10.- La evolución de Gotsumon

-No… ¡no…! ¡Esto no puede estar pasando! -grité desesperado. -¡Gargadomon, estás equivocado! ¡Yo no…!
-¡Eres… eres un…! -trataba de decir el Vigilante, pero apenas y podía abrir la boca.
-¡Perdóname, Gargadomon! -grité asustado y llorando. -¡No quise hacer esto! ¡Tienes qué creerme!

Pero la Devil Sword de Rakugamon, mis manos sosteniendo la empuñadura y la punta de la espada clavada en el abdomen de Gargadomon decían para los demás totalmente lo contrario… ¿Pero cómo…? ¿Cómo pudo haber sucedido…? No lo entendía… Seguramente Rakugamon ya había dado su golpe final antes de ser vencido por mí, demasiado tarde me dije.

-Daisuke… la muerte nunca se perdona… -me dijo como sus últimas palabras antes de desintegrarse en data y dispersarse por los cielos tomando camino hacia alguna dirección.
-¡Gargadomon! ¡No! -grité nuevamente desconsolado aún sabiendo que no me escucharía.

Me arrodillé contra el suelo, y derramando algunas lágrimas, dije resignado…

-Me rindo, Torkaimon-sama…
-¿Qué… qué estás diciendo, Daisuke? -preguntó Gotsumon algo débil.
-Lo siento, Gotsumon. Pero Torkaimon-sama ha ganado… Ahora sé que no se puede vencer a un demonio… Torkaimon-sama, usted ha ganado…

Torkaimon comenzó a carcajearse como era su costumbre, burlándose de mi condición.

-¿Lo ves, niño Yanami? -me contestó. -Si nunca se te hubiera pasado por la cabeza la idea de traicionarme, nada de esto habría pasado.
-Lo siento, Torkaimon-sama. De verdad lo siento mucho…
-Daisuke… -decía nuevamente Gotsumon.
-Esto es muy horrible… -dijo Rina abrazando a su “amiga” Mizuki.

Torkaimon, con un movimiento de manos, lanzó a Piccolomon hacia los árboles lejanos, dejando a mi madre indefensa. Lo aprovechó y tomó el tubo donde ella estaba contenida.

-¡No lo hagas! -gritaron mis amigos.
-¿Qué piensas hacer? -grité asustado y confundido.
-¿Así que ella es el ser más preciado para ti, eh? -me preguntó burlonamente. -Pues entonces creo que si la mato, no tendrás ningún motivo para volver a traicionarme.
-¡No lo haga, por favor, Torkaimon-sama! -grité con desesperación y llanto. -¡He hecho todo lo que me ha pedido! ¡He sometido a miles de pueblos! ¡He asesinado a todos los Digimon que le han sido una molestia! ¡Me infiltré con los Niños Elegidos para intentar destruirlos desde adentro! ¡Siempre le he obedecido hasta el final! ¡Todo lo he hecho en favor de usted, he sido como su perro fiel! ¡Porque me prometió que la liberaría!
-Para que nunca se te vuelva a ocurrir traicionar a un demonio. -me dijo mientras lanzaba a mi madre al acantilado más cercano.

Al ver ese momento, sentí como mi mundo se derrumbaba, como si las palabras de aliento de mis amigos se desaparecieran en un mar de oscuridad, llevando conmigo un enorme peso del cual nunca me podría liberar… Ya todo estaba perdido…

-Y ahora te toca a ti sufrir el mismo destino de tu madre… -me dijo burlonamente.
-Evoluciona, Piyomon… -dijo Rina. -Haz lo que tienes que hacer.

