Mizuki? -preguntó Patamon al ver mi cara triste.
-Es que… en la escuela, Daisuke era muy reservado. No hablaba con nadie y menos con alguno de nosotros… Lo poco que sabíamos era que al poco tiempo de que su familia llegó a la ciudad, su madre había sido secuestrada.
-¿Estás preocupada por lo que le pasó a Daisuke? -preguntó Patamon en un tono que dejaba insinuar algo.
-¿Qué estás tratando de decir, Patamon? -dije asustada por lo que trataba de decirme Patamon. -¡No era eso! Es solo… que Daisuke ha estado haciendo muchos méritos… ha cambiado desde que regresamos del Digital World.
-¿Como si tratara de reparar el daño que hizo cuando era aliado de ese Digimon llamado Torkaimon? -me preguntó Patamon. -A lo mejor quiere compensar el mal que ha hecho con lo poco que tiene: Gotsumon y su conocimiento del Digital World.
-No lo culpo… -contesté. -Creo que si me hubiera puesto en su lugar, y fuese mi madre la que estuviese en esos aprietos, habría hecho lo mismo.
-No justifico lo que Daisuke hizo hace algún tiempo, pero entiendo lo que quiso hacer… -contestó Patamon. -¿Pero tú confiarías en mí?
-Claro que sí. -contesté. -Pero al menos sé que no estoy sola.

Habíamos caminado varias cuadras hasta que al fin llegamos a mi casa.

-Bien, ésta es mi casa. -dije señalando la casa de dos pisos que se aparecía frente a nosotros. -¿Entramos?
-Por supuesto. -me contestó Patamon.

Entramos a casa, y la primera persona que nos saludó fue la señorita Kaede, la sirvienta que mi madre había contratado para encargarse de las labores del hogar mientras ella trabajaba en el despacho de abogados.
-Buenas tardes, Mizuki-ojousan. -me dijo Kaede.
-Buenas tardes, Kaede. -le contesté con respeto. -¿Ha visto a mi madre?
-No, señorita Mizuki. -me contestó Kaede. -La señora Chiba avisó que no iba a llegar a comer a tiempo, pero que por compensación, saldrá más temprano de su trabajo.
-Muchas gracias, Kaede. -le dije respetuosamente.

Kaede-san miró fijamente a Patamon, y por un instante me sentí asustada.
-Mizuki-ojousan. -me dijo Kaede. -Usted sabe que a la señora no le gusta que traigan animales a casa. Y menos algo tan raro como este gato gordo.
-¿Gato gordo? -preguntó Patamon, haciendo caer todo el plan que habíamos montado para evitar que nos descubrieran.

Por un instante pensé que Kaede se alarmaría, pero su reacción fue diferente.
-¡Qué precioso está, Mizuki-ojousan! -dijo Kaede abrazando y tomando de las mejillas a Patamon. -¿Es su mascota?

Lo único que pude ver fue la cara de molestia de Patamon al sentir cómo le jalaban las mejillas.

-No tanto como mi mascota. -dije. -Es más como mi amiga.
-¿Y desde cuándo la tiene? -me interrogó Kaede.
-Desde hace algunos días. -le dije. -Espero que a mamá le guste.
-Yo creo que su señora madre sí le dejará tener a este precioso gato. -me dijo Kaede. -Usted ha sido una niña muy buena en todos estos años que la conozco. La señora se puso muy mal en estos días que estuvo secuestrada y casi mueve cielo y tierra para encontrarla a usted. Incluso fue a ver al padre de usted.
-Sí… secuestrada… -contesté un tanto rara al recordar que hasta hace unas horas no tenía ni idea de lo que había pasado ese fin de semana. -Voy a estar en mi cuarto.
-¿Se va a arreglar para la tarde? -preguntó Kaede.
-¡Cierto! -mencioné recordando mis planes para hoy. -¡Rina va a venir hoy! ¿Puedes prepararme el agua tibia?
-En unos minutos lo haré, señorita Mizuki. -contestó Kaede tan amable como siempre lo era. -¿Va a querer algunos entremeses con su comida?
-Con un poco de té, por favor. Y prepare algo para Rina.
-Con mucho gusto.

