The Digital World Chronicles – Capítulo 14: Descifrando: El hijo del elegido
oct 19
-¡Daisuke! ¡Despierta Daisuke! -gritaba Gotsumon aquella mañana del miércoles. Tomé mi Digivice el cual estaba a un lado mío y miré la hora. Corrí hacia el armario, y debajo de mi vestimenta encontré un recipiente tapado, en el cual había guardado suficiente comida como para que los Digimon pudieran desayunar. -Lamento tener que irme tan temprano, pero en unos minutos regreso. Le puse cerrojo a la perilla de la puerta para que nadie pudiera entrar al cuarto y me dirigí al comedor. -Ayano… mamá… papá… ¿Qué hacen vestidos así? -pregunté al verlos con sus trajes, vestidos y zapatos, además de estar perfectamente peinados. Recordé por un instante que esas eran las excusas que inventaba a menudo para poder irme al Digital World y poder servir a Torkaimon-sama… pero esta vez era diferente… -Déjalo Kaito. -dijo mi madre. -Daisuke está en edad de hacer amistades, además no llevamos mucho tiempo en la ciudad, debe conocer un poco más sobre las personas con las que se relaciona a diario en clases. Me senté al comedor, y después de disfrutar un suculento desayuno a base de cereal y pan tostado con mermelada y digerirlo con una amena plática, fui a despedir a mi familia. Al cerrar la puerta sentí un sentimiento de alivio. Corrí inmediatamente a mi habitación a ver cómo los Digimon, después de comer, veían con atención la calle a pesar de que habían encendido el televisor para entretenerse un poco. -¿Qué hacen amigos? -pregunté. Nuestra “a punto de realizarse” discusión fue interrumpida por el timbre de la puerta. -Deben ser ellos. -contesté. -Escóndanse, no quiero que los vean aún. Salí de mi habitación, y después de observar por la mirilla de la puerta principal de mi casa, pude ver a los cuatro reunidos. Me dirigí rápidamente a la cocina después de haberlos acomodado en el comedor. —————————————————– -Pero no puedo dárselos así como si nada. -dije. -No me creerán si les digo qué es en verdad. —————————————————– Tomé los tubos que Piccolomon-sama me había otorgado y los vacié uno por uno a cada vaso de jugo de naranja, procurando recordar a quién iba dirigido cada bebida. Al escuchar eso mis amigos, algunos no sabían ni qué decir. En cambio otros, como Akio, comenzaban a reírse. -¿Qué clase de broma es esta? -preguntaba Hiroshi. Corrí directo a la cocina y en una charola llevé las bebidas a mis amigos. Me aseguré de darles su vaso correcto para que no sucediera algo extraño. Les aconsejé que se lo tomaran hasta el fondo y que no dejaran ni un poco en el vaso, mientras… Los siete (los Digimon y yo) corrimos hacia la primera planta a ver lo que sucedía. Vimos que apenas terminaban sus bebidas cuando dije: En ese instante, los cinco acompañantes se silenciaron por un momento, como si aquella escena se detuviera en ese preciso momento entre incógnita y revelación. -Eh… ¿qué es todo esto? -preguntaba Hiroshi mientras se llevaba una mano a la frente. Mis amigos comenzaron a levantarse de sus asientos y a abrazar a sus Digimon, como si hubiese pasado mucho tiempo antes de volverse a ver. Aunque habían pasado únicamente dos días desde que regresáramos al mundo humano, para todos nosotros, incluyéndome a mí, esos días fueron una eternidad. -Los reencuentros los pueden dejar para otro momento *pi*. -aconsejó Piccolomon-sama. -Daisuke tiene algo qué decirles *pi*. Mizuki, como el resto de los demás niños, pusieron una cara de extrañados al ver aquellas hojas. Al ver perfectamente la nota caí en lo que estaba pasando. Yo era el único de los niños en entender el famoso Digialfabeto. Para mí era de lo más normal, seis meses siendo aliado de Torkaimon me habían permitido aprender muchas cosas sobre el Digital World, y ese era otro de los pequeños detalles que debía aprender. -Eh… se me había olvidado que no podían leer ese idioma. -dije avergonzado rascándome la cabeza. Mientras yo iba a mi habitación a acompañar a Piccolomon-sama, el televisor de la sala se encendió de pronto. Conociendo a mi madre, seguramente había puesto el temporizador para poder ver sus telenovelas. Pero el canal sintonizado mostraba otras cosas, entre ellas el parque principal siendo atacado por una horda de ogros verdes. -Hasta luego, Daisuke *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Espero que puedan encontrar a ese hijo del elegido antes de que Onagimon lo haga. Piccolomon-sama desapareció frente al monitor de la computadora, e