Piyomon no tenía fuerzas para pelear, pero sí para evolucionar unos minutos, volar hacia el acantilado rescatando a mi madre de una muerte segura, llevándolaa algún lugar a salvo y regresar a su etapa de niñez. Torkaimon iba cada vez más frente a mí, ya todo estaba perdido…

——————————————————–

–Yo… yo… ¡odio a Torkaimon!
-¿Y por qué no lo vences? –preguntó de nuevo Gotsumon intentando acercarse a mí.
-¿Qué crees que es lo que quiero? –le dije. -¿Por qué crees que quiero que vayamos a ese castillo? Si pudiera hacerlo por mi propia cuenta, ya lo habría hecho… Gotsumon… ya no quiero ser esclavo de Torkaimon… dime qué puedo hacer… Quiero salvar a mi madre… pero no quiero seguir siendo el malo…

——————————————————–

-¡Basta, Torkaimon! -gritó Gotsumon.
-¿Eh? ¿Un niño Digimon viene a retarme?
-¡Eres un maldito! -gritó Gotsumon de nuevo. -¡Hiciste llorar a Daisuke! ¡Traicionaste toda la confianza que puso en ti, maldito! ¡Hizo todo lo que le pediste, tan sólo para que cumplieras tu promesa! ¡Incluso nos dio la espalda para que siguieras confiando en él! ¡Pero ya basta! ¡No dejaré que te sigas aprovechando de él!
-¡Go…! ¡Gotsumon! -grité al ver a mi amigo de roca con los brazos extendidos de espaldas hacia mí, como si tratara de protegerme, haciéndole frente a mi “jefe”. -¿¡Qué estás haciendo, Gotsumon!?
-Hacer lo que debí haber hecho hace mucho… -me contestó Gotsumon sin voltear a verme. -Defenderte de Torkaimon y sus secuaces.
-¿Y qué piensas hacer, niño de roca? -preguntó Torkaimon contento. -¿Vencerme con tus ataques de juguete?
-¿¡Estás loco, Gotsumon!? -grité. -¡Torkaimon está casi a la altura de un Perfecto, y tú apenas estás en etapa de niñez! ¿¡Qué piensas hacer!?
-Pelear. -me contestó de nuevo. -No pienso quedarme de brazos cruzados mientras los demás han peleado arduamente.
-¡No lo hagas! -grité tratando de defenderlo. -¡No podrás hacerle nada!

Pero Gotsumon no me escuchó, quizás motivado por la rabia. Sólo podía escuchar sus “Angry Rock”, sus pequeños ataques, y los poderosos golpes de Torkaimon lanzándolo hacia el suelo.

-¡Auch…! -decía Gotsumon a cada rato que se levantaba.
-¡Gotsumon, déjalo! -le dije corriendo hacia él mientras se levantaba. -¡Te lo dije, Torkaimon es muy fuerte…!

Gotsumon se levantó aún tambaleándose, no podía entender su afán de seguir peleando contra semejante monstruo, hasta que en un momento me contestó…

-Daisuke… -me dijo… -Todo esto lo hago por ti… porque quiero verte nuevamente feliz, quiero ver de nuevo al Daisuke que se reía de todo, que convivía con sus amigos, al que no le importaba estar lejos de casa, al que le hacía frente a sus enemigos sin importar las consecuencias, al que arriesgaba su vida tratando de salvar a Hiroshi o a cualquiera de los demás… No quiero ver que llores de nuevo, no quiero que nadie se vuelva a aprovechar de ti… No dejaré que Torkaimon siga burlándose de ti…

Y al terminar de decir eso, volteó hacia mí, y me siguió hablando.
-Daisuke… sé que tú no asesinaste a Gargadomon… Si eso te hace sentir bien, yo confío en ti, sé que podrás ser un buen amigo para todos aquellos a los que aprecias y defiendes…

No podía creer que Gotsumon todavía recordara la plática que tuvimos aquella noche en el desierto, en la cual le había preguntado qué significaba ser un amigo. Nunca antes había tenido a alguien que confiara en mí a pesar de todas las circunstancias que me hacían ver como el más grande criminal de todo el Digital World…

Traté de decirle algo a Gotsumon, pero él, tan imprudente como siempre lo había sido, volvió a atacar a Torkaimon, pero éste no tuvo más opción que un pequeño golpe para mandarlo de nuevo al suelo. Gotsumon me estaba defendiendo, pero qué podía hacer él ante alguien tan poderoso…