Abrazando a Patamon, caminé hacia mi habitación. Noté que se había dormido en mis brazos, así que la acosté sobre el colchón y la dejé dormir tranquilamente. Pero se despertó muy pronto, porque…

-¿Va a venir Rina a tu casa? -preguntó Patamon.
-Así es. -contesté mientras me quitaba las zapatillas y las dejaba bajo la cama.
-Ustedes dos se llevan muy bien. -insinuó Patamon mientras se tendía sobre mi cama. -Podría decir que son más que amigas.
-Adivinaste, Patamon. -dije aliviada. -Rina y yo somos medias hermanas.
-¿Medias… hermanas?
-Somos hijas del mismo papá, pero no de la misma mamá. Por eso llevamos apellidos distintos, ella es Inoue, como mi papá, y yo soy Chiba, como mi mamá.
-No sabía eso. -me dijo Patamon.
-Sólo espero que hoy salga bien, mejor que en veces pasadas… -dije angustiada.

—————————————————————————–

-¿A dónde vamos, Rina? -preguntaba Piyomon insistentemente.
-¡Ya te lo dije! -le contesté. -¡Vamos a ir a mi casa!
-¿Y por qué debo llevar esta capa? -me preguntó de nuevo.
-¡Porque no puedo dejar que te vean! -contesté nuevamente. -En este mundo eres como un pájaro enorme con un color raro y que habla.
-De acuerdo… -contestó resignada Piyomon.

Habíamos avanzado unas cuadras,doblando por aquí y por allá.
-¿Vamos a mi casa? -pregunté.
-¿De verdad? -preguntó Piyomon emocionada.
-Recuerdo haberte invitado hace días a mi casa,¿no? -le contesté.
-¿Y podré conocer a tu mamá y a tu papá? -me preguntó.
-Bueno… tanto como conocerlos no sé si se pueda… -dije apenada rascándome la cabeza. -Recuerda que debo buscar la manera de que mis papás no se asusten al verte.
-De acuerdo… -volvió a decir resignada.
-No te preocupes. -le dije para tranquilizarla. -A lo mejor y hasta te aceptan allí.
-Oye, Rina… -me preguntó. -¿Qué hiciste en estos días en que no recordabas nada?
-Yo… -comencé a rememorar lo que había pasado hasta ahora. -La verdad no recordaba que te hubiera conocido… De no ser por la insistencia de Daisuke de ir a su casa…
-¿Por qué decidiste tomar la misma sentencia de Daisuke? -me preguntaba a cada rato.
-Bueno, yo… -comencé a titubear.

Por un instante no había reconocido eso hasta ahora, sin embargo me había dado cuenta que intentaba entender a Daisuke de una forma que los demás no comprendían, como si… como si… No, eso no podía ser… Daisuke no era como los demás, no era un buen deportista, ni eramuy aplicado en las clases, pero…

-¿Qué te pasa, Rina? -insistía de nuevo Piyomon.
-¡Nada, nada! -contesté apurada. -Bien, hemos llegado a casa.

Nos detuvimos frente a una modesta construcción. No era de dos pisos o más como la de nuestros vecinos, pero para nosotros, era suficiente, sólo tres en casa, o cuatro con Piyomon. Al entrar a la casa, pude ver que mi mamá estaba atendiendo a unos clientes de su negocio de bienes raíces en una habitación que había amueblado como oficina.

-¡Rina! -dijo mi mamá desatendiendo a sus clientes por unos minutos. -¿Cómo te fue en la casa de tu amigo?
-Muy bien. -contesté inmediatamente. -Aunque creo que tendré mucha tarea para estas vacaciones.
-¿Entonces, no irás a visitar a tu hermana Mizuki? -me preguntó de nuevo.
-¡Sí voy a ir! -contesté obvia. -También pienso ver cómo haremos todas esas actividades.
-Me gusta que te lleves bien con tu hermana. -me contestó.
-Sí, claro… -dije algo harta pero sin que mi mamá se diera cuenta.
-Ve a vestirte, que tu papá viene al rato a llevarte.
-Sí, mamá. -contesté antes de dirigirme a mi habitación, pero…
-¿Qué es eso que tienes detrás de ti? -me preguntó mi mamá.
-¿¡Eso!? -dije alarmada. -Eso es… es…
-Soy un loro enorme, y hablo. -dijo Piyomon.

Al escuchar eso, me quedé helada, pensando que mi mamá no iba a creer lo que estaba escuchando.
-¿Puedo quedármelo? ¿Puedo? ¿Puedo? -dije apresurada para distraer la atención de mi mamá.
-Yo sí te daría permiso… pero tu padre… -contestaba pensativa mi mamá. -Ya veremos, pero recuerda siempre limpiar sus… desperdicios.
-Trataré de hacerlo. -contesté arrastrando a Piyomon a mi cuarto.