instantes después pude escuchar el grito de mis amigos diciendo: “Ven rápido a la sala, Daisuke”. Corrí como de rayo a la sala para ver lo que estaba sucediendo en la televisión y ver lo que las tropas armadas de Torkaimon estaban causando en la ciudad. -Vamos, Daisuke. -me aconsejó Gotsumon. Mientras algunos íbamos montados sobre Birdramon, otros iban sobre Unimon. El camino hacia el parque principal era muy largo, y en autobús o a pie nos sería imposible llegar a tiempo. Al llegar al parque principal, podíamos ver destrozos por todos lados, árboles destruidos, bancas fuera de sus lugares y lo que más nos llamaba la atención: hordas de Goblimon atacando a diestra y siniestra a todo lo vivo y lo inerte, comandados por un Ogremon. Tanto Birdramon como Unimon se apersonaron frente a la multitud de Goblimon, haciendo que éstos retrocedieran. Pero mis amigos no dejaron que los Digimon malignos se salieran con la suya, haciendo gala de sus más poderosos ataques. -¿Qué? -dijo Ogremon. -¡Se suponía que los Niños Elegidos no iban a recordar nada de sus pasados! Pero esos Goblimon eran insistentes, un poco extraño para lo que según conocía sobre su naturaleza. Incluso pude percatarme que intentaron atacar a una familia que se encontraba en las inmediaciones del parque… ———————————————————- -¿Qué son estas cosas? -preguntó Misuzu. Las hordas de Goblimon comenzaron a rodearlos sin temor, pero… -Juu-Ou-Ken. -gritó Leomon a la vez que con su poder lanzaba a varios de los Goblimon al suelo. Kaito pudo ver cómo aquel justiciero se mostraba frente a los cientos de Digimon que causaban destrozos por la zona. -Muchas gracias por ayudarnos, Leomon. -contestó Kaito. Los humanos tomaron esa recomendación y se alejaron del lugar. Pero Leomon no estaba preparando para un ataque por la espalda. -Ha-Ou-Ken. -gritó Ogremon mientras lanzaba un puñetazo a Leomon por la espalda. Leomon apenas tuvo tiempo para sacar su espada y detener su ataque, arrastrando a éste varios metros detrás. -¿Atacando por la espalda, Ogremon? -dijo Leomon. Ambos Digimon se enfrascaron en una enorme pelea, mientras el resto de mis amigos trataban de detener a los pocos Goblimon que quedaban. Afortunadamente al ver que no podían hacerles frente, se retiraban de a poco, dejando a Leomon y a Ogremon solos peleando. -Meteor Wing. -dijo Birdramon atacando a Ogremon. Leomon lanzó un corte de su espada, hiriendo gravemente a Ogremon. Los Goblimon, escondidos detrás de los árboles, corrieron a auxiliar a su jefe inmediato. -¡Maldito comandante Rakugamon! -gritó un Goblimon. -¡Se supone que debía estar de nuestro lado! Los Goblimon corrieron asustados llevándose a su jefe. Mientras Gotsumon y el resto de Digimon se sentaban a descansar después de pelear. -Debemos… irnos… pronto… -dijo Gaomon. Llevé caminando a Gotsumon a mis espaldas. Por fortuna llevaba su capa, así podía cubrirlo para evitar que la gente se asustara al verlo. Por supuesto, esperaba a las críticas de las personas que nos veían pasar, quienes nos veían sin parar. A pesar de que era bastante incómodo, ya estaba acostumbrado a que me miraran mal. Llegamos a casa, pidiendo que mis padres no hubieran llegado antes que yo. Abrí la puerta, haciendo que primero pasara Gotsumon y de último yo. Al entrar, vimos que la casa estaba totalmente iluminada, y en el sofá, mi padre… -¿A dónde fuiste, Daisuke? -preguntó mi padre severamente. ———————————————————– A lo lejos, un ¿Digimon? caminaba confundido, aturdido y asustado a la vez. De un extraño color azul y con un pequeño cuerno cerca de la nariz, unas orejas largas hacia atrás, una cola enorme y una mancha amarilla en la cabeza, caminaba confundido en las calles de algún vecindario de Ciudad del Valle. Al llegar a una tienda de abarrotes, se metió al puesto y le preguntó al dependiente. El dueño del local, al verlo, lo único que pudo hacer fue gritar al ver semejante monstruo. El grito del señor asustó demasiado al “Digimon” haciéndolo correr despavorido del local. Ese Digimon siguió caminando cuidándose del nuevo mundo en el que estaba. Lo único que recordaba antes de despertar en el mundo humano era que un fuerte tornado había azotado la región donde vivía. Pero lo que más le confundía era que al despertar en el mundo humano, en sus manos tenía uno de esos “dispositivos sagrados”, como los conocía. -¿Pero qué es esto? -preguntó alguien. Continuará…
-No mamá, hoy no quiero ir a la escuela… -dije medio dormitando aún.