-¡¡¡Gotsumon!!! -grité con todas mis fuerzas al ver a Gotsumon cayendo al suelo, y con él, todas mis esperanzas de ver vencido a Torkaimon…

Pero como si grito fuese un llamado, mi Digivice se iluminó dirigiendo su haz de luz hacia Gotsumon. No entiendo cómo las leyes de la Física podían explicar lo que veía, pero el haz de luz sostuvo a Gotsumon en los aires, evitándole algún golpe más.

-¿Pero qué está pasando? -pregunté.
-Gotsumon fue salvado… -dijo Mizuki.

En un instante, los Digivice de los demás también reaccionaron, lanzando sus rayos de luz hacia mi amigo de roca. Incluso Torkaimon se sorprendió al ver lo que pasaba, trataba de tomar esos rayos de luz para evitar que sucediera lo que se imaginaba que podría suceder, pero por más que intentaba, le quemaban con sólo tocarlos un poco.

-¿Qué… qué pasa? -gritaba Gotsumon también asustado con el fenómeno que estábamos viendo.
-¡No, no lo sé, Gotsumon! -traté de tranquilizarlo.

Revisé mi Digivice, y encontré algo que nunca había visto. El icono de Gotsumon parecía estar activo. Rápidamente lo seleccioné y noté un aviso que decía “Una evolución está disponible”. “Podría ser que…” , pensé. Nunca antes había visto algo como eso, pero si esta era la única esperanza de detener a semejante demonio, tendría que confiar en Gotsumon y la esperanza que todos depositaban en él.

-¡Gotsumon! -grité contento. -¡Aun tenemos una oportunidad! ¿Estás listo?
-¡Sí! -gritó Gotsumon.

Y fue así como oprimiendo ese botón, los rayos de luz que envolvían a Gotsumon se volvieron más fuertes, desapareciendo de sus lugares de origen y envolviendo a Gotsumon en una esfera enorme, la cual descendía poco a poco hasta llegar al suelo.

Esa esfera de luz se fue desapareciendo de poco en poco, dejando visualizar al Digimon quecontenía adentro, el cual no me imaginaba que fuese anteriormente Gotsumon. No se parecía en nada, no quedaba ningún rastro de él, pues su evolución no se parecía en nada a él.

El enorme cuerpo que poseía, una larga melena, unas orejas raras, vistiendo sólamente unos pantalones, y sosteniendo una espada en el cinto, no podía imaginarme que Gostumon podía llegar a una evolución como esa.

-¿Le… Leomon? -pregunté asombrado. -¿De verdad, Leomon es la forma evolucionada de Gotsumon?
-¿Ese es Gotsumon? -preguntó Hiroshi asombrado.
-No lo puedo creer. -dijo Gaomon.
-¿A qué te refieres, Gaomon? -preguntó Akio.
-¡Akio-san! -contestó nuevamente Gaomon. -Los Digimon tenemos diferentes evoluciones, pero no me imaginaba que Gotsumon pudiera llegar a convertirse en Leomon.

De igual modo Torkaimon me había enseñado mucho sobre todas muchas de las evoluciones más comunes de los Digimon, y Leomon no estaba dentro de la categoría de Gotsumon. ¿Podría haberse tratado de una circunstancia especial? Leomon siempre se había caracterizado por ser un Digimon bueno, amante de la justicia en la que cree, ¿pudo haber pasado que mis lamentos hubiesen calado en lo más profundo del corazón de Gotsumon, a tal grado que su evolución fuera diferente a las comunes?

Leomon se acercó a mí, me levanté y me preguntó.
-¿Te encuentras bien, Daisuke?
-Leomon… -contesté aún confuso y embobado (tenía que aclararlo) al ver a mi camarada frente a mí.
-Maldición, la tenía tan cerca… -refunfuñó Torkaimon.
-Aún queda esperanza, ¿o no, Daisuke? -me preguntó de nuevo aquel león.
-Sí, Leomon. -contesté. -Porque confío en ti, de la misma forma que tú confiaste en mí.