Cerré la puerta de mi cuarto y dije…
-Por poco y no la libramos…
-Lamento haber hablado pero… -contestó triste Piyomon.
-No te preocupes. -le dije. -Hasta se te ocurrió algo para que mi mamá no sospechara algo malo. Gracias Piyomon.
-Rina… ¿Mizuki es tu hermana?
-Del mismo padre… -contesté después de tomar un poco de aire.
-¿Y cómo es eso? -insistía Piyomon.
-Yo tampoco lo sé… pero eso es lo que me dicen siempre mis papás… -dije con la cabeza baja.
-¿Y te van a llevar con ella? -preguntó de nuevo Piyomon.
-Sí… aunque para ser sincera no me gusta ir con ella… -dije triste.
-Pero te llevas muy bien con Mizuki, ¿por qué no te gusta ir con ella? -preguntó Piyomon.
-No es por ella, a ella la admiro mucho… más bien es por otra cosa… -dije triste nuevamente, esperando que Piyomon no hiciera más preguntas sobre eso.

——————————————————————-

-¿Quieres llevar a tu loro rosado? -preguntó mi papá desde adentro del automóvil.
-Sí, papá. -dije mientras le ponía el cinturón de seguridad a Piyomon.
-¿Pero no crees que está demasiado grande para ser un lorocomún y corriente? -preguntó de nuevo mi papá.
-Es de raza grande. -inventé contenta.

Mi mamá nos despidió con un efusivo saludo. No entendía por qué no quería venir con nosotros, pero bueno, al final lo iba entendiendo de a poco… Al fin habíamos llegado a la casa de Mizuki, e inmediatamente fui recibida por la sirvienta de la casa.

————————————————–

-¡Rina! -contesté alegremente.
-¡Mizuki! -me dijo Rina.

Ambas nos abrazamos como siempre lo hacíamos, y la acompañé a mi cuarto mientras mi mamá y nuestro papá intentaban “hablar”…

-¡Qué bueno que por fin podemos estar juntas otra vez! -dije.
-Sí, a mí también me agrada. -dije con un tono que no correspondía con lo que había dicho.
-Lo sé, lo sé… -contesté para no desanimarla. -Espero que hoy no vuelvan a hacer lo mismo…

Mientras Patamon y Piyomon se sentaban frente al televisor, nosotras hablábamos sobre lo que había sucedido…

-Y pensar que hasta hace unos días Daisuke quería matarnos… -dije para romper la tensión.
-Pues tanto como querer matarnos, a mí no me parece del todo. -contestó Rina.
-Tienes razón, como le comentaba a Patamon hace poco, si me hubiera pasado algo como eso, no sé qué habría hecho…
-¿Pero… y su padre? -preguntó Rina. -¿No se supone que su padre viajó al Digital World?
-Lo más probable es que Daisuke no lo supiera hasta hace poco. -contestó Piyomon.
-¿Eh? -pregunté. -¿Qué es lo que dices, Piyomon?
-En todo el Digital World lo conocemos, o al menos hemos escuchado su nombre. -contestó Patamon. -Si no se enteró de él, seguramente fue porque Torkaimon nunca se lo dijo.
-Tengo una pregunta, Rina. -dije recordando lo que dijo Patamon. -¿Por qué quisiste tomar la misma sentencia de Daisuke?
-Eh… yo… -dijo Rina avergonzada.
-¡Estás sonrojada! -grité al ver sus mejillas rojas. -¡Lo sabía! ¡Sabía que tu insistencia por el bien de Daisuke no era común!
-¡No es cierto, Mizuki! -gritó mi hermana molesta. -Es sólo que…
-¿Sí? -volví a insistir.
-Creo que… que tiene algo especial… -finalmente Rina soltó la sopa.
-¿Especial? -pregunté insistiendo.
-Es decir… -decía Rina algo apurada. -en el Digital World hablaba como si conociera lo que hacía o a dónde debíamos ir. A pesar de que en ocasiones duda de lo que sabe hacer, cuando lo reconoce, pareciera que está dispuesto a todo. No era tan malo como lo pintábamos todos…
-¿Te gusta Daisuke? -pregunté asombrada al escuchar tantas palabras positivas sobre Daisuke.
-¡No lo digas en voz alta! -gritó. *17

Pero la voz alta no era mía ni de Rina, sino de nuestro papá y mi mamá, quienes entre sus discusiones no se daban cuenta que nosotras estábamos escuchando atentamente todo lo que decían. Muchas palabras duras y terriblemente fuertes, como por ejemplo que por culpa de Rina, mi padre había abandonado a mi madre.
-¡No…! -gritó Rina. -¡Otra vez no!

Rina salió corriendo abriendo la puerta y gritando:
-¡Dejen de pelear de nuevo!