-¿¡Ocho de la mañana!? -grité alarmado. -¡Maldición! ¡Hay que comer, vestirme y… y…! Esperen… que estoy de vacaciones…
-Tranquilízate, Daisuke. -decía Piyomon.
-Cierto, cierto. -dije tranquilizándome .-Si los llegan a descubrir, no saben en la que me voy a meter.
-Pero… tu padre es el gran Kaito Yanami *pi* -contestó Piccolomon-sama. -No creo que se enfade si nos ve a todos.
-Cierto… -contesté. -Primero se alarmará, luego me preguntará de dónde los saqué a ustedes y desconfiará mucho más de mí…
-¿Pero qué tienes con tu padre *pi*? -preguntó Piccolomon-sama.
-¿Usted va a estar también como Gargadomon? -contesté. -Eso es un asunto del cual no me gusta hablar para nada…
-Kaito Yanami era un héroe para nosotros *pi*. -rebatía Piccolomon.
-¡Pero para mí no lo es! -grité. -¡Él sólo está ahí cuando me regaña o cuando algo pasa conmigo! ¡Si se llega a enterar que los estoy hospedando se pondrá furioso, y si le digo todo lo que hice en el Digital World, no me imagino lo que pensará hacer!
-¡Daisuke! -gritó mi mamá desde el otro lado de la puerta. -¡Ya está listo el desayuno!
-Mi mamá… -dije asustado pensando en que había escuchado toda mi conversación con los Digimon. -¡Ya voy mamá! Apúrense, no hagan ruido… ¡En unos momentos voy, mami!
-Le comentéa tu padre que quería dar un paseo en familia por toda la ciudad. ¿Quieres venir, Daisuke? -preguntó mi madre.
-Quisiera… pero quedé de juntarme con unos amigos hoy en la mañana… -contesté.
-¿Por qué nunca quieres venir con nosotros Daisuke? -gritó enfadado mi padre. -Siempre que Ayano y yo queríamos salir en familia, nos salías con que estabas cansado, o debías hacer deberes escolares, o algo por el estilo.
-De acuerdo, Misuzu… -dijo mi padre intentando contenerse. -Pero la próxima debemos salir todos juntos, y la próxima vez vas a cancelar todos tus asuntos y nos vamos en familia.
-Me gustaría conocer Wet Island… -dijo Ayano emocionada.
-Dicen que es una maravilla de poblado con una playa preciosa. -dije. -Y no como las aguas contaminadas de aquí que le llaman “playa”. Por cierto papá, ¿no deberías ir a trabajar?
-Tienes razón Daisuke. -me dijo mi padre. -Hace unos días me di un paseo por la playa de la ciudad y estaba muy contaminada… debe ser producto de los derrames petroleros de las sondas cercanas. Y sí, debería ir a trabajar, pero siendo el gerente de la agencia Tsubaki, me dí una escapada y preferí estar algo de tiempo con la familia. Aunque sí iré, pero más tarde.
-Entonces Daisuke… -dijo mi madre. -¿Te vas a quedar en casa?
-Sí. -contesté. -Ellos van a venir aquí en unos minutos más.
-Sólo cuídate, no dejes que alguien entre en casa. -dijo mi madre finalmente.