Leomon se dio la media vuelta para hacerle frente a Torkaimon.

-Torkaimon. -le dijo. -Mientras Daisuke tenga a alguien que confíe en él y no se sienta solo, nunca se rendirá. Él ha aprendido a vivir solo, a nunca expresar lo que siente o piensa, pero nadie puede vivir en soledad esclavizado, siendo indiferente ante todo.
-¿Y qué piensas hacer?
-Cumplir la voluntad de Daisuke. Vencerte y enviarte de una vez por todas a donde perteneces.

Torkaimon y Leomon se enfrascaron en una pelea que nunca antes había visto, mientras Torkaimon, de lo débil que estaba por sus heridas, luchaba por tratar de esquivar los golpes de Leomon, éste se movía con una agilidad que nunca había visto, llegando a asestarle unos cuantos golpes a su oponente.

-Black Cannon. -gritó Torkaimon mientras lanzaba un rayo potente de sus manos, el cual destrozó una parte de su castillo gracias a que Leomon esquivó el ataque.
-Juu Ou Ken. -Leomon lanzó un fuerte puñetazo a Torkaimon lanzándolo por los aires y haciéndolo estrellar en su castillo.

El castillo de Torkaimon se derrumbó por completo, tuvimos suerte de rescatar a mi madre cuanto antes, o de lo contrario, algo terrible hubiese pasado. Torkaimon se levantó un poco furioso cuando vio de repente la espada de Leomon.

-¡No! ¡Por favor! ¡Dejaré al niño Yanami si me perdonas la vida!
-Un justiciero jamás perdona al que ha hecho tanto daño a sus amigos y a una porción del Digital World. -le contestó Leomon.

“Shi-Shi-Ou-Maru”… dijo éste. Lanzó un espadazo contra mi “jefe”, haciéndole una especie de herida mortal que lo hizo desintegrarse.

-¡Maldito Yanami! -gritó Torkaimon antes de esfumarse por completo. -¡Pero ni creas que esto ha acabado aquí!

Leomon regresó a su etapa de niñez. Gotsumon estaba bastante agotado y lleno de múltiples raspaduras (las cuales no entiendo como pueden dolerle a un montón de rocas), pero sin embargo se acercó corriendo hacia mí.
-¿Te encuentras bien, Daisuke? -me preguntó Gotsumon preocupado.
-Yo… yo… -sólo pude contestar… -Sí, Gotsumon… No podría estar mejor que nunca… Gracias… muchas gracias… ¿Estás muy herido, sabes?

Gotsumon sonrió.
-Pero el saber que eres libre hace que no me duelan tanto mis heridas.

Me tumbé por un momento al suelo mirando hacia el cielo del Digital World. No me imaginaba que estuviese tan bello el día. Los nubarrones y la oscuridad que predominaban en la zona habían desaparecido, dejando ver el más bello verdiazul de los cielos.
-Nunca me había percatado de los pequeños detalles de tu mundo, Gotsumon. El cielo de aquí es bastante precioso.

Los Digimon y el resto de niños trataban de reanimar a Piccolomon, mientras yo me acerqué a mi madre para abrazarla y constatar que todavía respiraba. Piccolomon la encerró en una especie de burbuja y me dijo:
-He encerrado a tu madre para que descanse mejor *pi*. En cuanto llegue algún escuadrón de los Vigilantes de la Frontera, les pediré que la envíen al mundo humano *pi*.
-Muchas gracias, Piccolomon-sama. -le contesté. -Por cierto, señor…
-¿Qué pasa Daisuke *pi*? -me preguntó la bola rosada.
-Tengo muchas preguntas qué hacerle sobre el Digital World, Torkaimon y Gotsumon, y quisiera que usted me las respondiera con toda sinceridad.

Continuará…