Rina salió corriendo de la casa, y tanto Piyomon, como Patamon y yo, salimos a la calle a buscarla. Mientras salíamos de casa, podía percibir cómo mis padres seguían discutiendo, como si echarse la culpa uno al otro resolviera todos los problemas, incluso sin darse cuenta de aquellos “monstruos”.

-¡Rina! -gritaba para tratar de encontrarla.
-¿Dónde estás Rina? -preguntaba Patamon.

Piyomon, quien voló unos metros arriba para cubrir un poco más amplio, pudo divisar a Rina llorando en una esquina.
-¡Ya la vi! -dijo.
-¡Sí! -contesté.

———————————————————————-

Otra vez volvían a discutir por mi culpa. Esa era la razón por la cual nunca quería que mi padre o mi madre me llevaran a casa de Mizuki, porque siempre que llegaban, terminaban en una discusión como esa, en la que me señalaban de todo lo malo que ellos hacían.

-Quiero irme lejos… -dije mientras apoyada cerca de un poste de luz me secaba las lágrimas.
-¡Rina! -gritaban Mizuki, Piyomon y Patamon quienes se acercaban.
-¡Déjenme en paz! -grité. -¡No quiero regresar nuevamente a esa casa, ni a la mía!
-¡Rina, por favor! -me intentaba consolar Mizuki.
-¡No! -grité nuevamente. -¡Yo tengo la culpa de que mi papá y tu mamá se peleen cada vez que voy a tu casa! ¡Si me largo lejos de aquí, quizás y dejen de pelearse!
-Rina… no te sientas así… -intentó consolarme mi hermana.

Pero un fuerte impacto cerca de la cuadra nos distrajo a las cuatro. Pudimos notar que una horda de sábanas blancas (las cuales algún momento Daisuke nos había mencionado que se llamaban Bakemon) se dirigían justamente a la cuadra donde vivía Mizuki, por lo que preocupadas precavidamente fuimos hacia allá. Y nuestras sospechas eran ciertas, los Bakemon estaban causando destrozos en la casa y un personaje muy conocido (y odioso) para todos hacía su aparición…

-¡Onagimon! -gritamos las cuatro.
-Vaya, vaya. -nos contestó sarcásticamente. -Esta no es la casa de los hijos del elegido, pero sí es la de uno de esos Niños.
-¿Qué estás haciendo, Onagimon? -gritó Mizuki.
-Causar destrozos, eso es lo que me gusta hacer. -contestó burlonamente.

Mizuki hizo evolucionar a Unimon, mientras que Piyomon hizo lo mismo convirtiéndose en Birdramon. Unimon lanzaba proyectiles de su cuerno para ahuyentar a los Bakemon, mientras…
-Rina… -dijo Birdramon. -Quiero pelear contra Onagimon.
-¿Y qué vas a hacer? -gritó este sujeto.
-¡Meteor Wing! -gritó mientras de sus alas lanzaba proyectiles de fuego.

Pero Onagimon fue más ágil y pudo esquivar sus ataques, incluso saltó por los postes lanzando un fuerte martillazo a Birdramon, lanzándolo a los suelos.
-¡Kekekeke! -reía Onagimon. -¿De verdad eso es lo que puede hacer ese pollo gigante?
-¡Birdramon! -grité acercándome a mi compañera quien apenas se levantaba. -¡Resiste!
-Eso intento, Rina… -me decía Birdramon aún con fuerzas para seguir de pie.

Pude ver que en la casa donde Onagimon seguía causando destrozos, seguían mi padre y la mamá de Mizuki.
-¡Déjalos en paz, Onagimon! -grité.

A pesar de que se pelearan a diario y que en ocasiones sus palabras me hirieran, Mizuki era a final de cuentas mi media-hermana y no iba a dejar que sus padres sufrieran daño alguno. Pero el colmo fue cuando Onagimon llegó a ellos e intentó atacarles.
-¡¡¡Basta!!! -grité fuertemente esperando a que Onagimon los dejara.

Un halo de luz aparentemente rosada me cubrió, una fuerte sensación cálida recorría todo mi cuerpo. Y mi Digivice volvió a alumbrarse, lo tomé con mis manos y logré leer una leyenda que decía: “Inserte Digisoul aquí para continuar”.

-¿Di… Digisoul? -pregunté en voz baja.
-¿Qué está pasando? -preguntó Mizuki.
-Maldita sea… -refunfuñaba Onagimon.