-Disfrutando estas cosas raras de este árbol. -me dijeron- ¿No tienen carne o pizza?
-En el mundo real las pizzas no brotan de los árboles. -comenté decepcionándolos un poco.
-Tu mundo me decepciona un poco, Daisuke. -dijo Gotsumon a modo de broma.
-Eres un glotón, ¿verdad, Gotsumon? -le contesté de la misma manera.
-Pasen, pasen. -dije mientras abría la puerta.
-Sabes lo que es esperar con el calor de la mañana, ¿no, Daisuke? -preguntó Akio.
-Lo sé, lo sé. Ahora mismo prendo el aire acondicionado. ¿Quieren unas bebidas?
-Por supuesto… -dijo Rina con sus protestas de siempre. -Tengo mucho calor.
-No hay otra forma *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Deben tomárselo todo sin que quede un solo rastro en el tubo.
-¿No podría mezclarlo con alguna bebida para que no sospechen nada?
-Con jugo de naranja me parece *pi*. Pero su efecto desaparece si lo haces con jugo de limón *pi*.
-Antes que nada, les mentí. -dije mientras llegaba de la cocina al comedor. -En realidad no había ninguna actividad escolar.
-Entonces, ¿para qué nos citaste aquí? -preguntó Hiroshi.
-Tengo muchas cosas qué hacer, -me dijo Mizuki. -y a Rina casi le amargas el día diciendo que hay una actividad escolar muy complicada.
-Antes que nada… quisiera decirles que mi nombre es Daisuke Yanami, y hasta hace unos días, era comandante de las tropas armadas de Torkaimon.
-Eh… esto… -dije. -En un momento vengo.
-En un momento regreso. -dije mientras corría a mi cuarto rápidamente.
-¿Qué pasó, Daisuke *pi*? -preguntó Piccolomon-sama.
-Ya está todo, Piccolomon-sama. -contesté. -Vamos rápido.
-¿Y tus papás? -preguntó Gotsumon.
-No están aquí, así que podemos aprovechar. -contesté. -Vamos.
-Después de que se terminen esas bebidas, estoy seguro que recordarán a estos personajes.
-No somos personajes, somos seres digitales. -dijo Gotsumon.
-Como sea, total, ahora mismo no recuerdan quienes son ustedes. -le contesté en voz baja al oído.
-¿Dijiste algo Daisuke? -preguntó Mizuki.
-Los recuerdos están haciendo efecto *pi*. -dijo Piccolomon-sama contento.
-¿Eh? ¿Piccolomon-sama? -dijo Rina reconociendo inmediatamente a la bola rosada.
-¿Me recuerdas, Rina? -preguntó Piyomon.
-Ahora lo recuerdo todo. -contestó Rina.
-Cierto. Aquí tienen unas copias con un supuesto plan de Torkaimon para hacer estragos en el mundo humano.
-¿Qué? -dijo Rina alarmada. -¿Dices que ese Digimon tan feo sigue vivo?
-Tanto como vivo no. -dije. -¿No viste como Leomon lo venció?
-¿Y entonces? -preguntó Hiroshi.
-Es Onagimon. -contesté. -Onagimon está aquí mismo en Ciudad del Valle, y estas hojas eran parte de su plan. Indican cómo debe someter al mundo humano hasta encontrar al “niño del elegido”.
-¿Niño del elegido? -preguntó Akio. -¿Podría estar relacionado contigo?
-No lo creo. -dije. -Me encontré ayer con él, y me hubiera reconocido, en todo caso no podría serlo.
-A ver, déjame leer estas hojas. -dijo Mizuki.
-Eh… Daisuke. -dijo Rina.
-¿Qué pasa? -pregunté. -¿Encontraste algo?
-¿Con qué tipografía pusiste esta nota? -preguntó Hiroshi.
-Pues con la predeterminada… -contesté extrañado.
-O esta es una mala broma, o la escribieron en idioma extraterrestre. -dijo Akio enseñando la nota.
-¿Eso… eso es un idioma? -preguntó Rina. -Más bien parecen puros garabatos…
-¡Oye *pi*! -contestó enojado Piccolomon-sama. -¡No ofendas nuestro modo de escribir!
-Ya, ya, Piccolomon-sama. -dije intentando calmarlo. -Este no es momento para enfadarse. Hay otras cosas más importantes.
