-¡Daisuke! ¡Despierta Daisuke! -gritaba Gotsumon aquella mañana del miércoles.
-No mamá, hoy no quiero ir a la escuela… -dije medio dormitando aún.
-¡Daisuke! ¡Despierta Daisuke! -gritaba Gotsumon aquella mañana del miércoles.
-No mamá, hoy no quiero ir a la escuela… -dije medio dormitando aún.
-¿Te sientes mejor, Daisuke? -preguntaba Gotsumon preocupado.
-Sí… un poco… -dije secándome las lágrimas con el pañuelo. -Es que… el ver de nuevo la muerte de Gargadomon de golpe en mis recuerdos… no sé todavía si puedo vivir cargando ese peso…
-Espero que puedas, Daisuke *pi*. -dijo Piccolomon asentando su báculo en el suelo. -Porque te necesitamos a ti y al resto de Niños Elegidos para la batalla que se avecina *pi*.
-Me lo imaginaba, -contesté seriamente. -desde que Onagimon intentó atacarme, sabía que tramaba algo malo.
-Bien, y por eso queríamos que… -dijo Piyomon.
-No creo que sea buena idea tratar de esos asuntos en público. -dije interrumpiendo a Piyomon. -Debo buscar un lugar seguro donde pueda llevarlos a todos.
-¿Y no podemos andar por las calles? -preguntó Gotsumon.
-¡Claro que no! -dije seriamente. -Si los humanos los ven rondando por las calles como si nada, se alarmarían y causarían un pánico mundial.
-Ya quiero quitarme esta capa. -contestó Kamemon.
-No te aconsejaría eso. -contesté. -No al menos que lleguemos a mi casa.
-Yo abro, papá… -contestó animosa Ayano al escuchar el timbre de la puerta.
Ayano abrió y me vio a mí.
-¡Daisuke-niichan! -me dijo. -¿Dónde has estado en estos días? Papá ha estado preocupado por ti.
-Es una larga historia. -le inventé. -¿Dónde está papá?
-¿Daisuke? -preguntó mi padre al verme. -¿de verdad eres tú?