Cerré uno de mis puños y pude notar cómo aquel halo de luz de color se concentraba en ese lugar, deduje en ese instante que eso era lo que el Digivice llamaría “Digisoul”. Al pasar esa mano en el Digivice, pude ver que reaccionó por completo, y algo en Birdramon estaba pasando… Ese halo de luz lo envolvía, y de un instante a otro se hizo más intenso evitando ver adentro. Al irse bajando la intensidad de la luz, pude ver a otro Digimon. Esto prácticamente era lo que había pasado con el Digimon de Daisuke, pero esta vez parecía ser diferente.

-¿Ga… Garudamon? -gritó Onagimon al ver al “nuevo” Digimon.
-Si intentas causar daño en el mundo de donde vienen los niños, atente a las consecuencias, Onagimon. -dijo Garudamon con una voz más recia que la que conocía.

Parecía un hombre pájaro, un poco más pequeño que Birdramon, pero su apariencia me recordaba un tanto al Leomon de Daisuke. Onagimon con su agilidad, intentó atacar a Garudamon, pero éste fue más rápido, lanzándolo al suelo de un puñetazo.

-Shadow Wing. -Garudamon aprovechó mientras su oponente seguía en el suelo para lanzar su ataque especial.
-Maldito… -eso fue lo único que pudo mencionar Onagimon antes de desaparecer… o al menos eso creí que había hecho.

Al parecer el esfuerzo de Garudamon fue muy fuerte que en vez de regresar en Piyomon, regresó en una forma totalmente diferente, y mucho más pequeña como si fuera una pequeña planta.
-¿Estás bien? -corrí para auxiliar a mi amiga.
-Un poco. -me dijo en esa forma (la cual luego me enteré que se trataba de Pyocomon).

La abracé, y miré hacia la casa de Mizuki, la cual vi cómo auxiliaba a su mamá y a nuestro padre.
-Gracias por salvarnos, Rina. -dijo mi padre abrazándome.

Muzki intentó abogar por mí, incluso quiso reunira sus padres.
-Creo que le deben una disculpa a Rina por lo de hace rato. -dijo.
-Tienes razón, mi cielo. -contestó mi papá.
-Creo que esa discusión no tenía sentido. -dijo la mamá de mi hermana.
-Al fin y al cabo, ambas son mis hijas, y a las dos las quiero por igual, aunque no pueda estar con una de ellas el tiempo que quisiera. -dijo mi padre.
-¿Entonces piensan regresar pronto? -preguntó Mizuki.
-Eso no se puede. -dijo su mamá. -Nosotros decidimos que seríamos más felices si vivíamos separados.
-¿Sabes Mizuki? -preguntó mi papá. -Me gustaría que vinieras a visitarnos un día de estos, aprovechando que estás de vacaciones. Eso… si es que tu madre nos permite…
-Por supuesto. -contestó su mamá. -¿Quieres ir?
-Por supuesto que acepto encantada. -contestó mi hermana emocionada.
-Sólo que la casa no es tan grande como esta. -dije bromeando.

Al final, y después de una ligera pero amena explicación sobre dónde habíamos estado las dos durante el fin de semana, todos terminamos de reír. Mientras mi papá y la mamá de Mizuki hablaban tranquilamente, prometiendo no volver a pelear, nosotras cuatro fuimos al parque más cercano a disfrutar el atardecer.
-Qué bueno que todo quedó en buenos términos. -dije meciéndome en los columpios. -Nuestro papá y tu mamá se contentaron…
-Me gustó mucho estar contigo en tu mundo, Rina. -me contestó Pyocomon sentada sobre mi regazo.
-¿Algún día regresarás a ser un Piyomon? -pregunté.
-Sólo si tú lo deseas. -me contestó Pyocomon.
-Mizuki… -dije.
-Dime… -me contestó mi hermana sentada junto a mí en otro columpio.
-Prométeme que no hablarás con Daisuke sobre lo que te dije. -dije avergonzada.
-Te lo prometo. -dijo con una sonrisa. -Que Daisuke se entere por sí mismo.
-Me alegra que seas mi hermana… -dije.
-A mí también… -me contestó.
-Y a mí me gusta haberlas conocido. -contestó Patamon.

Y así, disfrutábamos de la más bella puesta de sol que pudimos haber tenido, pero noté que algo parecía agobiar a Pyocomon.

-¡Ah! -gritó de pronto Pyocomon. -¡Recuerdo que Onagimon mencionó algo sobre los “hijos del elegido”!
-¿Y qué pasó Pyocomon? -pregunté.
-¡Ahora recuerdo que el otro sobrenombre del gran héroe del Digital World, Kaito Yanami, era…!
-¡Era… era “El elegido”! -completó Patamon.
-¿¡Qué dicen!? -gritamos Mizuki y yo al mismo tiempo al escuchar eso.

Continuará…