-Verán… -dijo Gotsumon para evitar una pelea. -Onagimon quiere sitiar toda la ciudad donde viven ustedes para poder encontrar al hijo del elegido. Tenemos qué evitar a toda costa que intente hacer algo similar.
-¿Y qué podemos hacer? -preguntó Mizuki.
-Por ahora sólo ha enviado a todas las tropas armadas de Torkaimon. -contesté. -Pero no pasará mucho hasta que Onagimon decida presentarse e intentar atacarnos.
-Lo bueno es que tenemos a todos de nuestro lado, ¿verdad? -preguntó Hiroshi.
-No a todos. -contesté apenado. -Ese maldito Onagimon me “robó” a Rakugamon. En eso no podré serles de ayuda…
-Pero me tienes a mí, ¿o no, Daisuke? -preguntó Gotsumon.
-¡Eso es cierto! -dije contento. -Leomon es muy fuerte, y si pudiste vencer a Torkaimon, con Onagimon no será nada del otro mundo.
-Bien *pi*. -dijo Piccolomon-sama. -Mi trabajo aquí se ha terminado *pi*. Sólo debía entregar a los Digimon y a los recuerdos de todos ustedes para poder seguir peleando.
-¿Entonces se va al Digital World? -pregunté.
-Así es, Daisuke *pi*. -contestó. -¿Tienes una computadora cerca *pi*?
-Por supuesto, lo acompañaré. -contesté y lo llevé a mi habitación.
-¡Cuídese, Piccolomon-sama! -gritaban efusivamente el resto de Digimon para despedirlo.
-Haremos todo lo posible, Piccolomon-sama. Así que vaya al Digital World sin cuidado.
-Por supuesto. -contesté.
-Pero aquí estamos, listos para vencer a los que intenten destruir la ciudad. -contestó Akio. -¡Gaogamon! ¡A lo tuyo!
-¡Spiral Blow! -gritaba Gaogamon a la vez que con una especie de tornado saliendo de su boca dejaba fuera de combate a varios de los Goblimon.
-¡Tengo miedo! -gritaba Ayano.
-¿Digimon? -murmuraba Kaito. -¿Pero cómo es posible que estén poraquí?
-¡El Elegido está aqui! -gritó un Goblimon. -¡A él!
-Debería irse de aquí, señor. Este lugar no es seguro para ustedes. -dijo Leomon.
-Para atacar no importa por dónde hacerlo, estúpido Leomon. -contestó Ogremon emocionado.
-¿Qué? -dijo Ogremon. -¡Esto no es justo!
-¿No dijiste que para atacar no importaba por dónde hacerlo? -dijo Leomon. -¡Shi-Shi-Ou-Maru!
-Se supone. -contesté llegando hacia ellos. -Pero no me gusta formar parte de una rebelión.
-Lo sé… -dije. -Esas personas a las que salvó Leomon eran mi familia. Espero que no me hayan visto…
-Entonces vámonos rápido a casa… -decía Gotsumon todavía cansado.
-Creo que todos deberíamos irnos. -comentó Hiroshi.
-¿Pero qué le diremos a nuestros padres? -preguntó Rina.
-La verdad… -dije resignado. -Me temo que no podemos ocultar esto por más tiempo.
-Bien, Gotsumon. -dije. -Creo que podremos entrar por la puerta de la casa.
-Esto… yo… -dije a punto del susto.
-Dijiste que te ibas a quedar en casa. Entonces, ¿a dónde saliste? ¿Y quién es el que te acompaña? -preguntó de nuevo. -Tu madre y yo te vimos en el parque con esos monstruos extraños. ¿Qué es lo que nos ocultas?
-¿Dó… dónde estoy?
-¿Quién es? -dijo asustado el Digimon y volteó a su alrededor.
-No pareces ser alguien de las tropas armadas de Torkaimon. -contestó un Hagurumon. -¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás ayudando a los Niños Elegidos?
-No sé de qué hablan. -volvió a decir asustado el Digimon. -No… no entiendo nada…
-¡Eso! ¡Eso es un Digivice! -gritó otro Hagurumon. -¡Es un aliado de los Niños Elegidos! ¡Atánquenlo!
-¡Déjenme en paz! -gritó el Digimon al verse acorralado en un poste de luz.
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